sábado, 16 de mayo de 2026

Día 17 mayo de 2026. Ascensión del Señor.

 

LECTURAS

  • Hechos de los Apóstoles 1,1-11
  • Salmo responsorial  46,2--3.6-9
  • Efesios 1,17-23
  • Mateo 28,16-20


La Ascensión no es una despedida, ni tampoco que Jesús se desentiende del mundo subiendo al Padre, sino que es la transición entre la obra histórica de Jesús y la misión de la Iglesia.  Nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: “la Iglesia es misionera por naturaleza”. La Iglesia existe para evangelizar, como hemos escuchado al final del Evangelio de san Mateo: “Id a todos los pueblos, anunciad el Evangelio, bautizando a los que crean, enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”.

El mensaje último de Jesús: “Id y haced discípulos a todos los pueblos…”, muestra la voluntad de Dios de salvar a la humanidad, incorporándola como familia suya, haciéndonos hijos adoptivos. Pero Dios quiere que nosotros correspondamos con plena libertad. Dios no nos impone nada, al contrario, nos ofrece gratis la salvación, es decir nos asocia a su vida donde nuestra humanidad llegará a plenitud cómo la humanidad asumida por Cristo llegó a su plenitud por la resurrección, entrando en el ámbito glorioso de Dios. Por eso, decimos que Jesucristo es Dios y hombre verdadero. Antes de ser hombre era Dios y nunca dejó de serlo, pero su humanidad que adquirió por la Encarnación es divinizada (plenitud) por la resurrección. Ese mismo es nuestro destino según el proyecto de Dios: ser divinizados y participar como hijos adoptivos de la vida y felicidad de Dios. “Entonces seremos semejantes a él y lo veremos tal cual es” (1 Jn3,2b).

Hoy la misión se realiza no sólo en tierras extranjeras, sino también en los espacios concretos de nuestra vida cotidiana: la familia, el trabajo, la parroquia, la cultura, las redes sociales, los lugares donde hay indiferencia, dolor o marginación.

       Pero tengamos también en cuenta que, con bastante frecuencia, las preocupaciones diarias nos hacen olvidar nuestro futuro definitivo; por ello,  la Ascensión nos recuerda que también hay que “mirar hacia arriba”, es decir, buscar la realidad espiritual, para que un día, cuando nuestra breve estancia en esta tierra termine, podamos vivir en plena comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA


HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 

sábado, 9 de mayo de 2026

Día 10 mayo de 2026. Domingo VI de Pascua.

 


  • Hechos de los Apóstoles 8,5-8.14-17
  • Salmo responsorial 65,1-7a.16-20
  • 1 Pedro 3,15-18
  • Juan 14,15-21 

   A dos semanas de Pentecostés, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, que fue la manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir, su comienzo.

   En esta lectura del Evangelio el Señor promete a sus discípulos el envío de un “Paráclito”, es decir, un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía. No se trata de un concepto o fórmula, sino del mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud. No somos huérfanos, porque el Espíritu siempre está con nosotros.

 Jesús Lo llama “El Espíritu de la Verdad”, que nos hace salir de la mentira y del engaño. Quien recibe el Espíritu de Dios aprende a apreciar, y a gustar cuanto de bueno, de bello, de noble, de justo se da en la realidad, a no ser derrotistas, como nos pedía san Pedro; a saber, discernir entre el bien y el mal; a tomar decisiones habiendo percibido su llamada, y, a tener el coraje para secundarla.

– Es también el “Defensor”. El proceso de vida cristiana está sujeto a crisis, a obstáculos. Atraviesa por momentos de aridez,  de cansancio, a tentaciones… y, además, debe de justificarse frente a una cultura que no acaba de entenderla o que la rechaza abiertamente. El Espíritu del Señor conoce nuestras desolaciones, dificultades y nos alienta para seguir adelante.

– Es el que “nos une a Dios”. Nos da el espíritu de hijos, y nos impulsa a vivir el seguimiento de Jesús, viviendo el estilo de vida de Jesús, amándonos unos a otros como él nos amó.

 Aunque somos débiles y con frecuencia nos sentimos aplastados por muchas preocupaciones y sufrimientos, que el Espíritu Santi nos conceda no perder nunca el deseo de ser testigos del amor.


    LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

    HOJA DOMINICAL DIOCESANA


sábado, 2 de mayo de 2026

Día 3 mayo de 2026. Domingo V de Pascua.

 

LECTURAS

  • Hechos de los Apóstoles 6,1-7
  • Salmo responsorial 97,1-4
  • 1 Pedro 2,4-9
  • Juan 14,1-12


    Creed en Dios y creed también en mí”, dice Jesús. Estas palabras no son una fórmula mágica que “hace desaparecer” los problemas, ni tampoco que Él nos vaya a resolver las cosas.  Cuando dice: “fiaos de Dios y fiaros de mí”, nos pide que seamos conscientes de que nuestra vida está en las manos de Dios, y que Él está ayudándonos a salir adelante; él está más dentro de nosotros que nosotros mismos” (S. Agustín).  Y nos dice que, con el corazón y la mente calmados, se perciben mejor las cosas.

   Cuando Jesús pronuncia las palabras del evangelio de hoy, estaba avisando a sus discípulos de que se va; eso provocó desconcierto entre ellos y se preguntaban:  ¿Y ahora qué?, porque hasta ese momento todo les había resultado relativamente fácil. Estaban a gusto con el Maestro; siempre tenía una palabra apropiada, un gesto oportuno o una solución ante cualquier dificultad.

     Y si se va Jesús, ¿qué hacemos?  Lo primero que hace Jesús, y esto vale también para nosotros,  es corregir nuestra idea de Dios, que es lo que fue mostrando con su forma de vida y con su enseñanza: Jesús nos presenta un “rostro” de Dios cercano, que quiere nuestra felicidad/salvación, que ya sabe lo que nos pasa antes de pedírselo, que no necesitamos acumular méritos para que nos escuche y atienda, que no se aleja de nosotros, sino que nos busca.

    Lo que Jesús nos propone es andar nuestro camino de cada día, sabiendo que él nos acompaña: “Nadie va al Padre sino por mí”. Con frecuencia, somos como los viejos molinos, cuya rueda (la piedra que muele)recorre su camino dando vueltas siempre en el mismo lugar. También nosotros damos vueltas a las mismas cosas, a las mismas historias, a las mismas personas, con los mismos estilos… En cambio, Jesús nos impulsa a salir a los caminos, es decir, saliendo al encuentro del mundo y de las gentes. ¿Cómo caminaba Jesús?: Perdonando, acompañando, descubriendo la presencia de Dios en las cosas cotidianas: la siembra, la pesca, el sol que sale,  la mujer que barre buscando una moneda perdida, o que amasa el pan, un árbol en medio de una huerta… Y haciéndose prójimo de todos los que va encontrándose tirados a la vera de los caminos.  Por eso nos dice Jesús: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”. 

     Quien recorre su propio camino al estilo de Jesús, acaba siendo “uno con Jesús y con el Padre”, teniendo claro que Dios está siempre poniendo esperanza, fortaleza y paz.

 LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA
 

sábado, 25 de abril de 2026

Día 26 abril de 2026. Domingo IV de Pascua. Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones,

 


LECTURAS

  • Hechos de oso Apóstoles  2,36-41
  • Salmo responsorial 88, 2-3.6-7.16-17
  • 1 Pedro 2,20b-25
  • Juan 10, 1-10

El cuarto domingo de Pascua es conocido tradicionalmente como el Domingo del “Buen Pastor”.  Tiene su origen en el capítulo 10 del evangelio de Juan, que estamos leyendo, y donde Jesús se presenta como el "Buen Pastor" que da la vida por sus ovejas.
Este domingo, además, celebramos la “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”, con el lema este año:” Todos oramos por todos”.

La imagen del Buen Pastor era muy apreciada entre los cristianos, quienes, ya desde los primeros tiempos representaron a Jesús con la imagen del Buen Pastor, cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Esas representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos sarcófagos de distinta procedencia. La imagen sugiere el amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y paciencia, cualidades que se asignan a los pastores, incluso su entrega hasta la muerte en defensa de sus ovejas.

En la primera lectura, de Hechos, el Apóstol Pedro se dirige a la gente de Jerusalén hablando de Jesús, que ha muerto y ha resucitado, causando un gran impacto entre los oyentes, muchos de los cuales sintieron la llamada de Dios, y preguntaban: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?”. Pedro les responde proponiendo en primer lugar la “conversión”, como ya decía Jesús al inicio de su predicación: “Convertíos porque el Reino de Dios está cerca”.

Es por ello que, en este cuarto domingo de Pascua celebramos “La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”, lo que nos recuerda que Jesucristo llama a cada cristiano a seguirle, es decir, seguir su estilo de vida y participar de la misión de Cristo, que guía, protege y conduce a la vida eterna.

 Pero la llamada a ser cristiano no es una idea abstracta, sino una llamada de Dios que, cada persona desde la fe y libertad debe acoger y llevar a la vida de forma concreta, según los dones o cualidades recibidos y teniendo en cuenta las circunstancias que vive y le interpelan. Saber descubrir la propia vocación específica, la forma concreta de ser cristianos, es decisivo para vivir con alegría y esperanza, creciendo como personas y como cristianos. Las diversas vocaciones específicas son: la vida laical: la vida de matrimonio y las diversas profesiones; la vida consagrada o religiosa, siguiendo el carisma de los fundadores, que tienen por misión servir a los demás desde cada familia religiosa; y la vocación en el “ministerio sacerdotal”, cuya misión es servir al pueblo de Dios, siendo pastores, según el modelo de Buen Pastor que es Jesucristo. El lema de este año es: ”Todos oramos por Todos”.


LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL PARROQUIAL


HOY CONFIRMACIONES EN NEUSTRA PARROQUIA EN LA MISA DE 11,30H



 






lunes, 20 de abril de 2026

Día 19 de abril de 2026. Domingo III de Pascua.

 

LECTURAS

  • Hechos de los Apóstoles 2,14.22-23
  • Salmo responsorial  118,  23-24.26-27. 29-30
  • 1 Pedro 1,17-21
  • Lc 24,13-35


  • En el Evangelio vemos que el encuentro culminante fue cuando en la mesa, al ver a Jesús tomar, bendecir y partir el pan los discípulos lo reconocieron. Este gesto, renovado en cada Eucaristía es una acción sacramental que hace presente hoy al Señor resucitado en su Cuerpo y Sangre, que es la persona de Jesucristo. Y este reconocimiento se prepara en la escucha de la Palabra que enciende el corazón y dispone al encuentro con Cristo en la Comunión.
  • Observamos en el evangelio de hoy que Jesús desaparece físicamente de su vista, pero los discípulos ya no están solos (Jesús resucitado, de manera invisible, está con ellos y los acompaña). Por eso, de inmediato llenos de alegría regresan a Jerusalén para anunciar a los demás discípulos lo que ellos acaban de vivir, el encuentro con Jesús resucitado al partir el Pan.
  • Jesucristo nos ha mostrado el amor de Dios haciéndose hombre y caminando con nosotros, así lo vemos en su vida histórica hasta la muerte, a la que le da un sentido de perdón y reconciliación. Y él continúa actuando en su familia, la Iglesia,  como ya nos dijo el domingo pasado: “Como el Padre me ha enviado así os envío yo”; y también: “id al mundo entero y anunciad el Evangelio, enseñando todo lo que yo os he mandado, y sabed que yo estoy con vosotros cada día hasta el fin de los tiempos”.
  • Los cristianos estamos llamados a ser en el mundo, no meros espectadores; al contrario, Jesús nos invita a implicarnos, a contemplar nuestra vida con los ojos de Dios. La Eucaristía ha de ocupar el centro de nuestra vida porque es Cristo quien sale a nuestro encuentro para alentarnos en el camino, señalarnos la meta y asegurarnos que está con nosotros, como hemos visto en los discípulos de Emaús.
    

    LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA 

    HOJA DOMINICAL DIOCESANA

viernes, 10 de abril de 2026

Día 12 abril de 2026. Domingo II de Pascua, Domingo de la Misericordia..

 


    El  papa León XIV nos invita a orar por la paz

 

LECTURAS

  • Hechos de los Apóstoles 2,42-47
  • Salmo responsorial  117, 2-4.13-15.22-24
  • 1 Pedro 1, 3-9
  • Juan 20,19-31


    El mismo día en que María Magdalena, Pedro y el otro discípulo van y encuentran la tumba vacía y, posteriormente, Jesús se le aparece a María Magdalena confiándole que anuncie a los discípulos lo que él le ha dicho (Jn 20, 17-18); al atardecer, Jesús se aparece a sus discípulos que están reunidos “con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos”, según dice el texto que leemos hoy, completando así una serie de apariciones en el domingo de resurrección. 
    Notemos que el hecho de Jesús que puede entrar en un recinto “cerrado”, nos habla del cuerpo resucitado de Jesús. Pero, al mismo tiempo, al mostrar a sus discípulos sus manos y el costado, les está haciendo ver que él es el mismo crucificado que ahora ha resucitado.
Jesús les ofrece los dones propios de la resurrección: la paz, la alegría,  el Espíritu Santo, y les confía la misión que él había realizado hasta entonces: “Como él Padre me ha enviado, así también os envío yo”,  y les da también la gracia de perdonar los pecados, como Jesús mismo hacía en su vida histórica.
    Como podemos ver, el resucitado, a partir de entonces se hará presente entre nosotros a través de sus discípulos que serán los encargados de dar testimonio de ese hecho, y especialmente en los sacramentos que celebra la Iglesia.
    El texto continúa con el relato del apóstol Tomás, que no estaba con ellos aquella tarde, y cuando se entera dice que hasta no ver la marca de los clavos en su mano y no meter el dedo en el lugar de los clavos y en el costado, no creerá. 
    Precisamente por eso, a los ocho días, el domingo siguiente como hoy, Jesús vuelve a presentarse ante ellos, se dirige a Tomás y le invita a que compruebe su identidad. El texto no dice si Tomás metió su dedo en el lugar de los clavos, pero si nos relata su confesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Tomás cree en la resurrección de Jesús y así la confiesa. Es entonces cuando Jesús dice: “felices los que creen sin haber visto”. Con estas palabras, Jesús está pensando en nosotros que no estuvimos en su vida histórica y no vimos los acontecimientos, pero hemos sido invitados a creer sin haber visto, fiándonos de la palara de quienes fueron testigos de aquellos sucesos.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA
 


sábado, 4 de abril de 2026

Día 5 abvril de 2026. Domingo de Resurrección.

 




        LECTURAS 

  • Hechos 10,34a.37-43
  • Salmo responsorial
  • Colosenses 3,1-4
  • Juan 20,1-9

En las lecturas de hoy podemos ver los esfuerzos de los primeros cristianos por compartir con todos su experiencia de la Resurrección de Cristo, de una manera sencilla y atractiva. El texto que Hechos (1ª lectura),  nos presenta al apóstol Pedro que anuncia lo esencial del mensaje del Reino de Dios anunciado por Jesús y que resume en una frase: “Pasó por el mundo haciendo el bien, curando a todos los oprimidos, porque Dios estaba con él”. Además, se subraya la tarea de la comunidad y su desarrollo posterior como prueba de su resurrección: “Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo había constituido juez de vivos y muertos… y todos los que creen en él reciben por su nombre el perdón de los pecados”

No se trata de una filosofía, ni de un código moral detallado. Se trata del anuncio de los acontecimientos que acabamos de celebrar en la Semana Santa: la vida de Jesús de Nazaret, desde Galilea, al norte del país de los judíos, hasta Jerusalén, la capital. Su predicación y sus milagros como signos de la misericordia de Dios. Su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos, de la cual los apóstoles han sido constituidos testigos fidedignos.

A sus oyentes, y a nosotros hoy, Pedro exhorta a creer en Jesucristo para obtener la salvación. Este es el contenido fundamental de nuestra fe, que todos debemos testimoniar gozosamente con nuestra vida y con nuestras palabras. Porque son hechos salvadores, liberadores, por los cuales Dios se nos entrega como Padre, perdonando nuestros pecados y dándole sentido a nuestra vida, a veces tan extraviada y tan sufrida.

 Cristo, libre de la muerte y Señor de la Vida, como Dios y hombre que es,  viene a nuestro encuentro; a lo largo del camino de la vida y nos concede encontrarnos con él. Se deja encontrar en su Iglesia, enviada a llevar la buena noticia de la resurrección hasta los confines de la tierra. Por eso podemos buscar los bienes de arriba, como dice san Pablo.

Todo esto tiene su culmen y su manifestación más plena en la resurrección de Jesús. El sepulcro está vacío. Ahora toca dar testimonio de esa presencia viva de Dios entre nosotros. Ellos y nosotros somos testigos del sepulcro vacío, testigos del resucitado.


LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA