LECTURAS
- Isaías 55,1-3
- Salmo responsorial 144
- Romanos 8,35.37-39
- Mateo 14, 13-21
En el pasaje evangélico de hoy se
destaca la compasión que
siente Jesús hacia la multitud. Compasión significa "sentir con”. La
indiferencia, o lo que es lo mismo, el cerrar el corazón al sufrimiento del
mundo, es lo que hace posible la injusticia y la división profunda entre los
pocos que tienen tanto, frente a los muchos que tienen tan poco. Seguir a Jesús
implica también vivir con el espíritu de Jesús, al modo de Jesús, con los “ojos
abiertos” a la realidad.
Un segundo aspecto que manifiesta Jesús es el
compromiso de “dar de comer a la multitud”, que no significa solamente dar
el pan material, lo cual es necesario también, sino comprometerse en la
construcción de estructuras sociales que garanticen el bien común y la vida
digna para todos. La fe no puede estar alejada de la vida, si no, se
convierte en fe de sacristía, y esa es fe muerta, como afirma Santiago en su 2ª
Carta: “Muéstrame tus obras, y te diré cuál es tu fe”.
Los discípulos se dan cuenta del
problema de aquella multitud que escucha a Jesús, y actúan con toda lógica, como
tantas veces hacemos y decimos o nosotros: “es su problema, que busque una
solución”. Jesús rompe con esta lógica y les propone una solución más realista:
“Dadles vosotros de comer”. Jesús bien sabía que ellos no tenían pan para
tantas personas. Pero Jesús ayuda a buscar solucionar el problema no desde
fuera, sino desde la generosidad y el compartir. Jesús no pidió a Dios que solucionara el
problema, sino que se lo pidió a sus discípulos. Aunque en su esquema mental no
encontraron solución, lo cierto es que, todo lo que tenían lo pusieron a
disposición de todos. Esta actitud desencadena el prodigio: La generosidad se
contagia y produce el “milagro”. Esto indica que cuando se dejan de acaparar
los bienes, estos llegan a todos. Cuando lo que se acapara son los bienes
imprescindibles para la vida, lo que se está provocando es la muerte.
Así, después de un día con Jesús, el
pueblo fue capaz de compartir lo poco que tenían: unos pedazos de pan duro, y
unos peces resecos. Ese es el gran milagro y el verdadero mensaje. No olvidemos que la Eucaristía comenzó
con una comida en que todo se compartía. La Eucaristía es memoria de esta
actitud de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo
presente a Dios que es don total.
LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA
En el pasaje evangélico de hoy se
destaca la compasión que
siente Jesús hacia la multitud. Compasión significa "sentir con”. La
indiferencia, o lo que es lo mismo, el cerrar el corazón al sufrimiento del
mundo, es lo que hace posible la injusticia y la división profunda entre los
pocos que tienen tanto, frente a los muchos que tienen tan poco. Seguir a Jesús
implica también vivir con el espíritu de Jesús, al modo de Jesús, con los “ojos
abiertos” a la realidad.
Un segundo aspecto que manifiesta Jesús es el
compromiso de “dar de comer a la multitud”, que no significa solamente dar
el pan material, lo cual es necesario también, sino comprometerse en la
construcción de estructuras sociales que garanticen el bien común y la vida
digna para todos. La fe no puede estar alejada de la vida, si no, se
convierte en fe de sacristía, y esa es fe muerta, como afirma Santiago en su 2ª
Carta: “Muéstrame tus obras, y te diré cuál es tu fe”.
Así, después de un día con Jesús, el pueblo fue capaz de compartir lo poco que tenían: unos pedazos de pan duro, y unos peces resecos. Ese es el gran milagro y el verdadero mensaje. No olvidemos que la Eucaristía comenzó con una comida en que todo se compartía. La Eucaristía es memoria de esta actitud de Jesús que se partió y repartió. Al partirse y repartirse, hizo presente a Dios que es don total.
