Día 19 de abril de 2026. Domingo III de Pascua.
LECTURAS
- Hechos de los Apóstoles 2,14.22-23
- Salmo responsorial 118, 23-24.26-27. 29-30
- En el Evangelio vemos que el encuentro
culminante fue cuando en la mesa, al ver a Jesús tomar, bendecir y partir el
pan los discípulos lo reconocieron. Este gesto, renovado en cada Eucaristía es
una acción sacramental que hace presente hoy al Señor resucitado en su Cuerpo y
Sangre, que es la persona de Jesucristo. Y este reconocimiento se prepara en la
escucha de la Palabra que enciende el corazón y dispone al encuentro con Cristo
en la Comunión.
- Observamos en el evangelio de hoy que Jesús
desaparece físicamente de su vista, pero los discípulos ya no están solos
(Jesús resucitado, de manera invisible, está con ellos y los acompaña). Por eso,
de inmediato llenos de alegría regresan a Jerusalén para anunciar a los demás
discípulos lo que ellos acaban de vivir, el encuentro con Jesús resucitado al
partir el Pan.
- Jesucristo nos ha mostrado el amor
de Dios haciéndose hombre y caminando con nosotros, así lo vemos en su vida
histórica hasta la muerte, a la que le da un sentido de perdón y reconciliación.
Y él continúa actuando en su familia, la Iglesia, como ya nos dijo el domingo pasado: “Como el Padre
me ha enviado así os envío yo”; y también: “id al mundo entero y anunciad el
Evangelio, enseñando todo lo que yo os he mandado, y sabed que yo estoy con
vosotros cada día hasta el fin de los tiempos”.
- Los cristianos estamos llamados a ser en
el mundo, no meros espectadores; al contrario, Jesús nos invita a implicarnos, a
contemplar nuestra vida con los ojos de Dios. La Eucaristía ha de ocupar el
centro de nuestra vida porque es Cristo quien sale a nuestro encuentro para
alentarnos en el camino, señalarnos la meta y asegurarnos que está con nosotros,
como hemos visto en los discípulos de Emaús.