LECTURAS
- Zacarías 8,9-10
- Salmo responsorial 144,1-2.8-14
- Romanos 8,9.11-13
- Mateo 11,25-30
Jesús llevaba ya tiempo anunciando el
Reino de Dios, obrando milagros, y constataba que muchos de los que en teoría
estaban mejor preparados para acoger su enseñanza, lo rechazaban. En cambio,
otros, la gente sencilla del pueblo, sí acogieron a Jesús, lo que provocó la
oración que hemos escuchado en boca de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del
cielo y de la tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”.
¿Cuáles son “estas cosas” a las que
alude Jesús? En primer lugar, es el Evangelio o Buena Noticia que muestra la
presencia del Mesías en medio de nosotros, y que viene de forma sencilla, como
anunció, 5 siglos antes, el profeta Zacarías (1ª lectura): “Mira que viene tu
rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico… y proclamará la paz a
los pueblos”. Y los pequeños de los que habla Jesús
son pescadores como eran gran parte de los apóstoles, los que no cuentan, los ciegos
y enfermos curados como el ciego Bartimeo, o pecadores perdonados como Zaqueo.
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré…
Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. Jesús no propone una vida sin
esfuerzo; sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. No es el trabajo exigente
lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna parte. Todo
lo que hagamos a favor del ser humano se convertirá en felicidad porque traerá
plenitud y alegría; por eso dirá: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere,
dará mucho fruto”. El “yugo y carga” de la que habla Jesús
es lo necesario para desplegar todas las posibilidades de ser más humanos.
Lo que Jesús
propone es una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Y por
ello, Jesús en pocas palabras resumió el Evangelio: “Amar a Dios sobre todas
las cosas, con todas las fuerzas, con toda la mente, con todo el corazón, y al
prójimo como a uno mismo”. Este es el mandamiento primero y principal, que lo
resumió aún más, en lo que llamamos mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como
yo os he amado”.
Hay gente sencilla que vive dando
gracias a Dios, disfrutan de lo bueno de la vida, aceptan sus limitaciones como
seres creados que son, soportan con paciencia los males, saben vivir y hacer
vivir. De su corazón parece estar siempre brotando la alabanza a Dios Su vida
es un acierto. Estos son los que se han tomado en serio
las palabras de Jesús: ”Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os
aliviaré”.
LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA
Jesús llevaba ya tiempo anunciando el
Reino de Dios, obrando milagros, y constataba que muchos de los que en teoría
estaban mejor preparados para acoger su enseñanza, lo rechazaban. En cambio,
otros, la gente sencilla del pueblo, sí acogieron a Jesús, lo que provocó la
oración que hemos escuchado en boca de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del
cielo y de la tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”.
¿Cuáles son “estas cosas” a las que alude Jesús? En primer lugar, es el Evangelio o Buena Noticia que muestra la presencia del Mesías en medio de nosotros, y que viene de forma sencilla, como anunció, 5 siglos antes, el profeta Zacarías (1ª lectura): “Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico… y proclamará la paz a los pueblos”. Y los pequeños de los que habla Jesús son pescadores como eran gran parte de los apóstoles, los que no cuentan, los ciegos y enfermos curados como el ciego Bartimeo, o pecadores perdonados como Zaqueo.
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré… Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. Jesús no propone una vida sin esfuerzo; sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. No es el trabajo exigente lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna parte. Todo lo que hagamos a favor del ser humano se convertirá en felicidad porque traerá plenitud y alegría; por eso dirá: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, dará mucho fruto”. El “yugo y carga” de la que habla Jesús es lo necesario para desplegar todas las posibilidades de ser más humanos.
Lo que Jesús propone es una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Y por ello, Jesús en pocas palabras resumió el Evangelio: “Amar a Dios sobre todas las cosas, con todas las fuerzas, con toda la mente, con todo el corazón, y al prójimo como a uno mismo”. Este es el mandamiento primero y principal, que lo resumió aún más, en lo que llamamos mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”.
Hay gente sencilla que vive dando gracias a Dios, disfrutan de lo bueno de la vida, aceptan sus limitaciones como seres creados que son, soportan con paciencia los males, saben vivir y hacer vivir. De su corazón parece estar siempre brotando la alabanza a Dios Su vida es un acierto. Estos son los que se han tomado en serio las palabras de Jesús: ”Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”.