sábado, 12 de septiembre de 2026

Día 13 septiembre de 2026. Domingo XXIV del Tiempo Ordinario.

 

Eclesiástico 27,30-28,7

Salmo responsorial 102, 1-4.9-12

Romanos 14,7-9

Mateo 18,21-35


Cada domingo la Iglesia nos ofrece el regalo de pensar en un aspecto de la vida cristiana, como hoy, que trata del perdón. Todas las lecturas y el salmo responsorial nos hablan de ello. Seguro que todos tenemos experiencia que, sin perdón, la vida se convierte en un infierno. Así lo vemos, a veces, en las familias, en el trabajo, en la vida social. Sin perdón, las familias terminan destruyéndose, la amistad no podría existir, y todo se convierte en odio, desconfianza, sospecha y deseo de venganza.

El evangelio de hoy es un ejemplo del buen y del mal proceder. Jesús lo ilustra con la parábola que cuenta, respondiendo a la pregunta sutil de Pedro: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta 7 veces?” Y Jesús responde: “No solo 7 veces, sino 70 veces 7”, con lo cual está diciendo que hay que perdonar siempre, es decir, cuantas veces hagan falta.

En la medida en que tengamos conciencia del perdón que hemos recibido de Dios,  que nos da gratuitamente, podremos practicar y vivir este perdón de hermano a hermano. A veces no se nota que somos cristianos, porque nos odiamos, somos rencorosos, y esperamos la ocasión para vengarnos; Nos comportamos así porque no hemos tomado conciencia que Dios nos perdona. Hace falta que desde el corazón tengamos la certeza que Dios nos perdona, y solo entonces actuaremos en consecuencia, como repetía tantas veces Jesús: “Sed misericordiosos como vuestro padre del cielo es misericordioso”.

 Necesitamos el perdón como el pan de cada día. Por ello, en la oración del Padrenuestro, Jesús nos propone decir: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Jesús que conoce nuestra condición humana sabe que con frecuencia ofendemos y que somos ofendidos, y el perdón es como el estaño que nos arregla.

Con frecuencia decimos: “Olvido, pero no perdono”. De hecho, no olvidamos, porque lo que ha pasado, ha pasado, y tenemos presente lo sucedido, a no ser que tengamos algún tipo de amnesia o Alzheimer. Por eso sería más lógico decir: “Perdono, aunque me cuesta”. Perdonar es un acto de nuestra voluntad, por el que decidimos no tener en cuenta el daño que nos han hecho. Por tanto, perdonar no significa ignorar la ofensa, sino no tenerla en cuenta e intentar rehacer las relaciones.

  Jesús nos propone hacer el esfuerzo de perdonar, y perdonar siempre. Y concluye diciendo: “Lo mismo hará con vosotros, mi Padre del cielo, si no amáis de corazón a los demás”.

LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA