domingo, 20 de octubre de 2024
Día 20 octubre de 2024. Domingo XXIX del Tiempo Ordinario. Jornada del DOMUND.
viernes, 11 de octubre de 2024
Día 13 octubre de 2024. Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.
LECTURAS
- Sabiduría 7,7-11
- Salmo responsorial 89, 12-13.14-15.16-17
- Hebreos 4,12-13
- Marcos 10,17-30
Llama la
atención el individuo del evangelio, un joven según el evangelio de Mateo, que tiene todo
lo que hoy se requiere para ser feliz (juventud, riqueza, estatus social), sin embargo,
siente un vacío en su vida, y se acerca a Jesús de Nazaret, de quien espera una
respuesta que calme su angustia. No parece preocuparle la vida terrena, que la
tiene resuelta; él pregunta dónde encontrar una vida plena y llena de sentido.
Jesús le
contesta: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno, más que Dios”, lo que
significa que: solo Dios es el último fundamento de todo. Sin Dios el ser
humano no sabe a dónde va; solo Dios da sentido a nuestra vida y plenitud para
siempre. La respuesta de
Jesús al joven: “cumple los mandamientos”, es también la propuesta que nos hace Jesús a
nosotros hoy, posiblemente en estos términos: ahí tenéis mi Palabra, que es el evangelio, léelo
y medítalo; ahí tienes mi familia según la fe, la Iglesia, que te ayuda a
conocerme; ahí tienes los sacramentos, momentos del encuentro más personal con
Dios mientras caminamos por este mundo.
Hay un gesto
en el evangelio con mucho contenido: la mirada de Jesús. Si el evangelista pone
de relieve la “mirada” de Jesús es porque debió ser algo que impresionó a los
testigos de la escena. Jesús comienza a
mirar a aquel joven de un modo nuevo. Se diría que, mirándolo, Jesús descubre
quién es ese joven en su interior. Es la mirada de Dios sobre todo ser humano, porque
Dios por encima de todo nos ama, pero debemos corresponder, dejando que esa
mirada de amor entre en nosotros, es decir, que nos sintamos queridos por Dios.
Un “cristiano”
es el que sigue a Cristo, escucha su Palabra, conoce su vida, y se esfuerza por
vivir como Cristo vivió. Un cristiano
así es distinto de un simple “bautizado”, porque podemos estar bautizados, pero
no seguir ni cumplir lo que Cristo nos propone como modo de ser feliz en lo que
somos y hacemos ahora, y feliz plenamente en la vida del Reino de Dios o vida
eterna.
Nosotros no
carecemos de nada, o de casi nada, y, sin embargo, a pesar de tenerlo todo, se
nos ve tristes, no somos felices. ¿Por qué no tenemos la alegría del Evangelio?
Tal vez, porque vivimos una búsqueda desenfrenada de bienestar material,
tentados por una publicidad que nos ciega, a la que respondemos muchas veces
inconscientemente, una sociedad que nos invita a lo superficial, al consumismo,
a disfrutar el momento presente, sin mirar hacia la meta final.
Quien no lee el
Evangelio, quien no celebra y participa cada domingo de la Eucaristía, quien no
celebra los sacramentos, difícilmente puede encontrarse con Jesucristo, que
está siempre a la espera para mirarnos con amor y decirnos “ven y sígueme”.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
Llama la
atención el individuo del evangelio, un joven según el evangelio de Mateo, que tiene todo
lo que hoy se requiere para ser feliz (juventud, riqueza, estatus social), sin embargo,
siente un vacío en su vida, y se acerca a Jesús de Nazaret, de quien espera una
respuesta que calme su angustia. No parece preocuparle la vida terrena, que la
tiene resuelta; él pregunta dónde encontrar una vida plena y llena de sentido.
Hay un gesto en el evangelio con mucho contenido: la mirada de Jesús. Si el evangelista pone de relieve la “mirada” de Jesús es porque debió ser algo que impresionó a los testigos de la escena. Jesús comienza a mirar a aquel joven de un modo nuevo. Se diría que, mirándolo, Jesús descubre quién es ese joven en su interior. Es la mirada de Dios sobre todo ser humano, porque Dios por encima de todo nos ama, pero debemos corresponder, dejando que esa mirada de amor entre en nosotros, es decir, que nos sintamos queridos por Dios.
Un “cristiano” es el que sigue a Cristo, escucha su Palabra, conoce su vida, y se esfuerza por vivir como Cristo vivió. Un cristiano así es distinto de un simple “bautizado”, porque podemos estar bautizados, pero no seguir ni cumplir lo que Cristo nos propone como modo de ser feliz en lo que somos y hacemos ahora, y feliz plenamente en la vida del Reino de Dios o vida eterna.
Nosotros no
carecemos de nada, o de casi nada, y, sin embargo, a pesar de tenerlo todo, se
nos ve tristes, no somos felices. ¿Por qué no tenemos la alegría del Evangelio?
Tal vez, porque vivimos una búsqueda desenfrenada de bienestar material,
tentados por una publicidad que nos ciega, a la que respondemos muchas veces
inconscientemente, una sociedad que nos invita a lo superficial, al consumismo,
a disfrutar el momento presente, sin mirar hacia la meta final.
Quien no lee el
Evangelio, quien no celebra y participa cada domingo de la Eucaristía, quien no
celebra los sacramentos, difícilmente puede encontrarse con Jesucristo, que
está siempre a la espera para mirarnos con amor y decirnos “ven y sígueme”.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
viernes, 4 de octubre de 2024
Día 6 octubre de 2024. Domingo XXVII del Tiempo ordinario.
LECTURAS
- Génesis 2,18-24
- Salmo responsorial 127, 1-2.3.4-5.6
- Hebreos 2, 9-11
- Marcos 10, 1-12
El “repudio” (que hoy llamamos “divorcio”), en la época de Jesús era una tremenda discriminación de la mujer. Había toda una casuística
con razones ridículas para despedir a la esposa: si la mujer se despistaba y se
le quemaba la comida, si el marido había encontrado otra mujer más atractiva,
etc., eran motivos de “repudio” por parte del varón. Jesús rompe con esta
interpretación machista por la cual el hombre podía despedir a su mujer por
cualquier causa y se pone de parte del más débil, en este caso la mujer.
Ante la
pregunta-trampa que los fariseos le hacen, arguyendo desde una ley antigua que daba al hombre el poder de
expulsar a su mujer de la familia, Jesús le remite al designio original de Dios, y lo
hace citando el primer libro de la Biblia, el Génesis, donde está escrito: “Serán
dos en una sola carne”; esta es una expresión hebrea que significa: “dos en
plena comunión de amor”. Es decir, contra la mentalidad y cultura judía de la
época, Jesús afirma la igualdad del hombre y de la mujer, fundamentadas en el
amor, que sólo es posible si hay igualdad y dignidad.
Jesús
termina la discusión con las palabras del Génesis: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”, con lo que afirma
que el amor verdadero no se acaba nunca. Dios que es amor ha puesto la semilla
del amor en el corazón del hombre y de la mujer para que vivan el matrimonio en
plena comunión de vida. En consecuencia, Dios no quiere mujeres sometidas al
varón, Jesús no admite la superioridad del varón y el sometimiento de la mujer,
sino que afirma la igualdad y dignidad de ambos, cuyo fruto debe ser un amor
verdadero entre ambos.
Dios nos ha creado a su imagen y semejanza; y justamente,
por eso, tenemos capacidad de amar. Y es precisamente cuando nos amamos cuando
nos parecemos a Dios. Por eso dirá Jesús a todos sus discípulos:” Amaos unos a
otros como yo os he amado”.
El matrimonio cristiano es el lazo de unión por el que un
hombre y una mujer se comprometen a vivir amándose el uno al otro durante toda
la vida, como Cristo nos ha amado, siendo así reflejos del amor de Dios.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
El “repudio” (que hoy llamamos “divorcio”), en la época de Jesús era una tremenda discriminación de la mujer. Había toda una casuística
con razones ridículas para despedir a la esposa: si la mujer se despistaba y se
le quemaba la comida, si el marido había encontrado otra mujer más atractiva,
etc., eran motivos de “repudio” por parte del varón. Jesús rompe con esta
interpretación machista por la cual el hombre podía despedir a su mujer por
cualquier causa y se pone de parte del más débil, en este caso la mujer.
Ante la
pregunta-trampa que los fariseos le hacen, arguyendo desde una ley antigua que daba al hombre el poder de
expulsar a su mujer de la familia, Jesús le remite al designio original de Dios, y lo
hace citando el primer libro de la Biblia, el Génesis, donde está escrito: “Serán
dos en una sola carne”; esta es una expresión hebrea que significa: “dos en
plena comunión de amor”. Es decir, contra la mentalidad y cultura judía de la
época, Jesús afirma la igualdad del hombre y de la mujer, fundamentadas en el
amor, que sólo es posible si hay igualdad y dignidad.
Dios nos ha creado a su imagen y semejanza; y justamente,
por eso, tenemos capacidad de amar. Y es precisamente cuando nos amamos cuando
nos parecemos a Dios. Por eso dirá Jesús a todos sus discípulos:” Amaos unos a
otros como yo os he amado”.
El matrimonio cristiano es el lazo de unión por el que un
hombre y una mujer se comprometen a vivir amándose el uno al otro durante toda
la vida, como Cristo nos ha amado, siendo así reflejos del amor de Dios.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
viernes, 27 de septiembre de 2024
Día 29 septiembre de 2024. Domingo XXVI del Tiempo Ordinario.
LECTURAS
- Números 11,25-29
- Salmo responsorial 18, 8.10.12-13.14
- Santiago 5, 1-6
- Marcos 9, 38-43.45.47-48
El evangelio relata la queja del discípulo Juan a Jesús, al que dice: “Hemos visto a uno que
echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene
con nosotros”. La respuesta de Jesús no se hace esperar: “No se lo
impidáis, porque
el que hace milagros en mi nombre, no puede hablar mal de mí”. Con estas palabras Jesús descalifica la intolerancia, porque lo que
importa es que se haga el bien. Así, Jesús nos invita al respeto y a la alegría
por el bien que se hace, lo haga quien lo haga. La pretensión de monopolizar el
bien y la verdad son actitudes extrañas a Jesús y, en consecuencia,
deben ser extrañas a los discípulos de Jesús que somos nosotros, los cristianos,
como ya declaró el concilio Vaticano II: “Nada hay verdaderamente humano que no
encuentre eco en el corazón de los discípulos de Cristo” (GS 1)
¿Qué significa hoy “echar
demonios”? Significa liberar de las esclavitudes, es luchar contra el mal,
contra todo aquello que impide una vida plenamente humana. Así pues, todos los
que, de alguna manera, trabajan por el crecimiento y la liberación de la vida
del ser humano “están con nosotros”, dice Jesús.
Jesús s muestra una segunda prioridad, que la podemos
apreciar en todas las páginas de los evangelios: son los pequeños, los que no
cuentan, los marginados. Y por eso, Jesús
añade:” El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, no se
quedará sin recompensa”. Dar un vaso de agua es una expresión concreta de
acogida y de solidaridad. “Dar un vaso de agua” era el modo de hablar de la
época, que no debemos de entenderlo al pie de la letra. Jesús quiere decir que
cualquier acción que ayude a los demás a ser más humanos, beneficia no sólo al
que lo recibe, sino, en primer lugar, al que lo hace, porque la recompensa está
en la misma acción.
Y, por último, Jesús hace una llamada a vivir su seguimiento, no a
medias tintas, sino con radicalidad, como expresan sus palabras: “Y, si tu mano te induce a pecar, córtatela…
si tu pie te induce a pecar, córtatelo…
si tu ojo te induce a pecar, sácatelo.... “. Ciertamente las palabras de Jesús,
fuertemente expresivas no hay que entenderlas al pie de la
letra. Estas palabras nos invitan a ir
erradicar aquello que impide nuestro crecer como personas, o que dificulta
nuestra misión, porque está en juego entrar en la Vida y ante el don del Reino de
Dios no vale la mediocridad.
LECTIO DIVINA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
COMIENZO DE LA CATEQUESISI CURSO 2024-2025
A partir del 1 de octubre comenzamos la catequesis de iniciación cristiana:
MARTES: 2º año de catequesis, a las 6 de la tarde.
MIÉRCOLES: 3º año de catequesis, a las 6 de la tarde.
JUEVES: 1º año de catequesis, a las 6 de la tarde.
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El evangelio relata la queja del discípulo Juan a Jesús, al que dice: “Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros”. La respuesta de Jesús no se hace esperar: “No se lo impidáis, porque el que hace milagros en mi nombre, no puede hablar mal de mí”. Con estas palabras Jesús descalifica la intolerancia, porque lo que importa es que se haga el bien. Así, Jesús nos invita al respeto y a la alegría por el bien que se hace, lo haga quien lo haga. La pretensión de monopolizar el bien y la verdad son actitudes extrañas a Jesús y, en consecuencia, deben ser extrañas a los discípulos de Jesús que somos nosotros, los cristianos, como ya declaró el concilio Vaticano II: “Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de los discípulos de Cristo” (GS 1)
¿Qué significa hoy “echar demonios”? Significa liberar de las esclavitudes, es luchar contra el mal, contra todo aquello que impide una vida plenamente humana. Así pues, todos los que, de alguna manera, trabajan por el crecimiento y la liberación de la vida del ser humano “están con nosotros”, dice Jesús.
Jesús s muestra una segunda prioridad, que la podemos apreciar en todas las páginas de los evangelios: son los pequeños, los que no cuentan, los marginados. Y por eso, Jesús añade:” El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, no se quedará sin recompensa”. Dar un vaso de agua es una expresión concreta de acogida y de solidaridad. “Dar un vaso de agua” era el modo de hablar de la época, que no debemos de entenderlo al pie de la letra. Jesús quiere decir que cualquier acción que ayude a los demás a ser más humanos, beneficia no sólo al que lo recibe, sino, en primer lugar, al que lo hace, porque la recompensa está en la misma acción.
Y, por último, Jesús hace una llamada a vivir su seguimiento, no a medias tintas, sino con radicalidad, como expresan sus palabras: “Y, si tu mano te induce a pecar, córtatela… si tu pie te induce a pecar, córtatelo… si tu ojo te induce a pecar, sácatelo.... “. Ciertamente las palabras de Jesús, fuertemente expresivas no hay que entenderlas al pie de la letra. Estas palabras nos invitan a ir erradicar aquello que impide nuestro crecer como personas, o que dificulta nuestra misión, porque está en juego entrar en la Vida y ante el don del Reino de Dios no vale la mediocridad.
LECTIO DIVINA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
COMIENZO DE LA CATEQUESISI CURSO 2024-2025
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viernes, 20 de septiembre de 2024
Día 22 septiembre de 2024. Domingo XXV del Tiempo Ordinario.
LECTURAS
- Sabiduría 2, 12.17-20
- Salmo responsorial
- Santiago 3, 16-4,3
- Marcos 9, 30-37
Nuestra
sociedad tiene su baremo para medir la importancia de una persona, y así se
habla de los más ricos del mundo, los más influyentes de la sociedad, si es un
deportista, la importancia se mide por triunfos y fortuna. Muy pocas veces,
nuestra sociedad considera a las personas que entregan toda su vida o muchos
momentos de la misma para ayudar a los más desfavorecidos, y que siempre están ahí
cuando se les necesita. Jesús sí que
aprecia a estas personas, con quienes se identifica, como él mismo declaró: “Lo
que hacéis a uno de estos pequeños, mis hermanos, a mí me lo hacéis”. Por
tanto, Jesús nos ayuda a mirar el mundo como él lo mira, como ha dejado muy
claro en la propuesta que hace a los discípulos en el evangelio de hoy: “Quien
quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos; y el
que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí, y acoge al que me ha
enviado".
Jesús no
solo predica el servicio, sino que él mismo se hace servidor de los otros: “El Hijo
del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate
por muchos”. Esto mismo lo resume el evangelista Juan, tras el lavatorio de los
pies de los discípulos, cuando Jesús explica el gesto: “Os he dado ejemplo para
lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Así pues, según
Jesús, servir es amar. Pensemos en la familia, como los padres y madres se desviven
por sus hijos; no los sirven por obligación, sino porque los quieren. En cambio,
la vanidad es todo lo contrario: el vanidoso siempre quiere ser el primero, nunca
se hará servidor porque solo piensa en sí mismo.
Cuando Jesús nos
dice que sirvamos a los demás, nos está diciendo que pongamos los dones y
capacidad recibidos a disposición de quienes tenemos al lado, y si lo hacemos
es señal de que hemos aprendido a amar.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
INSCRIPCIÓN DE CATEQUESIS
Durante el mes de septiembre es el tiempo de hacer la inscripción para catequesis de iniciación cristiana y preparación a la Primera Comunión. Pueden pasar por el despacho parroquial de 7 a 8 y de 8,30-a 9 de la tarde, donde pueden recoger las fichas correspondientes.Los días de catequesis son los siguientes:
Martes: 2º año de catequesisMiércoles: 3º año de catequesisJueves: 1º año de catequesis.Viernes: Catequesis de Confirmación, a las 17,00h.
Nuestra sociedad tiene su baremo para medir la importancia de una persona, y así se habla de los más ricos del mundo, los más influyentes de la sociedad, si es un deportista, la importancia se mide por triunfos y fortuna. Muy pocas veces, nuestra sociedad considera a las personas que entregan toda su vida o muchos momentos de la misma para ayudar a los más desfavorecidos, y que siempre están ahí cuando se les necesita. Jesús sí que aprecia a estas personas, con quienes se identifica, como él mismo declaró: “Lo que hacéis a uno de estos pequeños, mis hermanos, a mí me lo hacéis”. Por tanto, Jesús nos ayuda a mirar el mundo como él lo mira, como ha dejado muy claro en la propuesta que hace a los discípulos en el evangelio de hoy: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos; y el que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí, y acoge al que me ha enviado".
Jesús no solo predica el servicio, sino que él mismo se hace servidor de los otros: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por muchos”. Esto mismo lo resume el evangelista Juan, tras el lavatorio de los pies de los discípulos, cuando Jesús explica el gesto: “Os he dado ejemplo para lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Así pues, según Jesús, servir es amar. Pensemos en la familia, como los padres y madres se desviven por sus hijos; no los sirven por obligación, sino porque los quieren. En cambio, la vanidad es todo lo contrario: el vanidoso siempre quiere ser el primero, nunca se hará servidor porque solo piensa en sí mismo.
Cuando Jesús nos
dice que sirvamos a los demás, nos está diciendo que pongamos los dones y
capacidad recibidos a disposición de quienes tenemos al lado, y si lo hacemos
es señal de que hemos aprendido a amar.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
INSCRIPCIÓN DE CATEQUESIS
viernes, 13 de septiembre de 2024
Día 15 septiembre de 2024. Domingo XXIV del Tiempo Ordinario.
- Isaías 50,5-9a
- Salmo responsorial 114, 1-2.3-4.5-6.8-9
- Santiago 2, 14--18
- Marcos 8,27-35
La pedagogía de Jesús le lleva a preguntar
a los discípulos sobre quién dicen las gentes que es él. Las respuestas
son generales: unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que los
profetas. Jesús sabe que su misión es entendida de varias formas, como se va
percibiendo a lo largo del evangelio. Pero a Jesús le interesa la respuesta de
sus propios discípulos, los cercanos, aquellos que comparten vida con él, de
quienes espera que hayan entendido correctamente quién es Él y cuál es la
clase de mesianismo que viene a realizar. Pedro toma la palabra, pero su
respuesta adelanta la incomprensión que el mismo Jesús sufrirá, no solo por
parte del pueblo judío, sino también entre los suyos.
Cuando parece que Pedro conoce bien la
respuesta: “Tu eres el Cristo”, Jesús se anima a explicarles mejor qué tipo de
mesianismo está realizando; pero rápidamente se da cuenta que no lo han
entendido, como da a entender Pedro que comienza a reprenderlo por decir
que sería reprobado por las instituciones religiosas de su tiempo, sería
asesinado y, solo después, habría de resucitar.
Jesús manifiesta que será un mesías que
sufrirá y será crucificado, y quien esté dispuesto a ser su discípulo, ha de
correr su misma suerte. Pero Pedro no parece estar dispuesto a ello, y trata de
corregir a Jesús, quien le llama “Satanás”, dándole las razones de tal nombre:
Pedro, y seguramente la mayoría de los discípulos, están esperando un
mesianismo de gloria, de triunfos, de acogida multitudinaria. Por eso dice
Jesús: “Tú piensas como los hombres, no como Dios.”
Este texto sigue vigente hoy, y
desde él tenemos que comprender quién es y qué representa Jesucristo para
nosotros. Con frecuencia entendemos que Jesucristo
es un Dios al que le pedimos bendiciones, y nuestras oraciones se limitan
a pedir cosas o favores que nos saquen de apuros o nos den suerte; o lo
hemos convertido en un Dios al que honramos con actos de culto, cumpliendo
ciertas normas y mandatos; o también, lo hemos convertido en un Dios a nuestra
medida que justifica nuestros estilos de vida, por lo que nos aplicamos ciertas
palabras suyas y otras las ignoramos. Podríamos seguir describiendo otras
deformaciones de la persona de Jesús. Y
lo malo está en que, con frecuencia, no buscamos momentos para escuchar la
Palabra de Dios, o rehusamos formarnos como cristianos, que nos ayude a
comprender mejor a Jesús y sus implicaciones como discípulos
Este
evangelio de hoy nos invita a entender quién es Jesús y, en consecuencia, nos
ayuda a seguirle en lo que Él es, y no acomodándolo a nuestros intereses o
gustos personales.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA
La pedagogía de Jesús le lleva a preguntar a los discípulos sobre quién dicen las gentes que es él. Las respuestas son generales: unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que los profetas. Jesús sabe que su misión es entendida de varias formas, como se va percibiendo a lo largo del evangelio. Pero a Jesús le interesa la respuesta de sus propios discípulos, los cercanos, aquellos que comparten vida con él, de quienes espera que hayan entendido correctamente quién es Él y cuál es la clase de mesianismo que viene a realizar. Pedro toma la palabra, pero su respuesta adelanta la incomprensión que el mismo Jesús sufrirá, no solo por parte del pueblo judío, sino también entre los suyos.
Cuando parece que Pedro conoce bien la respuesta: “Tu eres el Cristo”, Jesús se anima a explicarles mejor qué tipo de mesianismo está realizando; pero rápidamente se da cuenta que no lo han entendido, como da a entender Pedro que comienza a reprenderlo por decir que sería reprobado por las instituciones religiosas de su tiempo, sería asesinado y, solo después, habría de resucitar.
Jesús manifiesta que será un mesías que
sufrirá y será crucificado, y quien esté dispuesto a ser su discípulo, ha de
correr su misma suerte. Pero Pedro no parece estar dispuesto a ello, y trata de
corregir a Jesús, quien le llama “Satanás”, dándole las razones de tal nombre:
Pedro, y seguramente la mayoría de los discípulos, están esperando un
mesianismo de gloria, de triunfos, de acogida multitudinaria. Por eso dice
Jesús: “Tú piensas como los hombres, no como Dios.”
Este texto sigue vigente hoy, y desde él tenemos que comprender quién es y qué representa Jesucristo para nosotros. Con frecuencia entendemos que Jesucristo es un Dios al que le pedimos bendiciones, y nuestras oraciones se limitan a pedir cosas o favores que nos saquen de apuros o nos den suerte; o lo hemos convertido en un Dios al que honramos con actos de culto, cumpliendo ciertas normas y mandatos; o también, lo hemos convertido en un Dios a nuestra medida que justifica nuestros estilos de vida, por lo que nos aplicamos ciertas palabras suyas y otras las ignoramos. Podríamos seguir describiendo otras deformaciones de la persona de Jesús. Y lo malo está en que, con frecuencia, no buscamos momentos para escuchar la Palabra de Dios, o rehusamos formarnos como cristianos, que nos ayude a comprender mejor a Jesús y sus implicaciones como discípulos
Este
evangelio de hoy nos invita a entender quién es Jesús y, en consecuencia, nos
ayuda a seguirle en lo que Él es, y no acomodándolo a nuestros intereses o
gustos personales.
LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA
jueves, 5 de septiembre de 2024
Día 8 septiembre de 2024-Domingo XXIII del Tiempo Ordinario.
LECTURAS
- “¡Éffeta! palabra aramea (lengua de Jesús), que significa “ábrete”, es la palabra clave en el evangelio de hoy. Podemos identificarla con el verbo “escuchar”, que es algo más que oír, y tiene una dimensión humana y espiritual muy importante. Aprendiendo a escuchar la Palabra de Dios, aprendemos también a escucharnos los unos a los otros, y así dialogar y entendernos. Dialogar es una necesidad que tenemos cada persona y también la sociedad, especialmente en estos tiempos en que vamos hasta por la calle pendientes del móvil y ausentes de los demás. Por eso, los cristianos en la medida en que aprendamos a escuchar la Palabra de Dios, aprenderemos a dialogar y ser mejores ciudadanos.
- El sordomudo del evangelio de hoy es una figura representativa de nuestra cerrazón mental como discípulos de Jesús. Muchísimos bautizados nunca han oído la Palabra de Dios; de hecho, a muchos no les suena el evangelio; y muchos bautizados cuando asisten a la misa o a una celebración sacramental, no prestan atención a la Palabra que se proclama, sino que están distraídos de mil maneras: pendientes del móvil, algunos charlando con el vecino; cuando se trata de una boda, más pendientes del coro que canta, o haciendo comentarios sobre los novios u otras cuestiones; y cuántas veces pendientes del reloj porque aquello parece que no acaba nunca.
- Nuestro mundo, y especialmente nuestras sociedades occidentales se están haciendo sordas a Dios. Hoy Jesús nos diría: “¡Éffeta Europa! ¡Ábrete Occidente! No conseguimos oír a Dios, porque nos dejamos arrastrar por la cultura de la superficialidad, del ruido, de las prisas; incluso somos sordomudos ante la vida: no apreciamos el misterio de la vida, se hacen leyes para eliminar la vida, se trafica con la vida humana, se deja que el mar se trague muchas vidas humanas; el horror de las guerras que llenan buena parte de los telediarios y noticias de prensa, las seguimos como si se tratara de un espectáculo, pensamos que eso nos queda lejano. ¿Cómo vamos a percibir la presencia de Dios si vivimos fuera de nosotros, incapaces de entrar en nuestro interior? Ya lo dijo San Agustín de sí mismo: “Señor, yo te buscaba por las afueras, y tú estabas dentro de mí, porque tú eres más interior a mí que yo mismo”.
- La curación del sordomudo nos invita a dejar que Jesús siga realizando en cada uno de nosotros su gesto liberador, que lo hace por medio de su Palabra y por medio de los sacramentos de la Iglesia, signos y acciones visibles en los que actúa Dios de manera invisible, dándonos vida ahora, y ayudándonos a caminar hacia la vida en Dios.





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