domingo, 2 de agosto de 2026

2 agosto de 2026. Domingo XVIII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Isaías 55,1-3
  • Salmo responsorial 144
  • Romanos 8,35.37-39
  • Mateo 14, 13-21


    En el pasaje evangélico de hoy se destaca la compasión que siente Jesús hacia la multitud. Compasión significa "sentir con”. La indiferencia, o lo que es lo mismo, el cerrar el corazón al sufrimiento del mundo, es lo que hace posible la injusticia y la división profunda entre los pocos que tienen tanto, frente a los muchos que tienen tan poco. Seguir a Jesús implica también vivir con el espíritu de Jesús, al modo de Jesús, con los “ojos abiertos” a la realidad.

    Un segundo aspecto que manifiesta Jesús es el compromiso de “dar de comer a la multitud”, que no significa solamente dar el pan material, lo cual es necesario también, sino comprometerse en la construcción de estructuras sociales que garanticen el bien común y la vida digna para todos. La fe no puede estar alejada de la vida, si no, se convierte en fe de sacristía, y esa es fe muerta, como afirma Santiago en su 2ª Carta: “Muéstrame tus obras, y te diré cuál es tu fe”.

      Los discípulos se dan cuenta del problema de aquella multitud que escucha a Jesús, y actúan con toda lógica, como tantas veces hacemos y decimos o nosotros: “es su problema, que busque una solución”. Jesús rompe con esta lógica y les propone una solución más realista: “Dadles vosotros de comer”. Jesús bien sabía que ellos no tenían pan para tantas personas. Pero Jesús ayuda a buscar solucionar el problema no desde fuera, sino desde la generosidad y el compartir. Jesús no pidió a Dios que solucionara el problema, sino que se lo pidió a sus discípulos. Aunque en su esquema mental no encontraron solución, lo cierto es que, todo lo que tenían lo pusieron a disposición de todos. Esta actitud desencadena el prodigio: La generosidad se contagia y produce el “milagro”. Esto indica que cuando se dejan de acaparar los bienes, estos llegan a todos. Cuando lo que se acapara son los bienes imprescindibles para la vida, lo que se está provocando es la muerte.

   Así, después de un día con Jesús, el pueblo fue capaz de compartir lo poco que tenían: unos pedazos de pan duro, y unos peces resecos. Ese es el gran milagro y el verdadero mensaje. No olvidemos que la Eucaristía comenzó con una comida en que todo se compartía. La Eucaristía es memoria de esta actitud de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo presente a Dios que es don total.


LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA