domingo, 22 de marzo de 2026

Día 22 marzo de 2026. Domingo V de Cuaresma. Día del Seminario.




LECTURAS

Ezequiel 37,12-14
Salmo responsorial 129,1-8
Romanos 8,8-11
Juan 11,1-45





     El diálogo de Jesús con Marta nos sitúa ante una pregunta esencial: “Yo soy la resurrección y la vida”.  Esta misma afirmación nos la hace Jesús, hoy, a nosotros, y nos pregunta como preguntó a Marta: “¿Crees tú esto? Es decir, ¿creemos de veras que Jesús es nuestra vida y nuestra esperanza? La fe en la resurrección de Cristo, y en la nuestra, es el núcleo del Evangelio y está en el centro del Credo qué decimos cada domingo en la misa. Al final del Triduo Pascual, en la noche o día de resurrección renovaremos nuestras promesas bautismales, qué tenemos que preparar ya desde ahora, y que consiste fundamentalmente en confesar como Marta: “Sí, Señor, creo que eres el Hijo de Dios, que has venido al mundo para darnos la vida eterna”.

     Hoy celebramos el día del Seminario. Nos interesamos y oramos por los seminaristas que se preparan para ser los sacerdotes de nuestras parroquias en los años próximos. Como familia de Dios que somos, debemos pensar y querer el Seminario como algo propio.

     El sacerdote es el enviado por el obispo a una comunidad parroquial para servir a los fieles de la misma. Esto requiere una formación especial; no solo formación intelectual, sino formación humana y cristiana intensa. San Pablo nos ha dicho que el Espíritu habita en nosotros.  La vida ”según el Espíritu” se aprende en el Seminario, creciendo en libertad interior, discernimiento, madurez humana y espiritual. Solo con un corazón transformado por el Espíritu puede un sacerdote ser fecundo en su servicio a la parroquia. El sacerdote ha de ser pastor, según el modelo del Buen Pastor que es Jesucristo. Por ello lo mismo que Jesucristo acompañó a la familia de Betania por la muerte del hermano Lázaro, también el sacerdote debe acompañar y sostener la esperanza de los cristianos a él confiados, curar las heridas, por mediación de la palabra anunciada, los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el sacramento del Perdón.  Hemos escuchado en el Evangelio que Jesús resucita a Lázaro, pero confía a los allí presentes la tarea de desatarlo. Así también, la vocación de sacerdote nace y crece en una Iglesia que ora, apoya, acompaña y crea un clima donde la llamada pueda escucharse.

     El día del Seminario nos recuerda que todos somos responsables de ayudar a quienes el Señor llama, para que puedan ponerse en camino para servir a Dios y a los demás como sacerdotes. Además de nuestra oración, también manifestamos nuestro apoyo con nuestra ayuda económica para hacer frente a los gastos que supone la formación de los seminaristas.

 

LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA