viernes, 21 de agosto de 2026

Día 23 agosto de 2026. Domingo XXI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Isaías 22,19-23
  • Salmo responsorial 137, 1-3.6.8
  • Romanos 11,33-36
  • Mateo 16,13-20



    Sobre Jesús se ha dicho, escrito y refxionado mucho, con opiniones diversas. Sobre él se han hecho grandes discusiones filosóficas y teológicas; también se han dicho herejías que han ocasionado cismas. Ahí están los libros, las películas y hemerotecas que nos hablan de todo ello. Pero lo realmente importante es la respuesta que damos cada uno de nosotros, porque las preguntas que Jesús dirige a sus discípulos en el evangelio de hoy son preguntas que Jesús dirige hoy a cada uno de nosotros: “Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?

    Creer en Jesús es estar unidos a él, y esto significa amar y seguir sus pasos, hacer nuestras sus actitudes y estilo de vida, acoger y amar sus enseñanzas, “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando”, dijo Jesús. Todo esto significa también amar a los que él ama: los abandonados, los despreciados, los pecadores. Creer en Jesús es también identificarnos con él cuándo se presenta como el buen samaritano, o como el Buen Pastor, que nos propone a Dios como un Padre que perdona y busca la oveja perdida, al hijo alejado.

     En el Evangelio hemos escuchado una bendición de Jesús dirigida a Pedro: “¡Dichoso tú, Simón, ¡hijo de Jonás!, porque eso no te lo has revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Con esto Jesús está diciendo que la fe es un don, un regalo que concede Dios, y lo da porque nos ama, no porque lo merezcamos,  como afirma San Pablo: “Nadie puede decir ¡Jesús es el Señor!, sino por el Espíritu Santo”.

   ¿Qué he hecho yo, o qué hemos hecho nosotros, para merecer tener fe? Ciertamente, hemos escuchado la palabra de Dios predicada por la Iglesia, transmitida por nuestros padres o familias, con la ayuda de sacerdotes, catequistas y otros cristianos que con su vida y ejemplo nos han estimulado a seguir a Jesús.

     Como Simón Pedro, confesamos que Jesús es el Mesías, el Señor y Salvador. Pero también podemos preguntarnos: ¿en qué Mesías creemos, el que esperaba Pedro, o el Mesías que Jesús quiso ser? Es importante hacernos esta pregunta porque, como humanos que somos, podemos tener la tentación de creer en un Mesías e Hijo de Dios hecho a nuestra medida, es decir, según nuestros gustos o intereses. 

LECTIO DIVINA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

domingo, 16 de agosto de 2026

Día 16 agosto de 2026. Domingo XX del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Isaías 56,1.6-7
  • Salmo responsorial
  • Romanos 11,13-15.29-32
  • Mateo 15,21-28

   Seguramente nos llama la atención el modo de proceder Jesús con esta mujer cananea, proceder a simple vista duro. Diríamos que Jesús la pone a prueba. Frente a aquella mujer que le suplica, Jesús responde, primero, con el silencio; más tarde, parece manifestar a los discípulos que no es asunto de su incumbencia; luego, da el argumento despectivo que dedicaban los judíos a los paganos. Pero la fe de aquella mujer cananea no se deja vencer ni por el silencio, ni por la respuesta elusiva dada a los discípulos, ni por el argumento despectivo. El amor a su hija es grande, y la fe en Jesús también era grande.

    La fe de esta mujer no se derrumba ante la primera negativa; es la fe de una mujer no israelita que cree que Jesús es capaz de atender a quienes están más allá de las fronteras de Israel. Hay otro caso en el evangelio de una fe parecida, la del centurión romano (pagano), que pide a Jesús por la curación de su siervo.  Todo esto nos habla del regalo que supone la fe, que Jesús regala a sus discípulos y al mundo entero a través de ellos, como declaró tras su resurrección: “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo…” “Id a todos los pueblos y anunciad el Evangelio; a los que crean los bautizáis en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles lo que yo os he mandado“.

  Ahora ben,  la fe, como regalo que es, necesita ser acogida. Y, además, aceptar también todos los entrenamientos o pruebas que Dios hace a nuestra fe, para que ésta vaya fortaleciéndose y un día sea recompensada con un regalo que es el objeto mismo de nuestra fe y de nuestra esperanza: la Vida Eterna en Dios.

   Si miramos nuestra realidad, por desgracia, la mayoría de los padres que piden el bautismo para sus hijos, realmente no tienen fe. Dicen que son creyentes porque han recibido el bautismo, pero nada más; si acaso, cuando se ven en un apuro,  piden a Dios que les saque las castañas del fuego. La mayoría de las familias se contentan con pedir el bautismo, celebrar la fiesta familiar, que es lo importante, y pare usted de contar. Pero eso no es la fe.

  La salvación que ofrece Dios es para todos, judíos y no judíos. Dios eligió al pueblo de Israel para asignarle un papel primordial en la historia de la salvación, preparando en dicho pueblo la venida del Mesías, con la encarnación de Jesús. Pero luego la salvación debe llegar a todo pueblo, raza y nación. La elección de Israel no significa el rechazo a otros pueblos. San Pablo, el Apóstol de los Gentiles, nos habla también de la salvación universal. Se dirige especialmente a los no-judíos, lamentándose de los judíos, los de su raza, que han rechazado a Cristo.

  La enseñanza del Evangelio se dirige a toda la asamblea del Pueblo de Dios, pero también es una llamada personal e individual a todos y cada uno de nosotros. Ojalá, Jesús nos diga: “¡Qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas!

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

 


jueves, 13 de agosto de 2026

Día 15 agosto de 2026. Asunción de María.

 

LECTURAS

  • Apocalipsis 11,19a; 12,1-6ab
  • Salmo responsorial 44, 10-12.16
  • 1 Corintios 15,20-27
  • Lc 1,39-56

  La fiesta de la Asunción de María es un día de alegría para todo el pueblo cristiano, porque al celebrar y hablar de la Asunción de María, estamos también hablando de nosotros: ella nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría porque señala el camino hacia nuestra verdadera Casa, según la promesa de Jesús: “Voy al Padre a prepararos sitio, para que donde yo estoy, estéis también vosotros”.

  Y estamos llamados a entrar en esta Casa de Dios con toda nuestra realidad, con todo nuestro ser, porque Dios conoce y ama todo lo que somos, tal como proclamamos en el Credo: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Dios no nos abandona ni siquiera en la muerte, porque en Dios hay lugar para nosotros. Mirando el destino glorioso de María, contemplamos también lo que el Señor quiere para nosotros.

   Jesús no prometió una salvación del alma en un impreciso más allá, sino que promete la vida eterna junto a Dios, “la vida del mundo futuro”, que confesamos en el Credo cada domingo, es participación e la vida de Dios como hijos resucitados. Nada de lo que para nosotros es valioso se perderá con la muerte, sino que llegará a su realización plena en Dios, que nada tiene que ver con las pretensiones humanas de congelar cadáveres, como han hecho algunos multimillonarios, por si acaso un día se llega a devolver la vida a dichos cadáveres.

  Nuestra esperanza cristiana de vida futura junto Dios, se fundamenta en la resurrección de Jesús y su promesa de participar con Él en la vida de Dios,  como nos ha recordado san Pablo (2ª lectura). María nos señala no solo la meta del cristiano, sino también el camino que conduce a la meta, expresado sintéticamente en aquellas palabras que ella dirigió a los sirvientes de la boda en Caná de Galilea: “Haced lo que Jesús os diga”, palabras que deben ser la norma de nuestra vida en este mundo para así poder vivir con esperanza. Este es el modo como la Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra,  nos enseña a seguir a Jesús.

 

 

 

 


sábado, 8 de agosto de 2026

Día 9 agosto de 2026. Domingo XIV del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • 1 Reyes 19,9.11-13a
  • Salmo responsorial 84, 9-14
  • Romanos 9,1-5
  • Mateo 14,22-33 

   


 

Elías pensaba que Dios se debía manifestar con fuerza y poder, y por eso cuando siente el huracán y el fuego en el monte, piensa que ahí está Dios; sin embargo, Dios se hace presente en el “susurro de brisa suave”, es decir Dios se manifiesta en la sencillez de la vida, cuando se está atento a leer su paso por nuestra historia. De este modo se subraya que Dios no se impone por la fuerza, sino que exige disposición interior, silencio y oración para ser percibido.

   No es tan raro que en nuestra vida ocurran acontecimientos inesperados que nos descolocan, como le sucedió a Elías. Andábamos tan convencidos de estar haciendo lo que teníamos que hacer, incluso, quizás, no lo hacíamos mal, obteníamos buenos resultados, estábamos bien considerados..., pero de pronto algo no nos sale bien, y nos quedamos desconcertados. Puede ser la muerte de alguien que nos importa mucho..., o un fracaso en los estudios/trabajos..., puede ser un problema de familia..., o puede que nos veamos sin fuerzas ante un reto difícil, sin saber por dónde tirar. Y el resultado es un montón de preguntas: ¿De qué vale todo lo que he hecho hasta ahora? ¿En qué me he equivocado? ¿Qué es lo realmente importante, y cómo cuidarlo?

    El Evangelio de hoy nos presenta a los discípulos de Jesús, de noche, cruzando el lago, con viento contrario, y aunque algunos de ellos son pescadores experimentados y conocedores de aquel lago, de aquí que la preocupación y el miedo se les haya metido en el cuerpo. La barca con los discípulos en medio del mar se ha visto siempre como un símbolo de la Iglesia, rodeada de los peligros del mundo. En el camino del seguimiento, el discípulo de Jesús debe ser consciente de las dificultades que deberá enfrentar a lo largo de todo su recorrido. Pueden ser obstáculos que inducen al desaliento y al miedo.

    Sin embargo, el discípulo es acompañado constantemente por la presencia cercana del “Dios con nosotros” que le alienta. Pero esto no quita que la “poca fe” y la “duda” se instalen en el corazón de quienes seguimos a Jesús, porque somos humanos, y eso Jesús lo sabe.

  Los cristianos deberíamos ser consciente que Jesús está siempre preocupado por la barca, es decir, por la Iglesia. En su despedida prometió, y Jesús no falla: “Y sabed que estoy con vosotros cada día hasta el final de los tiempos”. Su cercanía en medio de las dificultades se hace manifiesto en las palabras de aliento dirigida a los discípulos: “No temáis, soy yo”. Ya vemos que Pedro, golpeado por las olas y empujado por el viento, siente miedo, duda, pero grita “Señor, sálvame”, porque sabe que sin Él perecería. Jesús se dirige a Pedro y compañeros, salvándolos.

LECTIO DIVINA SAN ISIDRO DE ALMANSA



 

domingo, 2 de agosto de 2026

2 agosto de 2026. Domingo XVIII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Isaías 55,1-3
  • Salmo responsorial 144
  • Romanos 8,35.37-39
  • Mateo 14, 13-21


    En el pasaje evangélico de hoy se destaca la compasión que siente Jesús hacia la multitud. Compasión significa "sentir con”. La indiferencia, o lo que es lo mismo, el cerrar el corazón al sufrimiento del mundo, es lo que hace posible la injusticia y la división profunda entre los pocos que tienen tanto, frente a los muchos que tienen tan poco. Seguir a Jesús implica también vivir con el espíritu de Jesús, al modo de Jesús, con los “ojos abiertos” a la realidad.

    Un segundo aspecto que manifiesta Jesús es el compromiso de “dar de comer a la multitud”, que no significa solamente dar el pan material, lo cual es necesario también, sino comprometerse en la construcción de estructuras sociales que garanticen el bien común y la vida digna para todos. La fe no puede estar alejada de la vida, si no, se convierte en fe de sacristía, y esa es fe muerta, como afirma Santiago en su 2ª Carta: “Muéstrame tus obras, y te diré cuál es tu fe”.

      Los discípulos se dan cuenta del problema de aquella multitud que escucha a Jesús, y actúan con toda lógica, como tantas veces hacemos y decimos o nosotros: “es su problema, que busque una solución”. Jesús rompe con esta lógica y les propone una solución más realista: “Dadles vosotros de comer”. Jesús bien sabía que ellos no tenían pan para tantas personas. Pero Jesús ayuda a buscar solucionar el problema no desde fuera, sino desde la generosidad y el compartir. Jesús no pidió a Dios que solucionara el problema, sino que se lo pidió a sus discípulos. Aunque en su esquema mental no encontraron solución, lo cierto es que, todo lo que tenían lo pusieron a disposición de todos. Esta actitud desencadena el prodigio: La generosidad se contagia y produce el “milagro”. Esto indica que cuando se dejan de acaparar los bienes, estos llegan a todos. Cuando lo que se acapara son los bienes imprescindibles para la vida, lo que se está provocando es la muerte.

   Así, después de un día con Jesús, el pueblo fue capaz de compartir lo poco que tenían: unos pedazos de pan duro, y unos peces resecos. Ese es el gran milagro y el verdadero mensaje. No olvidemos que la Eucaristía comenzó con una comida en que todo se compartía. La Eucaristía es memoria de esta actitud de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo presente a Dios que es don total.


LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

 

 

domingo, 26 de julio de 2026

Día 26 julio de 2026. Domingo XVII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • 1 Reyes 3,5.7-12
  • Salmo responsorial
  • Romanos 8,28-30
  • Mt 13,44-52


   En el fondo, todos buscamos “ser felices”, pero lo hacemos por caminos distintos, muchas veces equivocados. No acabamos de darnos cuenta de que la felicidad tiene mucho más que ver con el ser que con el tener, está más en lo profundo que en la superficie. Saber discernir es la cuestión clave, es decir, saber orientar la vida hacia lo auténtico, lo que realiza de verdad.

    El Reino de Dios, nos dice Jesús, es un tesoro escondido, como una perla de gran valor que, quien lo encuentra se llena de alegría y deja todo para conseguirla. El Reino de Dios es Jesucristo, Dios hecho hombre, presente como uno más en la historia humana y ahora Resucitado. Cuando Jesús decía: “¡Convertíos! El Reino de Dios está cerca”, estaba diciendo “Buscad el Reino de Dios y seréis felices”.

     Los tesoros, a veces se buscan y, a veces, se encuentran por sorpresa. Así es Dios, que se nos muestra como Padre que nos ama y nos perdona, como Alguien que es capaz de dar sentido a nuestra vida. Descubrir esto es descubrir el gran tesoro, pues Dios nos ha puesto en la existencia y cuenta con nosotros para tener una vida plena junto a él, y de modo eterno como es Dios.

    Buscamos realizarnos y estar a gusto con nosotros mismos, cuando resulta que tenemos en nuestro interior el auténtico tesoro: Dios mismo. Lo decía San Agustín: “Dios es más interior a mí que yo mismo”. El que lo encuentra se “llena de alegría”. Este el fruto que produce el encuentro con Dios: la alegría del corazón. Los cristianos que han renunciado a sus bienes para mejor seguir a Jesucristo, por ejemplo, los Apóstoles, san Antonio Abad, Francisco de Asís, no lo hacen como un sacrificio, sino porque han encontrado lo fundamental en sus vidas, y se desprenden de todo lo que dificulta vivir según el “tesoro descubierto; Jesucristo”.

    A la fe se llega por decisión personal y libre, no por tradición o herencia; la tradición y la herencia nos ayudan, pero no es todo. Ahí tenemos el ejemplo de los libros de bautismos parroquiales: están llenos de nombres y datos, pero en la mayoría de ellos no se nota que están bautizados, más bien predomina una fe por tradición o fe sociológica, pero no fe personalizada.

   La fe verdadera compromete a vivir según los criterios del Reino, Así, por ejemplo, desde la fe, venir a Misa debe significar venir con alegría al encuentro comunitario con Jesucristo resucitado, quien nos une a Dios. Para quien cree en Jesús, la vida tiene un sentido, el esfuerzo humano una razón; la fe ayuda al cristiano a comprometerse con alegría y tesón en las tareas de cada día porque sabe que en el tiempo presente la construcción del mundo por los caminos de la justicia y de la fraternidad desembocará en la salvación.


    LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA


 


viernes, 17 de julio de 2026

Día 19 julio de 2026. Domingo XVI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Sabiduría 12,13.16
  • Salmo responsorial 85, 5-6.9-10.15-16
  • Romanos 8,26-27
  • Mateo 13,24-43


     Un domingo más, Jesús nos habla del Reino de Dios con una parábola ambientada en el mundo rural de la Palestina de su tiempo: la parábola de la cizaña que alguien ha sembrado en medio del trigo. La cizaña es una mala hierba de aspecto semejante al trigo, al menos en los primeros meses de crecimiento.

    ¿Qué es la cizaña hoy? Podríamos decir que todo aquello que nos aleja de Dios. Lo que nos impide crecer como cristianos y como personas. El mal, en definitiva. Nos intentan convencer, en muchos lugares, de que todo vale, que cada uno puede pensar y vivir como quiera, de modo que parece no distinguirse el bien del mal.

     Con el Evangelio en la mano, está claro que tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas para no dejarnos abrazar por los tentáculos del mal, aunque venga disfrazada de falsos progresismos. Porque la cizaña nos quiere envolver, a todas horas y en diversos campos: en la conciencia, en el pensamiento, en el trabajo, en la Iglesia, en los grupos, en la política…  Lo malo no es que exista la cizaña, lo malo es acostumbramos a crecer (o menguar) en medio de ella e ir cediendo terreno, queriendo o sin querer, en aquello que es esencial en el seguimiento a Jesús.

    San Agustín decía que hay personas de las que no esperamos nada bueno, pero a veces ocurre que, en el momento menos pensado, por alguna razón, se convierten y llegan a ser los mejores. En cambio, aquel en quien tanto habíamos confiado, en el momento menos pensado, nos decepciona y se convierte en el peor de todos. Esto lo decía San Agustín, tal vez por propia experiencia, porque había sido un perdido, y, sin embargo, por gracia de Dios, se convirtió en una buena persona, ejemplo y maestro de vida cristiana, llegando a ser un gran santo.

    Los Santos son una prueba del cumplimiento de esta parábola. San Pablo, San Agustín, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, y otros muchos, son un ejemplo en quienes vemos cómo Dios ha obrado y cómo ellos han respondido positivamente. Sus autobiografías, no ocultan sus flaquezas y pecados, su necesidad de conversión, y cómo valoran la acción de Dios por medio de otras personas, de la Iglesia, que les ha permitido seguir el camino de Jesucristo, convirtiéndose en ejemplos de cómo seguirlo.

LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

 

 

 

 

 

 

viernes, 10 de julio de 2026

Día 12 julio de 2026. Domingo XV del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Isaías 55,10-11
  • Salmo responsorial 64,10-14
  • Romanos 8,18-23
  • Mateo 13,1-23

    Escuchando el Evangelio se nota que Jesús era un hombre de campo y lo mismo quienes lo escuchaban: en sus parábolas aparecen con frecuencia las semillas, los árboles, las flores, los pájaros, la cosecha. Hoy nos cuenta la parábola de la semilla y el sembrador. Cualquiera entiende que una semilla caída sobre un camino, en terreno pedregoso o entre zarzas, no tiene futuro. En cambio, esa misma semilla sembrada en un terreno bueno, da fruto abundante. Con esta forma de hablar, Jesús describe el estilo y manera de actuar de Dios, y anuncia que ese Reino de Dios se ha de extender por todas partes, y también indica que quién se decide por ese Reino ha elegido lo mejor.

     La semilla es la Buena Noticia (Evangelio), anunciada por Jesús en su momento, y más adelante, en nombre de Jesús, la anuncian sus discípulos, por deseo expreso del Señor: “Vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, Samaría y hasta los confines de la tierra”.

   Siguiendo el relato de la parábola, Jesús señala que la semilla siempre es buena, porque se trata de Dios, pero ciertos terrenos no son propicios para que la semilla crezca. Con dichos terrenos se refiere a las actitudes de quienes escuchan, pero no responden para que la semilla buena produzca el fruto deseado Jesús habla también de la tierra buena, es la actitud de quien escucha la palabra, la entiende y la recibe como agua de mayo, poniendo manos a la obra, como María, la madre de Jesús, quien después de escuchar al Ángel, dijo: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”, y también dice de ella el evangelio que conservaba como oro en paño todas las cosas referidas a Jesús y las meditaba en su corazón. Con una actitud así la cosecha es abundante y asegurada.  Todos hemos podido ser, en muchos momentos, cualquiera de los 3 primeros terrenos en los que la semilla no prendió; y también, en otras ocasiones, podemos ser esa tierra buena que da su fruto.

   Jesús dirige esta parábola a quienes quieren escuchar la palabra de Dios, como nosotros, de lo contrario no estaríamos aquí. Tenemos otras muchas ocasiones parecidas cuando hacemos oración, rezamos el Rosario, celebramos los sacramentos, leemos el Evangelio, y otras prácticas de piedad, que nos ayudan a cultivar la fe, y, por tanto, a hacer posible que la semilla del reino crezca y dé su fruto.

     Quien produce el fruto es la Palabra de Dios, que es eficaz, como hemos escuchado en la primera lectura de Isaías: “Esto dice el Señor…: La palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo”. Nosotros no producimos el fruto, pero sin nosotros, sin nuestra colaboración, la semilla que es la Palabra de Dios no dará fruto alguno. Cada vez que venimos a la Eucaristía, sale el sembrador a sembrar.


LECTIO DIVINA SAN ISIDRO DE ALMANSA 

 

 

 

 

 


jueves, 2 de julio de 2026

Día 5 julio de 2026. Domingo XIV del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Zacarías 8,9-10
  • Salmo responsorial 144,1-2.8-14
  • Romanos 8,9.11-13
  • Mateo 11,25-30


    Jesús llevaba ya tiempo anunciando el Reino de Dios, obrando milagros, y constataba que muchos de los que en teoría estaban mejor preparados para acoger su enseñanza, lo rechazaban. En cambio, otros, la gente sencilla del pueblo, sí acogieron a Jesús, lo que provocó que Jesús orara a Dios, diciendo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos,  y se las has revelado a los pequeños”. Los pequeños de los que habla Jesús son pescadores como eran gran parte de los apóstoles, la gente sencilla del pueblo, los ciegos y enfermos curados como el ciego Bartimeo, o pecadores perdonados como Zaqueo.

     “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré… Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. Jesús no propone una vida sin esfuerzo; sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. No es el trabajo exigente lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna parte. Todo lo que hagamos a favor del ser humano se convertirá en felicidad porque traerá plenitud y alegría; por eso dirá: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, dará mucho fruto”. El “yugo y carga” de la que habla Jesús es lo necesario para desplegar todas las posibilidades que nos permitan  ser más humanos.

        Lo que Jesús propone es una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Y por ello, Jesús en pocas palabras resumió el Evangelio: “Amar a Dios sobre todas las cosas, con todas las fuerzas, con toda la mente, con todo el corazón, y al prójimo como a uno mismo”. Este es el mandamiento primero y principal, que lo resumió aún más, en lo que llamamos mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”.

       Hay gente sencilla que vive dando gracias a Dios, disfrutan de lo bueno de la vida, aceptan sus limitaciones como seres creados que son, soportan con paciencia los males, saben vivir y hacer vivir.  Estos son los que se han tomado en serio las palabras de Jesús: ”Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”.

 

LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

 




sábado, 27 de junio de 2026

Día 28 junio de 2026. Domingo XIII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Reyes 4,8-11.14-16a
  • Salmo responsorial
  • Romanos 6,3-4.8-11
  • Mateo 10,37-42


El comienzo del evangelio de hoy, puede que nos resulte desconcertante cuando dice Jesús: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí…”. Da la impresión de que Jesús es celoso, y no quiere otra cosa que estemos centrados en él; pero eso no es así. Si recordamos, no hace mucho tiempo, dijo que el mandamiento primero es: ”Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”. Y el segundo: “Amarás al prójimo como a ti mismo”, indicando a continuación: “Estos dos mandamientos constituyen el mandamiento primero y principal”.

Por tanto, el amor a Jesús o a Dios, no puede entrar nunca en conflicto con el amor a una madre, a un padre o a un hijo. Sólo se puede amar a Dios, amando a los demás. Así lo dice san Juan en la primera de sus cartas: “Quien dice que ama a Dios, a quien no ve, y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso”. El Evangelio, en todas sus páginas, nos habla siempre del amor al “próximo”, porque no existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. Sin unos padres, nadie de nosotros estaríamos aquí, nos dieron el ser y todo lo que necesitamos para seguir existiendo. En la Biblia aparece muchas veces el amor de una madre al hijo como ejemplo del amor de Dios a cada persona. Pero ¡cuidado! Porque el amor de una madre puede ser el más alto ejemplo de humanidad, pero también puede ser manifestación de egoísmo, cuando ese amor es excluyente y proteccionista, en cuyo caso no tendrá nada que ver con la actitud de Dios para con sus criaturas, a las que ama sin exclusiones. 

Jesús termina el evangelio diciendo una palabra sobre la gratuidad. El ofrecer “un vaso de agua fresca” a un desconocido que tiene sed, es una manifestación de una humanidad; quiere decir que dar sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana. Así lo hizo Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien a todo el que encontró en su camino. En nuestra sociedad de consumo no hay nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. La mentalidad del mundo se aleja de la propuesta y actitud de Jesús. Frente a tal mentalidad, Jesús nos repite la regla de oro cristiana: “Amaos unos a otros como yo os he amado”, y también: “Dad gratis lo que habéis recibido gratis”.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

         

           TERREMOTO EN VENEZUELA




         El domingo próximo, la Colecta la dedicaremos a Venezuela, teniendo presente lo que Jesús nos dice en el evangelio de hoy : "El que dé de beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, en verdad os digo que no perderá su recompensa".

Y si alguien desea enviar directamente haciendo unza  transferencia a Caritas Parroquial, indicando concepto: "Emergencia Venezuela", el Nº es:  ES47 2103 7403 1900 3000 3529

 

sábado, 20 de junio de 2026

Día 21 junio de 2026. Domingo XII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Jeremías 20,10-13
  • Salmo responsorial 68, 8-10.14.17.33-35
  • Romanos 5,12-15
  • Mateo 10,26-33



Necesitamos sentir la confianza que tenía el profeta Jeremías, como hemos escuchado en la primera lectura. A pesar de que todo lo tenía en contra, sabía que el Señor estaba con Él. Confiaba en Él, y por eso, no tuvo miedo de dar razón de su fe, aun sintiendo el peso de la persecución y el peligro de muerte. Para llegar a esa confianza, hay que tener una relación personal con Dios. Porque Él siempre está ahí, pero no siempre nosotros lo sabemos ver.  Esa relación personal con Dios y esa confianza son esenciales para poder vivir en paz, cuando a nuestro alrededor tantos puede que nos critiquen y señalen con el dedo, por intentar vivir de otra manera, muchas veces contra corriente.

El evangelio de hoy nos interpela, y por ello, podemos preguntarnos: ¿Quién guía mi vida de verdad? ¿Quién organiza mi forma de pensar y dicta mi forma de actuar? ¿Quién me indica lo que tengo que decir o lo que tengo que callar?

Estas preguntas se refieren a las veces que tenemos que actuar en conciencia, porque hay ocasiones en que otros quieren mandar en nuestra conciencia. Recordemos cuando a los Apóstoles las autoridades de los judíos les prohibieron seguir hablando de Jesús. Ellos respondieron que tenían que obedecer a Dios antes que a los hombres. Esa decisión les valió ser azotados y encarcelados; y poco más tarde, Esteban y luego Santiago sufrieron la muerte por fidelidad a Jesucristo. Y con el tiempo los demás apóstoles corrieron la misma suerte.

Seguir a Jesús significa ser como Él lo fue, buscando hacer la voluntad de Dios y llevarla a la práctica. También es una invitación a la confianza: así, en el tercer “no temáis”, con un ejemplo muy sencillo, les hace ver que si Dios cuida de los pajaritos que se venden por muy poco (un par de monedas) con más razón cuidara de cada uno de ellos, porque valen mucho más.

El texto finaliza alentando al testimonio, al anuncio explícito del Reino de Dios, con la seguridad de que Jesús dará testimonio también de esas actitudes y así el Padre del cielo los reconocerá.





LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


HORARIO DE MISAS DE VERANO

- De martes a sábado: 20,00h.

- Domingos y Fiestas religiosas: 11,30h.

 

 


lunes, 15 de junio de 2026

Día 14 junio de 2026. Domingo XI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Éxodo 19,2-6a
  • Salmo responsorial 99, 2.3.5
  • Romanos 5,6-11
  • Mateo 9,36-10,8


    El Evangelio de hoy nos ofrece un ejemplo de la manera de ser de Jesús. Él mira a las personas en las circunstancias concretas en que viven, y no se limita solo a mirar, sino que mira con afecto y pasa a la acción, poniendo el remedio adecuado. Una frase lo dice todo: “Al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor”. La compasión no es un puro sentimiento, sino una actitud motivada por la caridad o el amor.

  La misión que encarga Jesús a los discípulos en anunciar el Reino de Dios, que es compasión y misericordia. En la oración del Padrenuestro que nos enseña Jesús, una de las primeras cosas que nos propone pedir es: “venga a nosotros tu reino”,  que consiste en que todos participemos de dicho Reino.

   Pero la misión que Jesús nos encomienda sólo se puede vivir correctamente si se tiene experiencia y conciencia de haber recibido gratis el reino de Dios. San Pablo lo expone claramente cuando dice quiénes éramos y quiénes somos: “Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros”. Solo desde esta experiencia agradecida podemos dar gratis lo que hemos recibido gratis.


        LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

       HOJA DOMINICAL DIOCESANA


  

 

 

 

 

 

 



viernes, 5 de junio de 2026

Día 7 junio de 2026. Solemnidad del Corpus Christi. Día de Cáritas.

 





LECTURAS

  • Deuteronomio 8, 2-3.14b-16a
  • Salmo responsorial
  • 1 Corintios 10,16-17
  • Juan 6,51-59

   En las palabras de la consagración, al decir “cuerpo” y “sangre”, no se trata de la carne y sangre físicas de Cristo. En la antropología (mentalidad) judía, el hombre o la mujer es una unidad indivisible. Al decir “cuerpo” se refieren al ser humano en cuanto sujeto de relaciones. Al decir Jesús: “Esto es mi cuerpo”, está diciendo: “esto soy yo, esto es mi persona”. Para los judíos, la “sangre” era la vida misma. Cuando Jesús dice: “Esto es mi sangre, que se derrama”, está diciendo que toda su vida está entregada a los demás.

   La Eucaristía no la celebra solo el sacerdote, sino toda la comunidad. El sacerdote hace presente sacramentalmente a Cristo. Solo si hay comunidad, Jesús puede hacer presente el don de sí mismo que hizo en la última Cena y es lo que significa el sacramento. No puede haber signo de amor en ausencia del otro. Por eso dice Jesús en el evangelio de Mt: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

    Cuando Jesús dice: “Esto es mi sangre”, está diciendo “esta es mi vida que se está derramando, consumiendo, en beneficio de todos. Tenéis que hacer vuestra, mi propia vida”. Así, nuestra vida solo será cristiana si se derrama, si se consume, en beneficio de los demás. Celebrar la Eucaristía es comprometerse a ser para los demás. Por ello, celebrar la Eucaristía no es compatible con nuestros egoísmos, con nuestro desprecio por los demás, con nuestros odios y rivalidades, porque en este caso, no tiene nada que ver con lo que Jesús quiso expresar en la última Cena.

    Hacia mitad del evangelio, Jesús dice una frase con una promesa: ”El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. Jesús emplea el presente, asegurando que, mediante la comunión sacramental, comienza a comunicarnos aquí y ahora “vida eterna”, es decir, la vida de Dios. ¿En qué consiste esa vida eterna? Consiste en que Jesucristo nos hace partícipes, por obra del Espíritu Santo, de lo que Él es: su mansedumbre, su paciencia, su amor y entrega, su mismo ser. De este modo toda nuestra vida se hace acción de gracias, ofrenda agradable a Dios. Pero esto exige estar en comunión con Jesús, en gracia. Cada comunión bien recibida, bien interiorizada, es un paso más hacia la comunión plena con Jesucristo, que alcanzaremos en la otra vida, que llamamos “vida eterna” o vida con Dios. La Eucaristía no es un producto más como si se tratara de algo mágico. Por eso, no se puede salir de misa como si no hubiera pasado nada. Si la celebración no cambia nuestra vida en nada, es que la hemos reducido a simple rutina.

 LECTIO DIVINA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV
A ESPAÑA

6-12 DE JUNIO DE 2026

 

 

Sábado 6 de junio 2026

ROMA – MADRID

08:00    Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Roma/Fiumicino hacia Madrid

10:30    Llegada al aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas

ACOGIDA OFICIAL

11:30    CEREMONIA DE BIENVENIDA en el Palacio Real de Madrid

12:00    VISITA DE CORTESÍA A SUS MAJESTADES LOS REYES DE ESPAÑA

12:30    ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES, LA SOCIEDAD CIVIL Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO en el Palacio Real de Madrid

18:00    VISITA A LOS OPERADORES Y ASISTIDOS DEL PROYECTO SOCIAL “CEDIA 24 HORAS” en el Centro de Información y Acogida

20:30    VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES en la “Plaza de Lima”

   

Domingo 7 de junio 2026

MADRID

10:00    SANTA MISA en la “Plaza de Cibeles”

Procesión del Corpus Christi

16:30    ENCUENTRO PRIVADO CON LOS MIEMBROS DE LA ORDEN DE SAN AGUSTÍN en la Nunciatura Apostólica

18:00    ENCUENTRO “TEJER REDES CON EL MUNDO DE LA CULTURA, DEL ARTE, DE LA ECONOMÍA Y DEL DEPORTE” en “Movistar Arena”

19:30    Cena en la Residencia del Cardenal Arzobispo de Madrid

 

Lunes 8 de junio 2026

MADRID

09:30    ENCUENTRO CON EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO en la Nunciatura Apostólica 

10:30    ENCUENTRO CON LOS MIEMBROS DEL PARLAMENTO ESPAÑOL en el Congreso de los Diputados 

11:30    ENCUENTRO CON LOS OBISPOS DE ESPAÑA en la sede de la Conferencia Episcopal 

12:50    Comida con los Obispos en la Nunciatura Apostólica

18:00    ORACIÓN Y HOMENAJE A LA VIRGEN DE LA ALMUDENA en la Catedral de Santa María de la Almudena

19:00    ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD DIOCESANA en el Estadio “Santiago Bernabéu”

   

Martes 9 de junio 2026

MADRID – BARCELONA

10:20    ENCUENTRO CON LOS VOLUNTARIOS en el Pabellón 3 de IFEMA Madrid 

11:10    Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas hacia Barcelona 

12:25    Llegada al aeropuerto internacional “Josep Tarradellas” Barcelona/El Prat 

13:00    REZO DE LA HORA MEDIA en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia 

20:00    VIGILIA DE ORACIÓN en el Estadio Olímpico “Lluís Companys”

 

Miércoles 10 de junio 2026

BARCELONA - MONTSERRAT – BARCELONA

10:50    VISITA AL CENTRO PENITENCIARIO “BRIANS 1”

12:00    ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat 

13:00    Comida con la comunidad benedictina de Montserrat

16:30    ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE CARIDAD Y ASISTENCIA DIOCESANAS en la Iglesia de Sant Agustí 

19:30    SANTA MISA en la Basílica de la Sagrada Família

Inauguración de la torre de Jesucristo

       

Jueves 11 de junio 2026

BARCELONA - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

08:30    Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Josep Tarradellas” Barcelona/El Prat hacia Las Palmas de Gran Canaria 

10:50    Llegada a la base aérea de Gran Canaria/Gando 

11:40    ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE ACOGIDA A LOS MIGRANTES en el puerto de Arguineguín 

13:30    ENCUENTRO CON LOS OBISPOS, LOS SACERDOTES, LOS DIÁCONOS, LOS RELIGIOSOS, LAS RELIGIOSAS, LOS SEMINARISTAS Y LOS AGENTES DE PASTORAL en la Catedral de Santa Ana

18:30    SANTA MISA en el Estadio de Gran Canaria        

Viernes 12 de junio 2026

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA - SANTA CRUZ DE TENERIFE – ROMA

08:30    Salida en avión desde la base aérea de Gran Canaria/Gando hacia Santa Cruz de Tenerife 

09:10    Llegada al aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos”

09:30    ENCUENTRO CON LOS MIGRANTES DEL CENTRO “LAS RAÍCES”

10:10    ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE INTEGRACIÓN DE LOS MIGRANTES en la “Plaza del Cristo de La Laguna”

12:15    SANTA MISA en el puerto de Santa Cruz de Tenerife 

14:30    CEREMONIA DE DESPEDIDA en el aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos” 

15:00    Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Tenerife hacia Roma

20:10    Llegada al aeropuerto internacional de Roma/Fiumicino