sábado, 7 de marzo de 2026

Día 8 marzo de 2026. Domingo III de Cuaresma.

 

LECTURAS


  • Éxodo 17,3-7
  • Salmo responsorial  94, 1-2.6-7.8-9
  • Romanos 5,1-2 
  • Jn 4,5-42


      El Evangelio que hemos escuchado hoy, el encuentro de la samaritana con Jesús, nos abre a entender y celebrar con alegría lo que significa el encuentro con Jesús, hecho que ocurrió ya en nuestro bautismo, pero que, entonces no éramos conscientes, pero en la medida en que vamos creciendo y tomando conciencia del amor que Dios nos tiene, nos lleva a descubrir y creer en nuestra condición de hijos de Dios, y  vivir lo que somos, hijos de Dios y hermanos de los demás, todo lo cual se debe verificar en nuestra forma de ser y mirar la realidad en donde vivimos, el modo de tratar a los demás, y sobre todo,  caminar con esperanza,  porque el Señor nos ha llamado y cuenta con nosotros para que, ya desde ahora, viviendo como hijos de Dios, un día participemos de la gloria y vida de Jesucristo resucitado.

    Dios está siempre saliendo a nuestro encuentro. Lo hemos escuchado en el evangelio, cuando el encuentro de la samaritana con Jesús, junto al pozo de Jacob. La samaritana buscaba el agua material porque es una necesidad que tenemos todos; Jesús también fue al pozo a beber agua. Pero Jesús convirtió aquel encuentro en ocasión para tocar el corazón de aquella mujer, cuya vida parece que no tenía mucho sentido. Jesús inició un diálogo con la samaritana que la llevó a mirar su vida por dentro, y le ofreció el agua que saciar la sed: “El que bebe de esta agua del pozo, vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”. Jesús ofrece un agua viva que conduce a la vida eterna. Esta agua de la que habla Jesús es el don del Espíritu Santo y la vida nueva que brota de la fe y el bautismo.

    Hoy Jesús vuelve a salir a nuestro encuentro. Él ve nuestro corazón insaciable y conoce nuestras inquietudes y proyectos, vuelve a salirnos al encuentro. Y Dios que se las sabe todas quiere entrar en nuestra vida y nos dice como a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber…” , “Yo soy”», el que acaso, sin saberlo, estás buscando”.

    La Cuaresma es un tiempo propicio para reavivar la gracia del bautismo y vivir la Vida nueva que un día, por el Espíritu, fue derramada en nuestros corazones. La Cuaresma se vive acudiendo a la fuente de la que brota la vida, que es Jesucristo, quien nos dice: practicar la oración en espíritu y verdad.

    La samaritana abandonó el cántaro de agua, tras encontrar a Cristo, y corrió a anunciar su felicidad a sus paisanos del pueblo, convirtiéndose así en la primera evangelizadora. Es la invitación a ser misioneros, apóstoles, catequistas, a proclamar a todas las gentes la alegría y la paz que llena a quien encuentra al Señor y bebe su agua, como dijo el papa Francisco: “Quien encuentra Cristo, en él nace y renace la alegría”.


LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALAMNSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA