domingo, 24 de agosto de 2025

Día 24 agosto de 2025. Domingo XXI del Tiempo Ordinario.

 LECTURAS

  • Isaías 66,18-21
  • Salmo responsorial
  • Hebreos 12,5-7
  • Lucas 13, 22-30


En todas las épocas, la humanidad se ha preocupado por la vida, no sólo la de aquí, sino también la que está más allá de la muerte, que los cristianos llamamos  “vida eterna”, que es la vida definitiva y feliz junto a Dios.

 La preocupación por la salvación también formaba parte de las inquietudes populares en el tiempo de Jesús. Así lo muestra el evangelio de hoy, en el que alguien se acerca a Jesús y le pregunta por el número de los que se salvarán, Los rabinos y maestros de la Ley, contemporáneos de Jesús, no tenían sobre el tema una respuesta unánime. Algunos afirmaban que Yahvé acogería a todos los judíos en su Reino. Otros, dada la maldad de los hombres, enseñaban que la salvación estaba reservada a muy pocos. Lo que sí tenían claro es que, en ningún caso se contemplaba la posibilidad de salvarse quiénes no formaban parte de dicho pueblo. Por ello, la pregunta que hacen a Jesús parte de este supuesto de que la salvación está reservada sólo para el pueblo de Israel, el pueblo elegido. Jesús no contesta directamente, y dirige su respuesta a todos los presentes, entre quienes estaban sus discípulos, indicando que de nada vale aferrarse a privilegios religiosos, y enseña que el billete de entrada en el “Reino de Dios” no será el de ser “israelita”, sino el tener verdadera fe, y que lo decisivo es adoptar con libertad un nuevo estilo de vida que, seguramente,  no resultará atractivo para muchos, pero que equivale a entrar por la “puerta estrecha”.

Habla de “puerta estrecha” y de “los primeros que serán últimos”. La puerta estrecha no se refiere a hacer sacrificios externos, sino a la vivencia del mismo amor de Dios, hecho vida en el servicio al prójimo, y es esto lo que hará que muchos que creemos últimos, por no practicar ritos externos, sean los primeros por su coherencia con el amor que, en realidad, es lo que cuenta a los ojos de Dios.

La salvación, para Jesús, no es un asunto puramente pasivo; todos, mayores y pequeños, debemos cada día intentar superarnos, para ponernos en el camino que conduce al encuentro con Dios, quien toma la iniciativa y nos ofrece la salvación, pero es necesario estar dispuestos a aceptarla desde nuestra libertad.

Para poder pasar por una puerta estrecha, solo hay una manera de hacerlo: hacerse pequeño. Quien es grande y grueso no pasa; puede intentarlo de muchas maneras, de frente o de perfil, pero no logrará pasar. Esto es lo que a Jesús le interesa que nos quede claro: no se puede ser discípulo suyo sin renunciar a ser grande, sin hacerse pequeño y servidor de todos.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA