LECTURAS
- Éxodo 17,3-7
- Salmo responsorial 94, 1-2.6-7.8-9
- Romanos 5,1-2
- Jn 4,5-42
El Evangelio que hemos escuchado hoy, el
encuentro de la samaritana con Jesús, nos abre a entender y celebrar con
alegría lo que significa el encuentro con Jesús, hecho que ocurrió ya en
nuestro bautismo, pero que, entonces no éramos conscientes, pero en la medida
en que vamos creciendo y tomando conciencia del amor que Dios nos tiene, nos
lleva a descubrir y creer en nuestra condición de hijos de Dios, y vivir lo que somos, hijos de Dios y hermanos
de los demás, todo lo cual se debe verificar en nuestra forma de ser y mirar la
realidad en donde vivimos, el modo de tratar a los demás, y sobre todo, caminar con esperanza, porque el Señor nos ha llamado y cuenta con
nosotros para que, ya desde ahora, viviendo como hijos de Dios, un día
participemos de la gloria y vida de Jesucristo resucitado.
Dios está siempre saliendo a nuestro
encuentro. Lo hemos escuchado en el evangelio, cuando el encuentro de la
samaritana con Jesús, junto al pozo de Jacob. La samaritana buscaba el agua material
porque es una necesidad que tenemos todos; Jesús también fue al pozo a beber
agua. Pero Jesús convirtió aquel encuentro en ocasión para tocar el corazón de
aquella mujer, cuya vida parece que no tenía mucho sentido. Jesús inició un diálogo con la
samaritana que la llevó a mirar su vida por dentro, y le ofreció el agua que saciar
la sed: “El que bebe de esta agua del pozo, vuelve a tener sed; pero el que
beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”. Jesús ofrece un agua viva
que conduce a la vida eterna. Esta agua de la que habla Jesús es el don del
Espíritu Santo y la vida nueva que brota de la fe y el bautismo.
Hoy Jesús vuelve a salir a nuestro
encuentro. Él ve nuestro corazón insaciable y conoce nuestras inquietudes y
proyectos, vuelve a salirnos al encuentro. Y Dios que se las sabe todas quiere
entrar en nuestra vida y nos dice como a la samaritana: “Si conocieras el don
de Dios y quién es el que te pide de beber…” , “Yo soy”», el que acaso, sin
saberlo, estás buscando”.
La Cuaresma es un tiempo propicio para
reavivar la gracia del bautismo y vivir la Vida nueva que un día, por el
Espíritu, fue derramada en nuestros corazones. La Cuaresma se vive acudiendo a
la fuente de la que brota la vida, que es Jesucristo, quien nos dice: practicar
la oración en espíritu y verdad.
La samaritana abandonó el cántaro de
agua, tras encontrar a Cristo, y corrió a anunciar su felicidad a sus paisanos
del pueblo, convirtiéndose así en la primera evangelizadora. Es la invitación a
ser misioneros, apóstoles, catequistas, a proclamar a todas las gentes la
alegría y la paz que llena a quien encuentra al Señor y bebe su agua, como dijo
el papa Francisco: “Quien encuentra Cristo, en él nace y renace la alegría”.
LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALAMNSA
HOJA DOMINICAL DIOCESANA
El Evangelio que hemos escuchado hoy, el
encuentro de la samaritana con Jesús, nos abre a entender y celebrar con
alegría lo que significa el encuentro con Jesús, hecho que ocurrió ya en
nuestro bautismo, pero que, entonces no éramos conscientes, pero en la medida
en que vamos creciendo y tomando conciencia del amor que Dios nos tiene, nos
lleva a descubrir y creer en nuestra condición de hijos de Dios, y vivir lo que somos, hijos de Dios y hermanos
de los demás, todo lo cual se debe verificar en nuestra forma de ser y mirar la
realidad en donde vivimos, el modo de tratar a los demás, y sobre todo, caminar con esperanza, porque el Señor nos ha llamado y cuenta con
nosotros para que, ya desde ahora, viviendo como hijos de Dios, un día
participemos de la gloria y vida de Jesucristo resucitado.
Hoy Jesús vuelve a salir a nuestro
encuentro. Él ve nuestro corazón insaciable y conoce nuestras inquietudes y
proyectos, vuelve a salirnos al encuentro. Y Dios que se las sabe todas quiere
entrar en nuestra vida y nos dice como a la samaritana: “Si conocieras el don
de Dios y quién es el que te pide de beber…” , “Yo soy”», el que acaso, sin
saberlo, estás buscando”.
La Cuaresma es un tiempo propicio para
reavivar la gracia del bautismo y vivir la Vida nueva que un día, por el
Espíritu, fue derramada en nuestros corazones. La Cuaresma se vive acudiendo a
la fuente de la que brota la vida, que es Jesucristo, quien nos dice: practicar
la oración en espíritu y verdad.
La samaritana abandonó el cántaro de
agua, tras encontrar a Cristo, y corrió a anunciar su felicidad a sus paisanos
del pueblo, convirtiéndose así en la primera evangelizadora. Es la invitación a
ser misioneros, apóstoles, catequistas, a proclamar a todas las gentes la
alegría y la paz que llena a quien encuentra al Señor y bebe su agua, como dijo
el papa Francisco: “Quien encuentra Cristo, en él nace y renace la alegría”.
