LECTURAS
Está a la vista que este mundo en que
vivimos no es perfecto; basta escuchar las noticias, o asomarse a la calle,
para ver que no todo funciona bien. Parece que el mal tiene las riendas del
mundo. Los “malos” viven bien, y los “buenos” no dejan de sufrir. También es
verdad que hay muchas cosas buenas que pasan, pero no salen en los periódicos,
porque no venden tanto como las malas cosas. El mal, por lo general hace mucho
ruido.
Como creyentes, tenemos que intentar ver
la vida de otra manera. Lo primero, no conformarnos con lo que hay. Nos lo dice
la primera lectura del profeta Ezequiel: somos atalayas, centinelas de Dios en
el mundo. Por eso nos toca ser mensajeros, y no dejar que los demás, por
nuestra omisión se pierdan, o incluso se cierren a la vida eterna.
A través del perdón y de la reconciliación podemos restablecer las relaciones comunitarias. No somos un montón de personas, sino una comunidad de creyentes, en la que todos dependemos unos de otros para poder ser mejores. En Jesús tenemos el ejemplo a seguir: él es el Buen Pastor que busca la oveja perdida hasta que la encuentra y la devuelve al rebaño. Que sepamos imitarlo, para amar más y más a nuestros hermanos.
