domingo, 23 de octubre de 2022

Día 23 octubre de 2022. Domingo XXX del Tiempo Ordinario.

 




LECTURAS

  • Eclesiástico 35,12-14.16-19
  • Salmo responsorial  332-3.17-18.19.23
  • 2 Timoteo 4,6-8.16-18
  • Lucas 18,9-14

El día del DOMUND que celebramos hoy tiene como objetivo que tengamos una mirada abierta más allá de nuestras casas y fronteras, que no seamos islas, y esto por deseo de Jesús. Así nos lo pide Jesús,  quien al hacerse ver por los discípulos después de la resurrección les dijo: “Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión para perdón de los pecados  a todos los pueblos comenzando por Jerusalén. Vosotros seréis testigos de esto”.  Así, el lema del Domund-2022 es: “Vosotros seréis mis testigos”.

El lema “seréis mis testigos” significa e implica que hay que empezar por ser testigos de Jesús en  nuestra propia familia, en nuestro barrio, en nuestra parroquia, allí donde se realiza nuestra vida, trabajo, estudio, relaciones sociales. Ser testigos de Jesús quiere decir que se note que somos cristianos: que nuestra mentalidad esté moldeada por el Evangelio. Por tanto, lo primero es la coherencia de vida. Pero también nuestra palabra debe acompañar, como  dijo el apóstol Pedro a los cristianos en tiempo de persecución: ”Estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra fe a quien lo pida, pero hacedlo con delicadeza  y respeto...” (1 Pe 3,15-16).

En una familia cristiana se debe anunciar a Jesús con  la vida y  también con la palabra: enseñar a los hijos las cosas elementales de la fe, familiarizarlos con Jesús, enseñarles las primeras oraciones, la participación en la misa dominical, celebrando así la resurrección del Señor, razón de nuestra fe y garantía de nuestro futuro en Dios, darle gracias a Dios por todos los bienes que recibimos, y sentirnos unidos a todos los demás cristiana, nuestra familia cristiana.

Dentro de la parroquia todos debemos “ser testigos del Señor”, pero hay algunos cristianos-as, los catequistas, que tienen la misión de ser testigos de Jesús ante  niños y jóvenes a los que inician en la fe. Los catequistas son enviados por la Iglesia para transmitir  la Buena Nueva en nombre de Jesús por mediación de la Iglesia. Y lo mismo podemos decir de otros servicios para el bien de la comunidad: el coro parroquial, Cáritas, pastoral de la salud, liturgia, y otros trabajos materiales  que se hacen en la parroquia y templo.

 Pero el día del Domund nos invita dirigir la mirada más allá de nuestras fronteras, nos hace mirar a otros pueblos de la tierra, donde  Jesús todavía no es conocido. Nos hace pensar  en los misioneros: sacerdotes, religiosos-as y laicos, que la Iglesia envía a países lejanos para ser testigos de Jesús anunciándolo con palabras y obras.

Esto nos debe comprometer a interesarnos por conocer las misiones y rezar por los misioneros, y orar especialmente para que haya cristianos–as que respondan a Jesús ofreciéndose como misioneros.

Y también  nos invita a sostener la misión y a los misioneros con nuestra oración y también con nuestra cooperación económica. Recordemos que nuestra generosidad es otra forma de ser testigos y que nuestra aportación colabora de forma eficaz para que el Evangelio sea predicado "hasta los confines de la tierra".



LECTIO DIVINA DESDE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA





Eclesiástico 35,12-14.16-19

sábado, 15 de octubre de 2022

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Éxodo 17, 8-13
  • Salmo responsorial 120,1-2.3-4.5-6.7-8
  • 2 Timoteo 3,14-4,2
  • Lucas 18,1-8


Escuchando las lecturas de este domingo, enseguida percibimos  que el tema de la oración es la nota dominante. Jesús, con la parábola que nos ha propuesto nos dice  que, si un juez corrupto fue capaz de escuchar y administrar justicia a una pobre viuda que insistentemente le pedía justicia, ¿cómo podemos dudar de  que Dios  escuche nuestros gritos de angustia  si lo hacemos orando con confianza?

 Hoy, en el evangelio Jesús nos invita a  orar siempre. ¿Cómo se hace para rezar siempre? No está pensando Jesús en que multipliquemos los rezos. Todo eso puede estar muy bien, si va acompañado de un auténtico sentimiento del corazón y una disposición a hacer la parte que nos toca en lo que pedimos. Y no está de más que recordemos la advertencia de Jesús de no ser charlatanes como los paganos, que piensan que serán escuchados por su mucho hablar. “El Padre celestial ya sabe lo que necesitamos antes de pedírselo” (Mt 6,7),  dice Jesús

 La oración a la que se refiere Jesús consiste en mantenerse en constante diálogo con el Señor: que Él sea nuestro criterio, nuestro apoyo y nuestra referencia para poder valorar la realidad, los acontecimientos, las personas. Y discernir así nuestros pensamientos, sentimientos, reacciones,  proyectos y opciones posibles.  Esto significa e implica que Dios nos habla a través de nuestra vida diaria y de lo que va ocurriendo también a otros, y también desde su Palabra o evangelio.

Este orar siempre se realiza también en la oración comunitaria, como hacemos cada domingo participando en la celebración de la Eucaristía, donde ponemos en práctica el deseo de Jesús: “Haced esto en memoria mía”, y donde nos asegura que está con nosotros todos los días. Esto se realiza de manera sublime en la Eucaristía,  “centro y culmen de la vida cristiana”.

Por la plegaria sabemos que Dios está con nosotros. Leamos y meditemos el Evangelio en el que Jesús no señala el camino a seguir.


LECTIO DIVINA DESDE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA


CATEQUESIS DE CONFIRMACIÓN


      Estamos en los días  de inscripción para catequesis de  profundización  que culminará con al Sacramento de la Confirmación, completando así la iniciación cristiana. 
      Las catequesis serán los viernes, de 6 a 7 de la tarde, y los grupos estarán formados por niños de 5º y 6º de Primeria, y 1º-2º de la ESO. 
      Quienes lo deseen deben pasar por la parroquia, de 5 a 9 de la tarde, excepto los lunes.

sábado, 8 de octubre de 2022

Día 9 ocubre de 2022. Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • 2 Reyes 5,14.17
  • Salmo responsorial 97,1.2.3ab.3cd-4
  • 2 Timoteo 2,8-13
  • Lucas 17,11-19

Jesús pone de relieve la fe-confianza que  ha manifestado uno de los leprosos, precisamente un samaritano. Y curando al samaritano, Jesús está indicando que la salvación de Dios incluye también a los extranjeros;  Jesús, que era judío, es crítico y cuestiona la idea que los judíos tenían de una relación con Dios exclusiva y excluyente: pensaban que como ellos eran el pueblo elegido, la salvación de Dios era para ellos y no para los  demás.

Este evangelio podemos aplicarlo a nuestra vida personal, identificándonos con los diez leprosos, no porque seamos leprosos físicos, sino porque tenemos  actitudes y pecados  que nos hacen impuros ante Dios y que lesionan la convivencia entre nosotros, creando divisiones, enfrentamientos, faltas de confianza, dando lugar a una humanidad  pecadora, como bien podemos apreciar si hacemos un recorrido por nuestro mundo y  ambientes por donde nos movemos. Reconocer  nuestras actitudes y pecados hace que tomemos conciencia de nuestra  pobreza ante Dios, como aquellos leprosos que gritan ante Jesús: “Señor, apiádate de nosotros”. Cuando reconocemos nuestra situación de debilidad y pecado, entonces hacemos posible la acción curativa  y gratuita de Dios sobre nosotros, como hizo Jesús con aquellos leprosos. Recordemos lo que  decimos al inicio de  la Misa por tres veces: “Señor, ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad”. Siempre comenzamos la Eucaristía  reconociendo  la necesidad  de ser acogidos, perdonados y amados  por aquel que siempre permanece fiel, Jesucristo, como nos ha dicho san Pablo (2ª lectura): “Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo”.

Del mismo modo, que podemos vernos reflejados en los diez leprosos, más debemos  identificarnos con el samaritano que  se vuelve para dar gracias a Jesús y  glorifica a Dios porque se siente no sólo curado de la enfermedad, sino salvado y querido por Dios. Cada uno podemos pensar en los motivos personales que tenemos para  dar gracias a Dios: por el don de la vida,  por nuestra familia, por haber conocido a Jesucristo y ser cristianos. Cada uno puede pensar en muchas  circunstancias por las que dar gracias. Esto es lo que hacemos cada semana, cuando venimos a celebrar la Eucaristía: que es encuentro con Jesucristo resucitado, realmente  presente en el Sacramento,  que nos alimenta con su Palabra y con el Pan consagrado, que es su persona, y  es encuentro con la familia de Jesús, la Iglesia, reunida en la celebración eucarística.




LECTIO DIVINA DESDE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA


domingo, 2 de octubre de 2022

2 cotubre de 2022. Domingo XXVII del Tiempo Ordinario


 LECTURAS

  • Habacuc 1,2-3; 2.2-4
  • Salmo responsorial 94,1-2.6-7.8-9
  • 2 Timoteo 1,6.-8.13-14
  • Lucas 17,5-10

Cuando leemos las parábolas de Jesús, no las debemos entender de manera literal, sino que se trata  de descubrir el significado profundo  de  la imagen o parábola con la que nos habla. Así, la imagen de la morera, tomada al pie de la letra es un absurdo, porque con esta forma exagerada de hablar, lo que nos está diciendo el evangelio es que la fuerza de Dios está ya en cada uno de nosotros. La alusión a la morera del evangelio hay que entenderla en el sentido metafórico como cuando decimos “la fe mueve montañas”. La fe auténtica nos pone en movimiento y nos permite realizar cosas que, de otra manera, son  imposibles.

 La fe es una actitud personal fundamental que  da consistencia a la propia vida.  Es un regalo de Dios que recibimos por mediación de la Iglesia y que va creciendo, ayudados por la Palabra de Dios, la práctica de los Sacramentos y la vivencia de la misma en nuestro quehacer diario.

Con frecuencia pedimos a Dios que nos libre de las limitaciones propias de  nuestra condición de seres creados. Y sin embargo, la fe nos debe llevar a descubrir y vivir que Dios  se nos ha entregado totalmente en la creación y, por tanto, estamos llamados a colaborar en dicha creación, respetando la naturaleza  y no destruyéndola, cuidar la “casa común” como la llama el papa Francisco;  estar por la vida y no por la muerte;  estar por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división.

En este principio de curso podemos hacer nuestras las palabras de san Pablo a su  discípulo Timoteo (2ª lect.): “Ten por modelo las palabras sanas que  has oído de mí en la fe y en el amor,  que tiene su fundamento en Cristo Jesús”. Esta recomendación de san Pablo  se hace extensiva a  todos y especialmente los padres  para procurar reavivar la fe de los hijos y de la familia, pues la fe es el tesoro que Dios ha confiado a la Iglesia y a la familia, que es “Iglesia doméstica”.


CATEQUESIS



A partir del martes próximo,  día 4 de octubre, comenzamos la catequesis de iniciación cristiana (correspondiente a niños que están en 2º,3º y 4º de Primaria).

También estamos iniciando la inscripción de catequesis de iniciación (2ª fase, de profundización), que culminará con la recepción del sacramento de la Confirmación.

Y el domingo próximo,  día 8 de octubre,  reanudamos  la Misa de las Familias,  que tendrá lugar a las 13,00h.





 

 

 

 



viernes, 16 de septiembre de 2022

Día 18 septiembre de 2022. Domingo XXV del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Amós 8,4-7
  • Salmo responsorial 
  • 1 Timoteo 1,1-8
  • Lucas 16, 1-3

Hay expresiones y conceptos con los que estamos familiarizados, porque están al orden del día en nuestra vida social, política y financiera, y son noticia diaria en la prensa: así por ejemplo: corrupción, malversación de fondos, prevaricación, EREs. Detrás de todas estas expresiones hay dinero  que se  ha desviado del  objetivo previsto, y por tanto dinero robado, que ha perjudicado  a unos, porque se ha despilfarrado o ha ido a parar injustamente al bolsillo de otros.

Jesús nos pone en guardia acerca de nuestra relación con el dinero y bienes materiales, porque según el uso que hagamos de los mismos, pueden ser un inconveniente para ser discípulos suyos.

En la encíclica “Laudato sí”, el papa Francisco afirma: “No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada”, y en consecuencia, nos invita a hacer el esfuerzo de valorar la “casa común”, así llama a la tierra, puesto que es un don que hemos recibido de Dios, no para disfrute de unos pocos, sino como regalo para todos.

 En la parábola de hoy, el “administrador” busca su propio lucro; primero derrochando los bienes del jefe, y después  cuando se le anuncia que va a ser despedido, prepara su futuro defraudando de nuevo. A simple vista, al escuchar esta parábola, puede parecer  que Jesús alaba el modo de proceder del administrador infiel. No es así, pues nada más comenzar dice que “fue despedido porque derrochaba los bienes de su amo”, o sea que era un administrador “corrupto”, razón por lo que lo llama “administrador injusto”. La alabanza que  hace el amo del administrador no  es por ser egoísta y ladrón, sino por la astucia  con que procedió  con vistas a asegurarse un futuro cuando quede en la calle.

Jesús no lo presenta como modelo a seguir, sino que el mensaje de Jesús es: si existen personas que ponen todo su esfuerzo en conseguir beneficios materiales, beneficios que son engañosos, cuánto más nosotros, sus discípulos, tenemos   motivos en poner todo nuestro esfuerzo  en obtener los beneficios verdaderos y que duran eternamente.

Lo que más importa a una persona se refleja en las decisiones que toma en la vida de cada día. Con frecuencia tenemos que decidir entre el amor y el egoísmo, entre lo que es justo y lo que no lo es tanto, y todo esto también en la vida de familia, en la vida social y laboral.

Jesús conocía bien la posibilidad de atracción del poder del dinero, por eso advierte: “No podéis servir a Dios y al dinero”. Y también en otra parte dice: “Qué difícil va a ser para los que tienen riquezas entrar en el Reino de los cielos”.

 

 

 

 

 

 



domingo, 11 de septiembre de 2022

Día 11 septiembre de 2022. Domingo XXIV del Tiempo Ordinario.

 


LECTURAS


  • Éxodo 32,7-11.13-14
  • Salmo responsorial 50,3-4.12-13.17.19
  •  1 Timoteo 1, 12-17
  •  Lucas 15, 1-32


Las dos parábolas del Evangelio de hoy nos revelan el rostro de Dios que se manifiesta en Jesús. Jesús nos está diciendo: así es Dios, que  nos ama y cuida de cada uno de nosotros y de todo ser humano. Ponen de manifiesto que el amor incondicional de Dios va más allá de todo lo que podemos imaginar. Él toma la iniciativa de salir a nuestro encuentro y de buscarnos (como el pastor y la mujer en las parábolas de hoy). Para Él somos valiosos,  cada uno de nosotros somos únicos y Dios nos ama así. Además,  son un espejo  de nuestra vida: nos interrogan  y nos ayudan a entenderlas según la mentalidad de Jesús, que se manifiesta en el evangelio.

En dichas parábolas, descubrimos que también nosotros podemos  ser la “oveja” o “moneda” perdidas; y también, en algún momento podemos ser para otros como el pastor y la mujer que, con tesón,  buscan respectivamente  la oveja y la moneda perdidas, y una vez encontradas lo festejan. Así cada cristiano, según el modelo  de Jesús, estamos llamados a ser compasivos y misericordiosos y dispuestos al perdón, porque este es expresión  de amor, de modo que del mismo modo que Dios nos ama y perdona, también nosotros  estamos llamados a hacer lo mismo, como nos enseña Jesús y decimos en el Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos  a los que nos ofenden…”

Muchas personas podemos ser como la oveja o moneda perdidas. Puede que las circunstancias nos alejen del redil, y sin darnos cuenta andemos perdidos. Si uno tiene 100 ovejas y pierde una, ¿dejaría las 99 del rebaño en descampado  para ir en busca de la perdida? Humanamente esto sería una insensatez, pero lo que quiere destacar la parábola es que Dios no quiere perder a nadie. Este es el deseo de Dios y este ha de ser el esfuerzo de la Iglesia que somos todos nosotros.

 

 

 


sábado, 3 de septiembre de 2022

Día 4 de septiembre 2022. Domingo XXIII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Sabiduría 9,13-18
  • Salmo responsorial
  • Filemón 1,9b.10-17
  • Lucas 14,25-33

Seguro que todos tenemos experiencia de tomar opciones  que  exigen renunciar a otras muchas cosas, con vistas a conseguir lo que nos parece mejor. Y sobre todo, cuando hacemos una elección por vocación. Así, quien elige vivir una relación de pareja, como es el caso en un matrimonio, ya no puede vivir su tiempo desde sus propios intereses, sino que ha de compartirlos con la persona que ama, lo que permitirá ir consolidando la relación, y si no es así, terminará en fracaso.. O si uno elige ser médico, se compromete a vivir con cierta disciplina para dedicarse a los enfermos bajo su responsabilidad. La vida cristiana  también es una vocación,  y en ella se dan  unas condiciones similares a las señaladas anteriormente. 

En este sentido debemos entender las palabras de Jesús en el evangelio  escuchado hoy y  puede que nos sepa  a algo duro:  “Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a la mujer y  sus hijos, a sus hermanos y  a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. 

       Jesús no quiere  que olvidemos la familia, ni que  la dejemos de lado; lo que  quiere decir es que la familia no sea la excusa para dejar de ser   auténticos discípulos, porque el mandato de Jesús, como todos sabemos, es: “amaos unos a otros como yo os he amado”; en el “como yo os he amado” de Jesús está la clave del amor que debemos tener a la familia, y que no debe ser excusa para dejar de vivir como discípulos de Jesús.

Y Jesús  quiere que lo sigamos no de cualquier manera, sino que lo pensemos y después decidamos. Quiere  que los que le sigan tengan claro desde el principio que quieren esforzarse en recorrer el camino siguiendo su enseñanza y  estilo de vida. Y  pone dos ejemplos: el que quiere construir un edificio bello, o el caso del rey que mide las fuerzas de sus tropas antes de enfrentarse a otro ejercito contrario, procediendo según sus capacidades. Del mismo modo, para seguir a Jesús, para ser cristiano, hemos de calcular nuestras fuerzas para poder llegar hasta el final.

En la 1ª lectura de Sabiduría se nos dice que para comprender lo que Dios quiere es indispensable la ayuda  de Dios mismo, del Espíritu Santo,  y “solo así los hombres aprenderán lo que agrada a Dios”.