LECTURAS
- Sofonías 2,3; 3,12-13
- Salmo responsorial 145, 7-10
- 1 Corintios 1, 26-31
- Mateo 5,1-12a
Las bienaventuranzas que leemos hoy son
un resumen condensado del Evangelio, es decir, de la predicación y vida de
Jesús. Nos dan el perfil o el autorretrato de Jesús.
Lo primero que debemos subrayar de las
bienaventuranzas es que son un anuncio de felicidad, y una felicidad que no es solo
es para la otra vida, sino una felicidad que comienza en esta vida, aquí y
ahora. Esto quiere decir que la vida cristiana debe ser vivida con alegría,
debe servir para hacernos felices y no para amargarnos. Ya lo dijo Jesús, el
mandamiento primero y fundamental es amar a Dios sobre todas las cosas y al
prójimo como a uno mismo. Por tanto, antes de amar a los demás, tenemos que
amarnos a nosotros mismos, porque nunca podremos hacer felices a los otros si
antes no lo somos nosotros.
Mucha gente piensa que la vida
cristiana consiste en sacrificarse o sufrir por los demás. Nuestro objetivo en
la vida no es sufrir, sino buscar nuestra felicidad y la de todos. El
sufrimiento, la incomprensión, la soledad, la marginación, la cruz son cosas
que nos encontramos sin buscarlas. Las cruces van llegando cuando menos lo
esperamos, pero no es nuestro objetivo, y por eso cuando nos llega una
dificultad o cruz, buscamos los medios para vencerla y superarla. Jesús luchaba y se empleaba a fondo para
vencer las cruces o sufrimientos de la gente de su tiempo: curando a los
enfermos, alentando a los pobres y marginados, perdonando a los pecadores, dando
de comer a los hambrientos, anunciando la Buena Nueva del reino de Dios a todos
los que querían escuchar.
Es bueno que nos preguntemos hasta qué
punto el seguir a Jesús, nos hace felices, lo cual no quiere decir que el
camino de la fe sea un camino de rosas, pero a pesar de todo, debe ser un
camino que nos traiga más alegría y paz. Nos lo decía el papa Francisco en su
primer gran escrito como Papa; escribía en la Evangelii Gaudium: “La alegría
del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con
Jesús. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
HOJA DOMINICAL DIOCESANA
Las bienaventuranzas que leemos hoy son
un resumen condensado del Evangelio, es decir, de la predicación y vida de
Jesús. Nos dan el perfil o el autorretrato de Jesús.
Lo primero que debemos subrayar de las bienaventuranzas es que son un anuncio de felicidad, y una felicidad que no es solo es para la otra vida, sino una felicidad que comienza en esta vida, aquí y ahora. Esto quiere decir que la vida cristiana debe ser vivida con alegría, debe servir para hacernos felices y no para amargarnos. Ya lo dijo Jesús, el mandamiento primero y fundamental es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Por tanto, antes de amar a los demás, tenemos que amarnos a nosotros mismos, porque nunca podremos hacer felices a los otros si antes no lo somos nosotros.
Mucha gente piensa que la vida cristiana consiste en sacrificarse o sufrir por los demás. Nuestro objetivo en la vida no es sufrir, sino buscar nuestra felicidad y la de todos. El sufrimiento, la incomprensión, la soledad, la marginación, la cruz son cosas que nos encontramos sin buscarlas. Las cruces van llegando cuando menos lo esperamos, pero no es nuestro objetivo, y por eso cuando nos llega una dificultad o cruz, buscamos los medios para vencerla y superarla. Jesús luchaba y se empleaba a fondo para vencer las cruces o sufrimientos de la gente de su tiempo: curando a los enfermos, alentando a los pobres y marginados, perdonando a los pecadores, dando de comer a los hambrientos, anunciando la Buena Nueva del reino de Dios a todos los que querían escuchar.
Es bueno que nos preguntemos hasta qué
punto el seguir a Jesús, nos hace felices, lo cual no quiere decir que el
camino de la fe sea un camino de rosas, pero a pesar de todo, debe ser un
camino que nos traiga más alegría y paz. Nos lo decía el papa Francisco en su
primer gran escrito como Papa; escribía en la Evangelii Gaudium: “La alegría
del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con
Jesús. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).












