LECTURAS
- Isaías 50,4-7
- Salmo responsorial 21,
- Filipenses 2, 6-11
- Mateo 27-11-54
Todos los evangelistas dedican largo
espacio al relato de la Pasión y Muerte de Jesús. Los hechos son
fundamentalmente los mismos, aunque cada evangelista presenta detalles,
episodios y llamadas de atención, resaltando lo que consideran más
significativo para sus respectivas comunidades.
Mateo repite varias veces que “todo
esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas”. Mateo escribe su evangelio para cristianos
judíos, que han sido adoctrinados por los rabinos para esperar a un Mesías
vencedor, grande y potente. El evangelista quiere ayudar a los lectores a ir
más allá de la mera crónica de los acontecimientos y descubrir el significado
profundo de lo que sucedía, para que vieran al Crucificado como al Mesías
esperado. Dios no ha salvado milagrosamente a Cristo de una situación difícil,
no ha impedido la injusticia y la muerte de su Hijo, pero ha trasformado su
derrota en victoria, su muerte en nacimiento para que surja una vida sin fin.
Comenzamos la Semana Santa, marcada
por el drama de la muerte de Cristo, que celebraremos litúrgicamente en el
Triduo Pascual: Jueves Santo-tarde con la Cena del Señor, Viernes Santo con la
celebración de la Pasión y Muerte de Cristo, y la gran fiesta de la
Resurrección del Señor que celebraremos en la Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección.
Jesús ha vencido. El mal, la muerte, ya no tienen la última palabra.
La marcha del Señor no ha terminado. Hoy
sigue caminando hacia cada uno de nosotros, porque quiere estar cerca de todos.
Él quiere estar cerca de los ancianos y de los jóvenes, de los enfermos y de
los pobres. El Señor camina también hacia cada uno
de nosotros. Quiere encontrarse con cada uno. y desea que sepamos reconocerlo
porque quiere cenar conmigo, contigo; a él gusta siempre la cercanía y la
intimidad. De cada uno depende dejarlo entrar en nuestra casa: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero
una palabra tuya bastará para sanarme”.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA
HOJA DOMINICAL DIOCESANA
Todos los evangelistas dedican largo
espacio al relato de la Pasión y Muerte de Jesús. Los hechos son
fundamentalmente los mismos, aunque cada evangelista presenta detalles,
episodios y llamadas de atención, resaltando lo que consideran más
significativo para sus respectivas comunidades.
Mateo repite varias veces que “todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas”. Mateo escribe su evangelio para cristianos judíos, que han sido adoctrinados por los rabinos para esperar a un Mesías vencedor, grande y potente. El evangelista quiere ayudar a los lectores a ir más allá de la mera crónica de los acontecimientos y descubrir el significado profundo de lo que sucedía, para que vieran al Crucificado como al Mesías esperado. Dios no ha salvado milagrosamente a Cristo de una situación difícil, no ha impedido la injusticia y la muerte de su Hijo, pero ha trasformado su derrota en victoria, su muerte en nacimiento para que surja una vida sin fin.
Comenzamos la Semana Santa, marcada por el drama de la muerte de Cristo, que celebraremos litúrgicamente en el Triduo Pascual: Jueves Santo-tarde con la Cena del Señor, Viernes Santo con la celebración de la Pasión y Muerte de Cristo, y la gran fiesta de la Resurrección del Señor que celebraremos en la Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección. Jesús ha vencido. El mal, la muerte, ya no tienen la última palabra.
La marcha del Señor no ha terminado. Hoy sigue caminando hacia cada uno de nosotros, porque quiere estar cerca de todos. Él quiere estar cerca de los ancianos y de los jóvenes, de los enfermos y de los pobres. El Señor camina también hacia cada uno de nosotros. Quiere encontrarse con cada uno. y desea que sepamos reconocerlo porque quiere cenar conmigo, contigo; a él gusta siempre la cercanía y la intimidad. De cada uno depende dejarlo entrar en nuestra casa: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

