viernes, 27 de septiembre de 2024

Día 29 septiembre de 2024. Domingo XXVI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Números 11,25-29
  • Salmo responsorial 18, 8.10.12-13.14
  • Santiago 5, 1-6
  • Marcos 9, 38-43.45.47-48

    El evangelio relata la queja del discípulo Juan a Jesús, al que dice: “Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros”. La respuesta de Jesús no se hace esperar: “No se lo impidáis, porque el que hace milagros en mi nombre, no puede hablar mal de mí”. Con estas palabras Jesús descalifica la intolerancia, porque lo que importa es que se haga el bien. Así, Jesús nos invita al respeto y a la alegría por el bien que se hace, lo haga quien lo haga. La pretensión de monopolizar el bien y la verdad son actitudes extrañas a Jesús y, en consecuencia, deben ser extrañas a los discípulos de Jesús que somos nosotros, los cristianos, como ya declaró el concilio Vaticano II: “Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de los discípulos de Cristo” (GS 1)

  ¿Qué significa hoy “echar demonios”? Significa liberar de las esclavitudes, es luchar contra el mal, contra todo aquello que impide una vida plenamente humana. Así pues, todos los que, de alguna manera, trabajan por el crecimiento y la liberación de la vida del ser humano “están con nosotros”, dice Jesús.

    Jesús s muestra una segunda prioridad, que la podemos apreciar en todas las páginas de los evangelios: son los pequeños, los que no cuentan, los marginados. Y por eso, Jesús añade:” El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, no se quedará sin recompensa”. Dar un vaso de agua es una expresión concreta de acogida y de solidaridad. “Dar un vaso de agua” era el modo de hablar de la época, que no debemos de entenderlo al pie de la letra. Jesús quiere decir que cualquier acción que ayude a los demás a ser más humanos, beneficia no sólo al que lo recibe, sino, en primer lugar, al que lo hace, porque la recompensa está en la misma acción.

    Y, por último, Jesús hace una llamada a vivir su seguimiento, no a medias tintas, sino con radicalidad, como expresan sus palabras: “Y, si tu mano te induce a pecar, córtatela… si tu pie te induce a pecar, córtatelo…  si tu ojo te induce a pecar, sácatelo.... “. Ciertamente las palabras de Jesús, fuertemente expresivas no hay que entenderlas al pie de la letra. Estas palabras nos invitan a ir erradicar aquello que impide nuestro crecer como personas, o que dificulta nuestra misión, porque está en juego entrar en la Vida y ante el don del Reino de Dios no vale la mediocridad. 


LECTIO DIVINA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA


COMIENZO DE LA CATEQUESISI CURSO 2024-2025

                    A partir del 1 de octubre comenzamos la catequesis de iniciación cristiana:

MARTES: 2º año de catequesis, a las 6 de la tarde.

MIÉRCOLES: 3º año de catequesis, a las 6 de la tarde.

JUEVES: 1º año de catequesis, a las 6 de la tarde.



 
   

 

 

 

 

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viernes, 20 de septiembre de 2024

Día 22 septiembre de 2024. Domingo XXV del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Sabiduría 2, 12.17-20
  • Salmo responsorial 
  • Santiago 3, 16-4,3
  • Marcos 9, 30-37


Nuestra sociedad tiene su baremo para medir la importancia de una persona, y así se habla de los más ricos del mundo, los más influyentes de la sociedad, si es un deportista, la importancia se mide por triunfos y fortuna. Muy pocas veces, nuestra sociedad considera a las personas que entregan toda su vida o muchos momentos de la misma para ayudar a los más desfavorecidos, y que siempre están ahí cuando se les necesita.  Jesús sí que aprecia a estas personas, con quienes se identifica, como él mismo declaró: “Lo que hacéis a uno de estos pequeños, mis hermanos, a mí me lo hacéis”. Por tanto, Jesús nos ayuda a mirar el mundo como él lo mira, como ha dejado muy claro en la propuesta que hace a los discípulos en el evangelio de hoy: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos; y el que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí, y acoge al que me ha enviado".

Jesús no solo predica el servicio, sino que él mismo se hace servidor de los otros: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por muchos”. Esto mismo lo resume el evangelista Juan, tras el lavatorio de los pies de los discípulos, cuando Jesús explica el gesto: “Os he dado ejemplo para lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Así pues, según Jesús, servir es amar. Pensemos en la familia, como los padres y madres se desviven por sus hijos; no los sirven por obligación, sino porque los quieren. En cambio, la vanidad es todo lo contrario: el vanidoso siempre quiere ser el primero, nunca se hará servidor porque solo piensa en sí mismo.

Cuando Jesús nos dice que sirvamos a los demás, nos está diciendo que pongamos los dones y capacidad recibidos a disposición de quienes tenemos al lado, y si lo hacemos es señal de que hemos aprendido a amar.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA



INSCRIPCIÓN DE CATEQUESIS



 Durante el mes de septiembre es el tiempo de hacer la inscripción para catequesis de iniciación cristiana y preparación a la Primera Comunión. Pueden pasar por el despacho parroquial de 7 a 8 y de 8,30-a 9 de la tarde, donde pueden recoger las fichas correspondientes.
Los días de catequesis son los siguientes:

Martes: 2º año de catequesis
Miércoles: 3º año de catequesis
Jueves: 1º año de catequesis.
Viernes: Catequesis de Confirmación, a las 17,00h.


viernes, 13 de septiembre de 2024

Día 15 septiembre de 2024. Domingo XXIV del Tiempo Ordinario.

  •  Isaías  50,5-9a
  • Salmo responsorial 114, 1-2.3-4.5-6.8-9
  • Santiago 2, 14--18
  • Marcos  8,27-35

    La pedagogía de Jesús le lleva a preguntar a los discípulos sobre quién dicen las gentes que es él. Las respuestas son generales: unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que los profetas. Jesús sabe que su misión es entendida de varias formas, como se va percibiendo a lo largo del evangelio. Pero a Jesús le interesa la respuesta de sus propios discípulos, los cercanos, aquellos que comparten vida con él, de quienes espera que hayan entendido correctamente quién es Él y cuál es la clase de mesianismo que viene a realizar. Pedro toma la palabra, pero su respuesta adelanta la incomprensión que el mismo Jesús sufrirá, no solo por parte del pueblo judío, sino también entre los suyos.

    Cuando parece que Pedro conoce bien la respuesta: “Tu eres el Cristo”, Jesús se anima a explicarles mejor qué tipo de mesianismo está realizando; pero rápidamente se da cuenta que no lo han entendido, como da a entender Pedro que comienza a reprenderlo por decir que sería reprobado por las instituciones religiosas de su tiempo, sería asesinado y, solo después, habría de resucitar.

    Jesús manifiesta que será un mesías que sufrirá y será crucificado, y quien esté dispuesto a ser su discípulo, ha de correr su misma suerte. Pero Pedro no parece estar dispuesto a ello, y trata de corregir a Jesús, quien le llama “Satanás”, dándole las razones de tal nombre: Pedro, y seguramente la mayoría de los discípulos, están esperando un mesianismo de gloria, de triunfos, de acogida multitudinaria. Por eso dice Jesús: “Tú piensas como los hombres, no como Dios.”

   Este texto sigue vigente hoy, y desde él tenemos que comprender quién es y qué representa Jesucristo para nosotros. Con frecuencia entendemos que Jesucristo es un Dios al que le pedimos bendiciones, y nuestras oraciones se limitan a pedir cosas o favores que nos saquen de apuros o nos den suerte; o lo hemos convertido en un Dios al que honramos con actos de culto, cumpliendo ciertas normas y mandatos; o también, lo hemos convertido en un Dios a nuestra medida que justifica nuestros estilos de vida, por lo que nos aplicamos ciertas palabras suyas y otras las ignoramos. Podríamos seguir describiendo otras deformaciones de la persona de Jesús. Y lo malo está en que, con frecuencia, no buscamos momentos para escuchar la Palabra de Dios, o rehusamos formarnos como cristianos, que nos ayude a comprender mejor a Jesús y sus implicaciones como discípulos

   Este evangelio de hoy nos invita a entender quién es Jesús y, en consecuencia, nos ayuda a seguirle en lo que Él es, y no acomodándolo a nuestros intereses o gustos personales.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA
 

 

 


jueves, 5 de septiembre de 2024

Día 8 septiembre de 2024-Domingo XXIII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

Isaías 35,4-7a
Salmo responsorial 145, 7.8-9a.9bc-10
Santiago 2,1-5
Marcos 7,31-37



  •     “¡Éffeta! palabra aramea (lengua de Jesús), que significa “ábrete”, es la palabra clave en el evangelio de hoy. Podemos identificarla con el verbo “escuchar”, que es algo más que oír, y tiene una dimensión humana y espiritual muy importante. Aprendiendo a escuchar la Palabra de Dios, aprendemos también a escucharnos los unos a los otros, y así dialogar y entendernos. Dialogar es una necesidad que tenemos cada persona y también la sociedad, especialmente en estos tiempos en que vamos hasta por la calle pendientes del móvil y ausentes de los demás. Por eso, los cristianos en la medida en que aprendamos a escuchar la Palabra de Dios, aprenderemos a dialogar y ser mejores ciudadanos.
  •      El sordomudo del evangelio de hoy es una figura representativa de nuestra cerrazón mental como discípulos de Jesús. Muchísimos bautizados nunca han oído la Palabra de Dios; de hecho, a muchos no les suena el evangelio; y muchos bautizados cuando asisten a la misa o a una celebración sacramental, no prestan atención a la Palabra que se proclama, sino que están distraídos de mil maneras: pendientes del móvil, algunos charlando con el vecino; cuando se trata de una boda, más pendientes del coro que canta, o haciendo comentarios sobre los novios u otras cuestiones; y cuántas veces pendientes del reloj porque aquello parece que no acaba nunca.
  •       Nuestro mundo, y especialmente nuestras sociedades occidentales se están haciendo sordas a Dios. Hoy Jesús nos diría: “¡Éffeta Europa! ¡Ábrete Occidente! No conseguimos oír a Dios, porque nos dejamos arrastrar por la cultura de la superficialidad, del ruido, de las prisas; incluso somos sordomudos ante la vida: no apreciamos el misterio de la vida, se hacen leyes para eliminar la vida, se trafica con la vida humana, se deja que el mar se trague muchas vidas humanas; el horror de las guerras que llenan buena parte de los telediarios y noticias de prensa, las seguimos como si se tratara de un espectáculo, pensamos que eso nos queda lejano. ¿Cómo vamos a percibir la presencia de Dios si vivimos fuera de nosotros, incapaces de entrar en nuestro interior? Ya lo dijo San Agustín de sí mismo: “Señor, yo te buscaba por las afueras, y tú estabas dentro de mí, porque tú eres más interior a mí que yo mismo”.
  •      La curación del sordomudo nos invita a dejar que Jesús siga realizando en cada uno de nosotros su gesto liberador, que lo hace por medio de su Palabra y por medio de los sacramentos de la Iglesia, signos y acciones visibles en los que actúa Dios de manera invisible, dándonos vida ahora, y ayudándonos a caminar hacia la vida en Dios. 

LECTIO DIVINA  PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

viernes, 30 de agosto de 2024

Día 1 septiembre de 2024. Domingo XXII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Deuteronomio 4, 1-2,6-8
  • Salmo responsorial 14, 2-3a.3bc-4ab.5
  • Santiago 1,17-18.21b-22.27
  • Marcos 7,1-8.14-15.21-23


Lo que critica Jesús no es la Ley como tal, sino la interpretación que hacían de ella los fariseos que, por una parte, cumplían preceptos y más preceptos, pero les faltaba humanidad, sentido de la justicia y falta de misericordia.

Toda norma o ley, y más las religiosas, deben tener por fin primero el bien de la persona, porque lo que Dios quiere es el bien de todo ser humano, como decía San Ireneo: “La gloria de Dios es que el ser humano viva”, y también: “El Hijo Dios se ha hecho hombre (Jesucristo) para que todo hombre y mujer lleguen a ser hijos de Dios”. Por eso, Jesús dirá que “él no ha venido a destruir la Ley, sino a perfeccionarla y darle cumplimiento”.

Lo que Jesús denuncia y propone evitar, es la incoherencia de vida; Él nos pide continuidad entre lo que creemos, decimos y hacemos. Lo que da valor a nuestra existencia es que seamos personas coherentes. Ya lo decían los escolásticos: “El obrar sigue al ser”; es decir, lo que hay dentro de uno mismo, es lo que se manifiesta en sus obras. Lo que sale de dentro es lo que determina la calidad de una persona. Por eso la palabra de Jesús nos ayuda a regresar al camino correcto, según el proyecto de Dios.

Nuestra sociedad actual nos lo pone difícil. Y si miramos la historia, cada momento ha tenido sus dificultades que han impulsado a hombres y mujeres a ser incoherentes en su fe y en su vida. La mentalidad mundana actual no tiene valores permanentes y por eso todo lo considera permitido, empujándonos hacia la incoherencia.

Si el cristiano es discípulo de Jesucristo, entonces estamos llamados a ser personas al estilo de Jesús, pareciéndonos a él; por eso, declaró: “Por los frutos se conocerá que sois mis discípulos; si os amáis unos a otros como yo os he amado”. Viendo a Jesús en el evangelio, observamos que siempre actuó buscando cumplir la voluntad del Padre, y todo lo que dijo e hizo fue para enseñarnos cuáles son los caminos que Dios nos tiene preparados. Por eso, no dudó en desautorizar a los fariseos, como hemos escuchado en el evangelio de hoy.  Tampoco se calló ni se escondió por miedo a la reacción de las autoridades, como cunado declaró ante Pilato, que Él ha venido para ser testigo de la verdad. Y precisamente esa fidelidad a la voluntad de Dios y a la verdad le llevó a ser condenado a muerte en la cruz.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
 



viernes, 23 de agosto de 2024

Día 25 agosto de 2024. Domingo XXI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  1. Josué 24, 1-2a. 15-17.18b
  1. Salmo responsorial 33,, 2-3.16-17. 18-19. 20-21. 22-23
  1. Efesios 5, 21-32
  1. Jn 6, 60-69

Con la lectura del evangelio de hoy terminamos el discurso del “pan de vida” de Jn 6. Tanto en el evangelio como en la primera lectura tenemos una pregunta que afecta a lo más interior de toda persona: ¿a qué Dios queremos adorar? Elegir el Dios al que queremos seguir no tiene ningún parecido con elegir entre distintos productos que encontramos en el supermercado. Elegir el Dios al que queremos seguir es elegir un camino con un estilo de vida preciso.

  A lo largo de la historia de la humanidad, encontramos muchos personajes, hombres y mujeres, que marcaron el momento en que vivieron, como políticos, científicos, grandes conquistadores, filósofos o pensadores. Sin embargo, ha habido un personaje, que haya marcado la historia, con un antes y un después como Jesús de Nazaret, quien nunca dejó indiferente a nadie, ni en el momento de su vida terrena ni tampoco en nuestros días. Mientras recorría los caminos de Palestina, a su paso por pueblos y aldeas levantaba pasiones y opiniones a favor y también en contra. Nadie se quedaba indiferente. Como bien sabemos, sus adversarios declarados, los responsables religiosos del pueblo judío lo rechazaron condenándolo a morir en la cruz.

Y como hemos escuchado en el evangelio, terminado el discurso del “pan de vida”, muchos discípulos abandonaron a Jesús, quien, como en otro tiempo Josué, preguntó a los Apóstoles: ¿también vosotros queréis marcharos? Pedro, recogiendo el sentir de sus compañeros, expresó su fe en Jesús diciendo: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. Las palabras de Pedro indican que seguir a Jesús es el camino que lleva a la vida con Dios, y que dejar a Jesús es caminar hacia el vacío y sinsentido.

 Seguir a Jesús es seguir el camino del evangelio, haciendo propio el estilo de vida de Jesús Después de su muerte y resurrección, él se hace presente en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, dónde se nos da como pan de vida; en la escucha y meditación de su palabra, en la oración; también se hace presente en nuestro prójimo, que es sacramento de Jesús, como él mismo indicó: “Lo que hagáis a uno de estos pequeños, mis hermanos, a mí me lo hacéis”. Y está pasando cada día a nuestro lado, también en las circunstancias históricas que vivimos, en los proyectos que realizamos, como nos lo aseguró en su despedida: “Y sabed que yo estoy con vosotros, cada día, hasta el final de los tiempos”.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

domingo, 18 de agosto de 2024

Día 18 agosto de 2024. Domingo XX del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Proverbios 9, 1-6
  • Salmo responsorial  33,2-3.10-11.12-13.14-15
  • Efesios 5, 15-20
  • Jn 6, 51-58

 


 ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Se preguntaban los judíos, después de escuchar: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre: Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”.

Para los judíos del tiempo de Jesús (antropología judía), no había un término para designar lo que nosotros llamamos alma sin el cuerpo o cuerpo sin el alma (idea propia de antropología griega). Hablar de “cuerpo” era hablar de la persona entera. Por ello, en la consagración cuando decimos. “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”, es lo mismo que decir “Esto es mi persona, esto soy yo”.

Así, cuando Jesús dice que tenemos que “comer su cuerpo y beber su sangre” está diciendo que tenemos que apropiarnos de su persona y de su vida. La prueba de que está hablando de símbolos, y no de palabras que hay que tomar al pie de la letra, está en que unas líneas más abajo (domingo próximo) nos dirá: “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”. El comer y el beber son símbolos profundos de lo que tenemos que hacer con la persona de Jesús: esto exige que su Vida tiene que pasar a ser nuestra propia vida, solo así haremos nuestra la Vida de Dios.  Estas palabras de Jesús eran difíciles de entender para los judíos, como también son difíciles de entender para nosotros.

En la segunda parte del Evangelio, Jesús sigue hablando con el mismo tono y lenguaje simbólico: “El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él”. Cuando aplicamos estas palabras a la Eucaristía, tenemos tendencia a pensar: “yo recibo a Jesús, y Jesús está en mí”. Sin embargo, Jesús con sus palabras nos está diciendo que lo importante es que “yo esté en él”: “el que come mi carne y bebe mi sangre está en mí”. Así pues, de nosotros depende hacernos como Jesús “pan partido” para dejarnos comer, es decir, entregarnos a los demás dando vida como nosotros recibimos la Vida de Dios en Jesús por medio del Espíritu.

El designio de Dios es comunicarnos su Vida a través de Jesús. Y la actitud del que sigue a Jesús, debe ser hacer lo que él mismo ha hecho con su Padre. Y al hacer nuestra su Vida, hacemos nuestra la misma Vida de Dios. Cuando Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno” está manifestando cuál es la meta de todo ser humano: identificarnos con Dios.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA