INICIO DEL MINISTERIO PASTORAL DEL NUEVO PÁRROCO
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
- Isaías 55,6-9
- Salmo responsorial
- Filipenses 1,20c-24.27a
- Mateo 20,1-16a
La parábola,
como hemos escuchado, nos habla de un propietario saliendo de madrugada a
contratar obreros para su viña. Es interesante notar que no sale el
administrador o encargado, como sería lo más lógico, sino el mismo dueño. De
esta manera, Jesús se está refiriendo a Dios mismo, para poner de relieve cómo
actúa Dios. El propietario sale en diferentes momentos: a la madrugada, a media
mañana, a mediodía, a media tarde y, de nuevo, al atardecer. Con los primeros acuerda
en pagarles un denario que, en aquella época, era el jornal justo de un día de
trabajo en el campo.
La lógica de Dios no desprecia la
justicia, que la está realizando al pagar lo convenido, pero la supera con la
gratuidad de dar a todos lo mismo. Así es el Dios que nos presenta Jesús: pura
gratuidad, pura misericordia que, en estos tiempos, es una llamada a hacer
realidad que todos: sacerdotes, religiosos/as, laicos, estamos llamados a
trabajar en su viña que es la Iglesia y el mundo, pues esta es la misión de la
Iglesia.
La plaza del pueblo es el punto de
encuentro de la gente. Así, por ejemplo, una de las “plazas del pueblo” es la
misa dominical, donde Jesús se hace presente y nos está llamando. Hay otras
plazas en los distintos ámbitos donde nos movemos, como la familia, la calle, los
centros deportivos, los bares, los mercados, y la llamada “plaza virtual” que son
las redes sociales. Hoy día sucede en esos lugares lo que ocurría en otros
tiempos en la plaza del pueblo, como nos habla el evangelio de hoy, donde la
gente estaban pasando las horas sin hacer nada. A todos los que estamos en esas plazas, el
Señor quiere llamarnos para integrarnos en el cuidado y construcción de su viña
que es la Iglesia y el mundo. Nos toca hacernos la pregunta: cómo acogemos la
llamada y cómo estamos colaborando.
El Señor viene repetidas veces a
nuestras plazas durante el día para llamar a todos los que ahí están; quiere
que todos los hombres y mujeres se salven, que todas las personas se unan a su
vida y misión. Nuestra misión como cristianos no se reduce a un cumplimiento
por obligación, sino que nos pide una actitud de estar dispuestos a “tiempo y destiempo”,
como decía San Pablo
El denario como jornal es la paga que Dios nos da significa
participación en su vida y felicidad por siempre o “vida eterna”.
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
La parábola,
como hemos escuchado, nos habla de un propietario saliendo de madrugada a
contratar obreros para su viña. Es interesante notar que no sale el
administrador o encargado, como sería lo más lógico, sino el mismo dueño. De
esta manera, Jesús se está refiriendo a Dios mismo, para poner de relieve cómo
actúa Dios. El propietario sale en diferentes momentos: a la madrugada, a media
mañana, a mediodía, a media tarde y, de nuevo, al atardecer. Con los primeros acuerda
en pagarles un denario que, en aquella época, era el jornal justo de un día de
trabajo en el campo.
La lógica de Dios no desprecia la
justicia, que la está realizando al pagar lo convenido, pero la supera con la
gratuidad de dar a todos lo mismo. Así es el Dios que nos presenta Jesús: pura
gratuidad, pura misericordia que, en estos tiempos, es una llamada a hacer
realidad que todos: sacerdotes, religiosos/as, laicos, estamos llamados a
trabajar en su viña que es la Iglesia y el mundo, pues esta es la misión de la
Iglesia.
La plaza del pueblo es el punto de encuentro de la gente. Así, por ejemplo, una de las “plazas del pueblo” es la misa dominical, donde Jesús se hace presente y nos está llamando. Hay otras plazas en los distintos ámbitos donde nos movemos, como la familia, la calle, los centros deportivos, los bares, los mercados, y la llamada “plaza virtual” que son las redes sociales. Hoy día sucede en esos lugares lo que ocurría en otros tiempos en la plaza del pueblo, como nos habla el evangelio de hoy, donde la gente estaban pasando las horas sin hacer nada. A todos los que estamos en esas plazas, el Señor quiere llamarnos para integrarnos en el cuidado y construcción de su viña que es la Iglesia y el mundo. Nos toca hacernos la pregunta: cómo acogemos la llamada y cómo estamos colaborando.
El Señor viene repetidas veces a
nuestras plazas durante el día para llamar a todos los que ahí están; quiere
que todos los hombres y mujeres se salven, que todas las personas se unan a su
vida y misión. Nuestra misión como cristianos no se reduce a un cumplimiento
por obligación, sino que nos pide una actitud de estar dispuestos a “tiempo y destiempo”,
como decía San Pablo
El denario como jornal es la paga que Dios nos da significa
participación en su vida y felicidad por siempre o “vida eterna”.
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
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