SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNNIDAD DE LOS CRISTIANOS
18-25 ENERO DE 2026
LECTURAS
- Isaías 49,3.5-6
- Salmo responsorial
- 1 Corintios 1,1-3
- Juan 1,29-34
La lectura de
Isaías nos ayuda a entender la vida y el mensaje de Jesús. Se nos habla de un personaje que es el “siervo de Dios”, enviado no solo a
Israel sino a todos los pueblos, como dice el profeta: ”Te hago luz de las
naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Estas
palabras evocan a Jesús que hizo de toda su vida servicio a los demás. Y el evangelio, un día más, nos acerca a
la figura de Juan el Bautista, el precursor, quien señala la presencia del Cordero
de Dios en medio de nosotros, que es Jesús.
En todas las misas, poco antes de la
comunión, repetimos varias veces la
expresión “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo”. Y lo mismo, el
sacerdote elevando el pan consagrado y vino consagrados, proclama: “Este es el Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo”. Tales palabras, escuchadas por alguien
que no es cristiano, lo más probable es que le resulten extrañas. ¿Qué respuesta
daríamos a quien nos lo preguntara?
El “cordero” es una imagen simbólica muy
presente en la Biblia. El mismo Isaías cuando habla del “siervo sufriente de Dios”,
dice que es como un “cordero llevado al matadero”, palabras que proféticamente se
refieren a Jesús, el Mesías. En la cena pascual de los judíos, el cordero es la
base del rito. Los cristianos decimos que Jesús es nuestro Cordero Pascual: él
muere en la Cruz al mismo tiempo que los judíos sacrificaban el “Cordero
Pascual”; él ocupa el lugar del cordero, porque el mismo Jesús da a su muerte
un sentido de perdón y salvación. y así se convierte en el nuevo Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo.
El domingo pasado escuchamos, durante
el bautismo de Jesús, una voz procedente del cielo que indicaba quién era Jesús:
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Hoy el evangelio nos presenta a
Juan Bautista que señala a Jesús y da testimonio de él ante sus discípulos: “Este
es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de
mí, porque existía antes que yo”. Con estas palabras Juan da a entender
que su bautismo de agua ha pasado ya a un segundo plano, porque el primer plano
lo ocupa quien bautiza con Espíritu Santo, y por eso dice. “Miradlo; este es el
cordero que quita el pecado del mundo”. A lo largo de los evangelios escuchamos
varios testimonios sobre Jesús: la gente decía de Jesús cuando escuchaba su
palabra: ”Jamás ha hablado nadie como ese hombre”. Y el centurión romano, en el
momento de la muerte de Jesús, proclama: “Verdaderamente este hombre era Hijo
de Dios”.
En el momento presente, los cristianos estamos llamados a ser testigos
de la fe en Jesucristo. Nuestro testimonio consiste en
que nuestra vida sea coherente con el evangelio, como afirmó el papa san Pablo VI:
“El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los
que enseñan” (EN 41). El testimonio que se nos pide
actualmente es más exigente que el que se requería en un pasado no muy lejano, porque
entonces toda nuestra cultura estaba impregnada de lo religioso, cosa que ahora
no ocurre porque corren diversos vientos, y muchos contrarios al Evangelio y a
la iglesia.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
HOJA DOMINICAL DIOCESANA
La lectura de Isaías nos ayuda a entender la vida y el mensaje de Jesús. Se nos habla de un personaje que es el “siervo de Dios”, enviado no solo a Israel sino a todos los pueblos, como dice el profeta: ”Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Estas palabras evocan a Jesús que hizo de toda su vida servicio a los demás. Y el evangelio, un día más, nos acerca a la figura de Juan el Bautista, el precursor, quien señala la presencia del Cordero de Dios en medio de nosotros, que es Jesús.
El “cordero” es una imagen simbólica muy presente en la Biblia. El mismo Isaías cuando habla del “siervo sufriente de Dios”, dice que es como un “cordero llevado al matadero”, palabras que proféticamente se refieren a Jesús, el Mesías. En la cena pascual de los judíos, el cordero es la base del rito. Los cristianos decimos que Jesús es nuestro Cordero Pascual: él muere en la Cruz al mismo tiempo que los judíos sacrificaban el “Cordero Pascual”; él ocupa el lugar del cordero, porque el mismo Jesús da a su muerte un sentido de perdón y salvación. y así se convierte en el nuevo Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
El domingo pasado escuchamos, durante el bautismo de Jesús, una voz procedente del cielo que indicaba quién era Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Hoy el evangelio nos presenta a Juan Bautista que señala a Jesús y da testimonio de él ante sus discípulos: “Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Con estas palabras Juan da a entender que su bautismo de agua ha pasado ya a un segundo plano, porque el primer plano lo ocupa quien bautiza con Espíritu Santo, y por eso dice. “Miradlo; este es el cordero que quita el pecado del mundo”. A lo largo de los evangelios escuchamos varios testimonios sobre Jesús: la gente decía de Jesús cuando escuchaba su palabra: ”Jamás ha hablado nadie como ese hombre”. Y el centurión romano, en el momento de la muerte de Jesús, proclama: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.
En el momento presente, los cristianos estamos llamados a ser testigos de la fe en Jesucristo. Nuestro testimonio consiste en que nuestra vida sea coherente con el evangelio, como afirmó el papa san Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan” (EN 41). El testimonio que se nos pide actualmente es más exigente que el que se requería en un pasado no muy lejano, porque entonces toda nuestra cultura estaba impregnada de lo religioso, cosa que ahora no ocurre porque corren diversos vientos, y muchos contrarios al Evangelio y a la iglesia.

