martes, 1 de noviembre de 2022

Día 1 nomviembre de 2022. Solemnidad de Todos los Santos.

 

LECTURAS

  • Apocalipsis 7,2-4.5-14
  • Salmo responsorial  23, 1-2.4ab.5-6
  • 1 Juan 3,1-3
  • Mateo 5 1-12a


      Como todos sabemos, la Fiesta de Todos los Santos no se refiere sólo a los santos  que la Iglesia ha canonizado (y veneramos en los templos), sino a toda aquella muchedumbre inmensa, que nadie puede contar, como escuchamos en la lectura de hoy en el Apocalipsis,  y que el Papa actual  llama  “los santos de la puerta de al lado”, que pueden ser perfectamente nuestros padres, abuelos, hermanos, amigos, vecinos, que han vivido en verdad  buscando el bien de los demás, de los que Jesús dijo: “Lo que hacéis a uno de estos pequeños, mis hermanos, a mí me lo hacéis”.
       Esta Fiesta nos invita a mirar el pasado,  descubriendo que hay personas que han vivido según el espíritu del evangelio de Jesús, y que son como dice el Apocalipsis: “Una muchedumbre inmensa, que nadie podrá contar, de todas las naciones, razas, pueblos, lenguas”.
       Si nosotros hoy somos cristianos es porque Dios ha actuado en nosotros, por mediación de personas que con su vida y palabra  nos han motivado a tomarnos en serio la fe. Son los “santos de la puerta de al lado”, son nuestros “santos particulares”: familiares, vecinos, amigos, cristianos que   con su vida  nos han animado a seguir a Jesús.
        En el presente, al celebrar esta Fiesta, celebramos que todo cristiano estamos llamados a ser santos, que no es otra cosa que vivir con la convicción de lo  que nos ha dicho san Juan en la 2ª lectura: “Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos”, y en consecuencia, reconocer hermanos a los demás, hijos del mismo Dios.
        Y por último, mirar a la meta de nuestro camino que es la gloria de Dios, donde seremos semejantes a él y formaremos parte de esa inmensa multitud que participa de su gloria  y que interceden por nosotros.
Para nosotros, Jesús no es sólo maestro que nos enseña, sino modelo  a seguir  porque nos indica que es posible vivir como él, y por esto nos dejó como signo de ser sus discípulos, lo que conocemos como el mandamiento nuevo “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Por tanto, ser santos es amar como Jesús nos ama.