sábado, 5 de septiembre de 2026

Día 6 septiembre de 2026. Domingo XXIII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

Ezequiel 33,7-9
Salmo responsorial 94,1-2.6-7.8-9
Romanos 13,8-10
Mateo 18,15-20



    Está a la vista que este mundo en que vivimos no es perfecto; basta escuchar las noticias, o asomarse a la calle, para ver que no todo funciona bien. Parece que el mal tiene las riendas del mundo. Los “malos” viven bien, y los “buenos” no dejan de sufrir. También es verdad que hay muchas cosas buenas que pasan, pero no salen en los periódicos, porque no venden tanto como las malas cosas. El mal, por lo general hace mucho ruido.

  Como creyentes, tenemos que intentar ver la vida de otra manera. Lo primero, no conformarnos con lo que hay. Nos lo dice la primera lectura del profeta Ezequiel: somos atalayas, centinelas de Dios en el mundo. Por eso nos toca ser mensajeros, y no dejar que los demás, por nuestra omisión se pierdan, o incluso se cierren a la vida eterna.

  Jesús nos propone cómo ayudar a quienes, siendo de los nuestros, se han apartado del camino. Por experiencia, sabemos que corregir a alguien no es fácil. Hay que encontrar la forma de conjugar el amor fraterno y cierta sensibilidad para ayudar sin ofender. Esto exige darse un tiempo y no precipitarse, apoyarse en la Palabra de Dios, lo que exige humildad, por parte del que corrige, porque debe saber que él no es perfecto, y el corregido, necesita dejarse iluminar por las personas que están cerca y ven lo que puedes hacer mejor. No siempre gusta cuando te dicen que estás haciendo algo que no es lo correcto. En todo caso, hay que hacerlo todo con amor. Uno que ama a su prójimo no le hace daño. El amar a alguien incluye corregir con amor al que se ha equivocado.

  A través del perdón y de la reconciliación podemos restablecer las relaciones comunitarias. No somos un montón de personas, sino una comunidad de creyentes, en la que todos dependemos unos de otros para poder ser mejores. En Jesús tenemos el ejemplo a seguir: él es el Buen Pastor que busca la oveja perdida hasta que la encuentra y la devuelve al rebaño. Que sepamos imitarlo, para amar más y más a nuestros hermanos.

LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ROQUE DE ALMANSA