viernes, 23 de enero de 2026

Día 25 enero de 2026. Domingo III del Tiempo Ordinario.

 


LECTURAS

  • Isaías 8,23b-9,3
  • Salmo responsorial
  • 1 Corintios 1,10-13
  • Mateo 4,12-23


    Jesús inicia su actividad pública o predicación haciendo suyas las mismas palabras de Juan Bautista: “convertíos porque está cerca el Reino de los cielos”. Esta llamada en boca de Jesús tiene una nueva dimensión porque es la llamada del Mesías, quien invita a la conversión y cuyo horizonte es el Reino de los cielos. El Reino de Dios no es un territorio sino la acción y presencia de Dios entre los hombres y mujeres, y la conversión no significa un cambio superficial en la persona, sino un cambio en la mentalidad y en el corazón. Por tanto, el primer mensaje de Jesús sería: “cambiad vuestra mentalidad porque está cerca el momento en que Dios reinará en el corazón de las personas”. Con Jesús se inaugura y se pone en marcha el reino de Dios.

    ¿Qué quiere decir convertirse? Por lo general, la palabra conversión no nos resulta agradable. Nos hace pensar en algo triste, algo que suena a penitencia. Y, sin embargo, cuando Jesús llama a la conversión, nos quiere hacer entender que Dios solo quiere que nuestra vida sea más humana y feliz.  Pero, si convertirse supone pasarlo mal, ¿a quién le va a interesar la conversión? A nadie. La conversión no debe ser un camino de tristeza, sino el proceso para descubrir y vivir la verdadera alegría, que es descubrir hacia dónde debemos orientar nuestra vida.

    El evangelio de hoy también nos habla de las primeras llamadas de Jesús a sus discípulos. En este caso son dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, pescadores en el lago de Galilea, quienes inmediatamente dejan las redes y le siguen y, a continuación, los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, quienes no solo dejan las redes sino también a su padre.

    Así vemos que Jesús no es un predicador solitario, sino que al mismo tiempo que inicia su misión publica, hace las primeras llamadas y comienza a formarse una comunidad de discípulos en torno a él. Dicha comunidad, que es la Iglesia,  recibirá del mismo Jesús el encargo de continuar la misión que Jesús realiza con sus discípulos. Seguir a Jesús es el objetivo de toda vida cristiana consciente. Su enseñanza y su modo de actuar es el camino para adquirir una nueva mentalidad, la mentalidad y mirada de Jesús, que es la mirada de Dios.