viernes, 17 de julio de 2026

Día 19 julio de 2026. Domingo XVI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Sabiduría 12,13.16
  • Salmo responsorial 85, 5-6.9-10.15-16
  • Romanos 8,26-27
  • Mateo 13,24-43


     Un domingo más, Jesús nos habla del Reino de Dios con una parábola ambientada en el mundo rural de la Palestina de su tiempo: la parábola de la cizaña que alguien ha sembrado en medio del trigo. La cizaña es una mala hierba de aspecto semejante al trigo, al menos en los primeros meses de crecimiento.

    ¿Qué es la cizaña hoy? Podríamos decir que todo aquello que nos aleja de Dios. Lo que nos impide crecer como cristianos y como personas. El mal, en definitiva. Nos intentan convencer, en muchos lugares, de que todo vale, que cada uno puede pensar y vivir como quiera, de modo que parece no distinguirse el bien del mal.

     Con el Evangelio en la mano, está claro que tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas para no dejarnos abrazar por los tentáculos del mal, aunque venga disfrazada de falsos progresismos. Porque la cizaña nos quiere envolver, a todas horas y en diversos campos: en la conciencia, en el pensamiento, en el trabajo, en la Iglesia, en los grupos, en la política…  Lo malo no es que exista la cizaña, lo malo es acostumbramos a crecer (o menguar) en medio de ella e ir cediendo terreno, queriendo o sin querer, en aquello que es esencial en el seguimiento a Jesús.

    San Agustín decía que hay personas de las que no esperamos nada bueno, pero a veces ocurre que, en el momento menos pensado, por alguna razón, se convierten y llegan a ser los mejores. En cambio, aquel en quien tanto habíamos confiado, en el momento menos pensado, nos decepciona y se convierte en el peor de todos. Esto lo decía San Agustín, tal vez por propia experiencia, porque había sido un perdido, y, sin embargo, por gracia de Dios, se convirtió en una buena persona, ejemplo y maestro de vida cristiana, llegando a ser un gran santo.

    Los Santos son una prueba del cumplimiento de esta parábola. San Pablo, San Agustín, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, y otros muchos, son un ejemplo en quienes vemos cómo Dios ha obrado y cómo ellos han respondido positivamente. Sus autobiografías, no ocultan sus flaquezas y pecados, su necesidad de conversión, y cómo valoran la acción de Dios por medio de otras personas, de la Iglesia, que les ha permitido seguir el camino de Jesucristo, convirtiéndose en ejemplos de cómo seguirlo.

LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA