jueves, 13 de agosto de 2026

Día 15 agosto de 2026. Asunción de María.

 

LECTURAS

  • Apocalipsis 11,19a; 12,1-6ab
  • Salmo responsorial 44, 10-12.16
  • 1 Corintios 15,20-27
  • Lc 1,39-56

  La fiesta de la Asunción de María es un día de alegría para todo el pueblo cristiano, porque al celebrar y hablar de la Asunción de María, estamos también hablando de nosotros: ella nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría porque señala el camino hacia nuestra verdadera Casa, según la promesa de Jesús: “Voy al Padre a prepararos sitio, para que donde yo estoy, estéis también vosotros”.

  Y estamos llamados a entrar en esta Casa de Dios con toda nuestra realidad, con todo nuestro ser, porque Dios conoce y ama todo lo que somos, tal como proclamamos en el Credo: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Dios no nos abandona ni siquiera en la muerte, porque en Dios hay lugar para nosotros. Mirando el destino glorioso de María, contemplamos también lo que el Señor quiere para nosotros.

   Jesús no prometió una salvación del alma en un impreciso más allá, sino que promete la vida eterna junto a Dios, “la vida del mundo futuro”, que confesamos en el Credo cada domingo, es participación e la vida de Dios como hijos resucitados. Nada de lo que para nosotros es valioso se perderá con la muerte, sino que llegará a su realización plena en Dios, que nada tiene que ver con las pretensiones humanas de congelar cadáveres, como han hecho algunos multimillonarios, por si acaso un día se llega a devolver la vida a dichos cadáveres.

  Nuestra esperanza cristiana de vida futura junto Dios, se fundamenta en la resurrección de Jesús y su promesa de participar con Él en la vida de Dios,  como nos ha recordado san Pablo (2ª lectura). María nos señala no solo la meta del cristiano, sino también el camino que conduce a la meta, expresado sintéticamente en aquellas palabras que ella dirigió a los sirvientes de la boda en Caná de Galilea: “Haced lo que Jesús os diga”, palabras que deben ser la norma de nuestra vida en este mundo para así poder vivir con esperanza. Este es el modo como la Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra,  nos enseña a seguir a Jesús.