sábado, 25 de marzo de 2023

Día 26 marzo de 2023. Domingo V de Cuaresma.


LECTURAS 

  • Éxodo 37,12-14
  • Salmo responsorial
  • Romanos 8,8-11
  • Juan 11,1-45

   El evangelio refleja cómo Jesús se conmueve por las lágrimas de Marta y María que lloran la muerte del hermano Lázaro. Jesús había mostrado su poder curando ciegos, leprosos, sordos y mudos, dando de comer a una multitud, expulsando el mal de las personas, pero con el gesto de resucitar a Lázaro, Jesús rompe todas las barreras:  Lázaro recobra la vida, y con este gesto, se convierte en una prefiguración de nuestra resurrección futura como indica Jesús: “el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá, y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre”.

    Las hermanas de Lázaro le habían enviado aviso de la grave enfermedad de Lázaro; no llaman a Jesús para que lo resucite, pues nadie piensa en la posibilidad de devolverle a la vida. Lo que sí muestra Marta es una queja:” si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto”.

    Jesús encuentra una familia amiga que llora la muerte del hermano; un gran número de judíos que han venido a saludar, consolar, acompañar y manifestar el dolor por aquella perdida, como hacemos nosotros cuando muere alguien de los nuestros. Jesús, ante aquellas hermanas, rotas por la muerte del hermano, empieza por consolar y aliviar el dolor, el mismo Jesús se conmueve y llora por la muerte del amigo Lázaro. Pero Jesús da un paso más, revelándose como dueño absoluto de la vida y de la muerte, enseñando la existencia de otra vida de la que él mismo es el origen y la clave para poseerla, y lo muestra resucitando a Lázaro: “Lázaro, sal fuera”, grita Jesús. Este signo es anticipo de la resurrección de Jesús, que ocurrirá pocos días después, y al mismo tiempo, según la promesa de Jesús, anticipo de la resurrección de  los que creemos en Jesucristo, como dice San Pablo en la segunda lectura: el cristiano es quien ha recibido el Espíritu de Dios y por Él la vida.

     Lázaro es un personaje simbólico que nos representa en nuestra condición de criaturas limitadas pero, por revelación de Jesús, llamados a participar de la vida de Dios.

LECTIO DIVINA DESDE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

CHARLA CUARESMAL

Martes, 28 de marzo, a las 20,00h
Perdón y Sacramento de la Reconciliación


CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA PENITENCIA

Martes, 4 de abril, a las 20,00h




sábado, 18 de marzo de 2023

Día 19 marzo de 2023. Domingo IV de Cuaresma. Día del Seminario.

 



LECTURAS

  • 1 Samuel 16,1.6-710-13a
  • Salmo responsorial
  • Efesios 5, 8-14
  • Juan 9, 1-41


    En este domingo 4º de Cuaresma, hay un elemento clave: la luz, que aparece en la curación del ciego de nacimiento, que recobra la visión y, también en la carta de San Pablo a los cristianos de Éfeso, a los que invita a vivir como hijos de la luz, lo que significa fructificar en toda clase de obras buenas: “Sed imitadores de Dios como hijos amados” dice el apóstol.

    A los que forman la Iglesia, san Pablo los llama “santos”, no porque sean los perfectos sino porque han sido alcanzados por la redención de Cristo, dando lugar a un ser humano nuevo, que tiene por meta buscar siempre lo que agrada a Dios.

    Si miramos el mundo de hoy, nuestro mundo, enseguida descubrimos calamidades, desgracias, sufrimientos… fruto de las guerras, las hambrunas, la destrucción del Planeta, la desesperanza ante un futuro incierto. Las noticias de estas situaciones nos llevan a reconocer la existencia del mal en el mundo; los males sociales se explican por la interrelación de unos con otros; por lo general se debe a los abusos, irresponsabilidades, egoísmo de otros, de modo que la miseria de muchos tiene su explicación en la explotación de otros.

    Y Dios sale al encuentro del ser humano, y nos busca siempre para liberarnos del mal, y eso lo hace como don gratuito,  que se manifiesta en el paso de las tinieblas a la luz. Ahora bien, la salvación no se realiza en las personas si no hay colaboración de estas.

     La fe, como la vida misma,  tiene un proceso, un dinamismo: así lo vemos en el ciego que, cuando le preguntan quién lo ha curado, no sabe nada de Jesús, ni su nombre ni donde vive. Ante la pregunta acusadora de los fariseos en alusión a Jesús, el ciego responde que solo sabe que él antes era ciego y ahora ve, y eso se debe a un hombre, que es imposible que sea un pecador si hace cosas buenas como la de curarle a él. De manera indirecta está reconociendo que sólo alguien que viene de Dios puede hacer tal cosa. Mas tarde, cuando se encuentra directamente con Jesús, llegará a la fe plena, confesando abiertamente: “Creo, Señor”. El relato del ciego puede evocar nuestro propio bautismo en el que recibimos la luz que es Cristo y la nueva vida de hijos de Dios.


LECTIO DIVINA DESDE LA PARROQUIA DE SAN ISISDRO DE ALMANSA


HOJA DOMINICAL DIOCESANA



Levántate y ponte en camino» es el lema de este año, que  recoge una de las expresiones más repetidas en la Sagrada Escritura«Levántate». Junto con las palabras de Jesús, «Yo soy el camino».

Pero, además, «estamos llamados a recorrer un camino, a llevar adelante la peregrinación de la fe, a correr en la carrera» sabiendo que caminamos porque hemos conocido a Jesús, que nos ha dicho: «Yo soy el camino».

La Sagrada Escritura y la historia de la Iglesia están repletas de testimonios de hombres y mujeres que «tomándose en serio la llamada del Señor han abandonado la comodidad de una vida quizá más segura, y se han lanzado por los caminos del mundo dejándose guiar por el Señor».

Dios sigue llamando, nuestros seminaristas están llenos de historias de vida donde es fácil reconocer la huella de Dios, su voz resuena: «Levántate y ponte en camino».

En este curso los seminaristas que realizan los Estudios Eclesiásticos (Filosofía y Teología) en España son 974. Los ingresos han sido 172, y las ordenaciones de presbíteros 97.

En nuestra diócesis de Albacete, tenemos 5 seminaristas mayores:, de los cuales  2 son diáconos, y 3 están realizando los  Estudios Eclesiásticos en el Seminario de Orihuela-Alicante. Y además,  1 seminarista en el Seminario Menor de Orihuela







sábado, 11 de marzo de 2023

Día 12 marzo de 2023. Domingo III de Cuaresma.

 

    LECTURAS

  • Éxodo 17,3-7
  • Salmo responsorial 94,1-2.6-7.8-9
  • Romanos 5,1-2.5-8
  • Juan 4,5-42
Todos los hombres y mujeres tenemos sed; la sed simboliza el deseo más profundo de nuestro corazón: tenemos sed de algo más que de agua, sed de verdad, de amor, de sentido de la vida. Todos llevamos un gran deseo, y buscamos siempre la manera de satisfacer nuestro deseo. Por desgracia nos conformamos con poco, y nos parece que rodeándonos de cosas llenaremos tantos vacíos y seremos felices. Y así nos ocurre que, como la samaritana, hay que estar todos los días repitiendo lo mismo, porque el agua de las cosas materiales no sacia. Por eso Jesús dice a la samaritana y a todos nosotros: “el que bebe de esta agua vuelve a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”.

 La samaritana, al final reacciona positivamente, pidiendo: “dame de esa agua”. En esta petición aparece un profundo deseo de vida; es como si dijera “dame de esa paz y sosiego que busco siempre”. La palabra de Jesús ha tocado el corazón de aquella mujer. Y Jesús aún va más al fondo, y le hace tocar la realidad, al decirle: “Anda, busca a tu marido y vuelve”. La mujer indica que no tiene marido. Y Jesús le revela: “tienes razón, que no tienes marido: has tenido cinco y el de ahora no es tu marido”. La mujer ve que este extranjero al que no había visto nunca, parece conocerla a fondo: sus vacíos, sus frustraciones, sus amores sucesivos. El vacío de su vida queda simbolizado en el cántaro, que “dejándolo, corrió a la ciudad y dijo a la gente: venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho”.

Los samaritanos de Sicar creen en lo que dice la mujer, pero no se conforman y van al encuentro de Jesús al que escuchan. Por tanto, el testimonio de la mujer que les habla de Jesús, los lleva a encontrarse con él y creen en él de forma personal.

Este evangelio nos habla del proceso de la fe: la samaritana pasa de la búsqueda de unas necesidades materiales, el agua que busca cada día, a una búsqueda más profunda como es pasar de percibir a Jesús como un judío, un simple hombre, al reconocimiento de Jesús como profeta y Mesías. Sorprendida, deja el cántaro, y va anunciar lo que ha visto en Jesús, contagiando de su fe a sus paisanos, quienes terminan creyendo en Jesús como el Salvador del mundo. Han pasado de una fe recibida, externa, por el anuncio de la mujer,  a una fe personalizada y existencial, una fe que da sentido a la vida.

LECTIO DIVINA DESDE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 

 

 



viernes, 3 de marzo de 2023

Día 5 marzo de 2023. Domingo II de Cuaresma.

 

LECTURAS

  1. Génesis 12,1-4a
  1. Salmo responsorial
  1. 1 Timoteo 1,8b-14
  1. Mateo 17,1-9



  •       El evangelio de la transfiguración del Señor, a simple vista, parece un espectáculo de luz y sonido. Ese no era el estilo de Jesús, ni la manera de presentarse ante sus discípulos. Ya escuchamos el domingo pasado en las tentaciones, cómo Jesús huye del espectáculo. Por tanto, hay que tener claro, que la transfiguración es un relato de teofanía, una forma muy peculiar de expresar la manifestación de Dios en el AT, y también en el evangelio, dónde los discípulos nos muestran su experiencia interior sobre Jesús a través de dicho relato.  Así, trata de comunicarnos lo que los discípulos descubrieron de Jesús tras la experiencia de la resurrección, situándolo (de manera retroactiva) en la vida terrena de Jesús, justo antes del anuncio de la pasión, para decirnos que lo que hay de Dios en Jesús, ya estaba presente en su humanidad, aunque no lo percibieran por los sentidos durante su vida terrena. De ahí que termine diciendo Jesús: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos” .
          En el pasaje evangélico, la palabra ¡escuchadlo! es la clave del relato, pues señala a Jesús como la presencia de Dios entre los hombres. Por eso hay que escucharlo. Escuchar al Hijo Jesucristo es dejarse transformar y vivir como él vivió, lo que lleva a la realización plena del ser humano. 
           La transfiguración no fue un hecho puntual en la vida de Jesús. Jesús era siempre un “hombre transfigurado”: por su bondad, su compasión, su autenticidad, su gran libertad y su vivencia de Dios al que llamaba Padre.  Así, su humanidad y su divinidad se expresaban cada vez que se acercaba a los hombres y mujeres para ayudarles a ser ellos mismos, y eso lo hacía curando, perdonando, animando, enseñando. De este modo, en su humanidad Jesús transparenta a Dios, como él mismo dijo pocas horas antes de su muerte: “quién me ha visto a mí, ha visto al Padre… Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí, y si no, creed a las obras”.

     LECTIO DIVINA DESDE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO 

               HOJA DOMINICAL DIOCESANA