sábado, 2 de mayo de 2026

Día 3 mayo de 2026. Domingo V de Pascua.

 

LECTURAS

  • Hechos de los Apóstoles 6,1-7
  • Salmo responsorial 97,1-4
  • 1 Pedro 2,4-9
  • Juan 14,1-12


    Creed en Dios y creed también en mí”, dice Jesús. Estas palabras no son una fórmula mágica que “hace desaparecer” los problemas, ni tampoco que Él nos vaya a resolver las cosas.  Cuando dice: “fiaos de Dios y fiaros de mí”, nos pide que seamos conscientes de que nuestra vida está en las manos de Dios, y que Él está ayudándonos a salir adelante; él está más dentro de nosotros que nosotros mismos” (S. Agustín).  Y nos dice que, con el corazón y la mente calmados, se perciben mejor las cosas.

   Cuando Jesús pronuncia las palabras del evangelio de hoy, estaba avisando a sus discípulos de que se va; eso provocó desconcierto entre ellos y se preguntaban:  ¿Y ahora qué?, porque hasta ese momento todo les había resultado relativamente fácil. Estaban a gusto con el Maestro; siempre tenía una palabra apropiada, un gesto oportuno o una solución ante cualquier dificultad.

     Y si se va Jesús, ¿qué hacemos?  Lo primero que hace Jesús, y esto vale también para nosotros,  es corregir nuestra idea de Dios, que es lo que fue mostrando con su forma de vida y con su enseñanza: Jesús nos presenta un “rostro” de Dios cercano, que quiere nuestra felicidad/salvación, que ya sabe lo que nos pasa antes de pedírselo, que no necesitamos acumular méritos para que nos escuche y atienda, que no se aleja de nosotros, sino que nos busca.

    Lo que Jesús nos propone es andar nuestro camino de cada día, sabiendo que él nos acompaña: “Nadie va al Padre sino por mí”. Con frecuencia, somos como los viejos molinos, cuya rueda (la piedra que muele)recorre su camino dando vueltas siempre en el mismo lugar. También nosotros damos vueltas a las mismas cosas, a las mismas historias, a las mismas personas, con los mismos estilos… En cambio, Jesús nos impulsa a salir a los caminos, es decir, saliendo al encuentro del mundo y de las gentes. ¿Cómo caminaba Jesús?: Perdonando, acompañando, descubriendo la presencia de Dios en las cosas cotidianas: la siembra, la pesca, el sol que sale,  la mujer que barre buscando una moneda perdida, o que amasa el pan, un árbol en medio de una huerta… Y haciéndose prójimo de todos los que va encontrándose tirados a la vera de los caminos.  Por eso nos dice Jesús: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”. 

     Quien recorre su propio camino al estilo de Jesús, acaba siendo “uno con Jesús y con el Padre”, teniendo claro que Dios está siempre poniendo esperanza, fortaleza y paz.

 LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA