viernes, 28 de marzo de 2025

Día 30 de marzo. Domingo IV de Cuaresma.

 

LECTURAS

  • Josué 5,9a.10-12

  • Salmo responsorial
  • 2 Corintios 5, 17-21
  • Lucas 15,1-3.11-32


  •     En el evangelio de hoy, el padre  respeta las decisiones equivocadas de sus hijos con dolor, porque donde ha6.- Dios no puede ser sino misericordioso, Porque Dios es amor y su amor no es mudable, porque le nace de lo más íntimo de su ser.  Por eso al ver regresar al hijo “se le conmueven las entrañas". Así se muestra también en la primera lectura, donde olvidando las infidelidades del pueblo Dios lo introduce en la tierra prometida, diciéndoles: “hoy , os he quitado de encima el oprobio de Egipto”.
  •     El padre sabe que la lejanía en la que sus hijos se han situado solo puede hacerles infelices. El pequeño llega a tocar fondo cuidando cerdos y no teniendo qué comer. El mayor, como no ama, va acumulando reproches en su interior, que más tarde echará en cara a su padre como se aprecia en su negativa a participar de la fiesta organizada por el padre.  
  •     Jesús muestra que Dios siempre toma la iniciativa y espera de modo activo el retorno de sus hijos saliendo a buscarlos. Así cuando el hijo menor “estaba todavía lejos, su padre lo vio y echó a correr hacia él”; el padre no le pide cuenta de sus actos; le ofrece el perdón de manera gratuita, porque ese es el modo de actuar Dios, como dice San Pablo en la segunda lectura “Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados”.
  •     También hoy, Dios sigue saliendo a buscar a sus hijos, que somos nosotros, y lo hace:  en su Palabra que nos hace recapacitar; en el ejemplo de los creyentes sinceros que con su ejemplo de vida nos muestran el camino, y también sale a nuestro encuentro en el acontecer de la vida diaria donde él está presente.

  • HOJA DOMINICAL DIOCESANA 

  • LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

domingo, 23 de marzo de 2025

Día 23 marzo de 2025. Domingo III de Cuaresma.

 

LECTURAS

  • Éxodo 3,1-8a.13-15
  • Salmo responsorial
  • 1 Corintios 10,1-6.10-12
  • Lucas 13, 1-9

     En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús responde a la inquietud de algunos sobre la tragedia de los galileos asesinados por Pilato en el templo de Jerusalén y sobre el derrumbe de la torre de Siloé, que mató a dieciocho personas. Jesús deja claro que estas desgracias no son castigos divinos por pecados individuales, sino una llamada a la conversión. Por ello, les dijo: “Y si vosotros nos os convertís, pereceréis lo mismo”.

     A propósito de dichas desgracias, Jesús cuenta la parábola de la higuera estéril: un árbol que no da fruto durante tres años, pero al que el viñador le pide al dueño que le dé una oportunidad más, con cuidado y paciencia, antes de cortarlo. En nuestra sociedad, solemos buscar respuestas rápidas ante el sufrimiento: queremos encontrar una razón para el mal y, a veces, culpamos a las víctimas o creemos que todo es fruto del destino. Jesús rompe con esta lógica simplista y nos invita a mirar nuestra propia vida en lugar de juzgar a los demás. Nos recuerda que lo importante no es buscar culpables, sino hacer un examen personal y cambiar lo que nos aleja de Dios y del amor al prójimo.  

    Vivimos en una cultura de lo inmediato, donde lo que no da resultados se descarta rápidamente: relaciones, proyectos, incluso personas. Sin embargo, Dios no actúa así con nosotros. Nos da oportunidades, nos cuida, nos fertiliza con su Palabra, sacramento, con su gracia, y espera pacientemente que demos fruto. Pero esa paciencia no es infinita, porque nosotros vivimos en el tiempo que tiene un límite. Por tanto, la parábola es una invitación urgente a cambiar ahora, a vivir con sentido, a no dar largas a la conversión.  Jesús nos muestra que Dios no nos condena por nuestros errores, pero sí nos llama a cambiar. La misericordia no es una excusa para la pasividad, sino un impulso para la transformación.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

viernes, 14 de marzo de 2025

Día 16 marzo de 2025.Domingo II de Cuaresma. Día del Seminario.

 


LECTURAS

Génesis 15,5-12.17-18
Salmo responsorial 26, 1.7-9.13-14
Filipenses 3, 17-4,1
Lucas 9, 28b-36



Tras aquella visión y palabras en la montaña, Pedro lleno de entusiasmo dijo: “Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Esta forma de hablar Pedro muestra el deseo humano de continuar disfrutando de la gloria de Dios. Pero Jesús le muestra que tiene que volver a la realidad de la vida todavía mortal. Mientras estamos en este mundo, solamente con la fe podemos vivir con el convencimiento y esperanza de que, también, un día seremos transfigurados, es decir, resucitados, gracias a Jesús.

        Termina el Evangelio diciendo: “Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto". El “guardaron silencio” recuerda a María, la madre de Jesús,  que “guardaba todas estas cosas en su corazón”. Quedó en la memoria de Pedro, Santiago y Juan el recuerdo de lo que ocurrió en la cima del monte, pero lo más importante es que intuyen que Jesús no es un maestro cualquiera, sino Dios mismo, aspecto que descubrirán plenamente con la resurrección.

 Metidos de lleno en la Cuaresma, nos encaminamos hacia la celebración del misterio Pascual de Jesús, su” paso” de la muerte a la vida. Este es el horizonte que no debemos perder de vista. Cada año, con la Pascua celebramos el triunfo de Cristo y el triunfo de la humanidad por Cristo, que actualizamos en cada celebración de la Eucaristía, porque el cielo se hace presente en los sacramentos que celebramos.

 A través de signos sensibles, los Sacramentos, Dios actúa de manera invisible, porque en nuestra condición de, todavía, no resucitados no podemos percibir físicamente la presencia de Dios. Pero él está y actúa en nosotros. Esto es lo que sucede en la Eucaristía de cada domingo y de cada día. Es lo que diremos en la última oración después de la Comunión: “Te damos gracias, Señor, porque al participar en estos gloriosos misterios, nos haces recibir, ya en este mundo, los bienes eternos del cielo”.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANADÍA 


DÍA DEL SEMINARIO: SEMBRADORES DE ESPERANZA

Tres realidades están condicionando el tiempo en que vivimos: la conectividad que facilitan las tecnologías pero que provocan el aislamiento del presente, la soledad que a veces se vive en medio de la multitud y el dolor que provoca el sufrimiento y la injusticia.

En medio de todas esas realidades, los sacerdotes, como Jesús, están llamados a sembrar esperanza.

Cuatro rasgos de este tiempo suscitan depresión y desesperanza: la incertidumbre económica; el miedo a la enfermedad; el uso masivo de redes sociales impregnadas de ideologías y bulos; y el envejecimiento progresivo de la población. Las consecuencias se manifiestan en los altos índices de depresión y de suicidio, que se han convertido en problemas importantes de salud pública.

En este contexto social, 15.285 sacerdotes católicos desempeñan su misión en la Iglesia española cumpliendo la misión de anunciar el Evangelio y sanar las heridas de este tiempo. Esta es, también, la motivación que anima a cada uno de los 1.036 seminaristas que se forman en los seminarios de las diócesis españolas en este curso 2024-2025. Su formación está centrada, precisamente, en ir desarrollando progresivamente las actitudes y aptitudes que se necesitan para ser sembradores de esperanza siendo sacerdotes misioneros a lo largo y ancho de la geografía española. Y cada uno de estos seminaristas es una razón para la esperanza en las 57 seminarios y comunidades formativas que hay en España. Como seminaristas siguen el plan de formación vigente, un tiempo que se prolonga entre 7 y 9 años, y en el que los seminaristas atraviesan cuatro etapas: propedéutica, discipular, configuradora y de síntesis vocacional, que son indispensables para que se manifieste la idoneidad de su vocación.

En este día del Seminario se hace visible cómo el ministerio sacerdotal hace frente en muchas ocasiones a las raíces de la desesperanza. Así, frente a la incertidumbre económica, los sacerdotes son sembradores de esperanza porque se comprometen en el acompañamiento de las personas que viven en situación de soledad o enfermedad y desarrollan las 4.488 Cáritas parroquiales, que atienden más de 2,5 millones de personas necesitadas y coordinan los equipos de voluntarios en las parroquias.

También frente a la despoblación y al envejecimiento demográfico, los sacerdotes son sembradores de esperanza en el mundo rural. La mitad de las parroquias que hay en España (22.921 parroquias) se encuentran en zonas rurales. Al frente de las mismas están sacerdotes que acompañan a las personas que viven allí, las atienden espiritualmente y hacen presente el Evangelio de Jesucristo en zonas muchas veces abandonadas por otras instituciones.

En definitiva, de muchas maneras los sacerdotes en España son sembradores de esperanza, en medio de una sociedad que está amenazada, precisamente, por la desesperanza.

 El motor que mueve a los sacerdotes a emprender este servicio no es otro que la propia experiencia personal de haberse encontrado con Cristo y de descubrirse llamado por él a través de la Iglesia para servir a la humanidad sembrando la esperanza del Evangelio.


domingo, 9 de marzo de 2025

Día 9 marzo de 2025. Domingo I de Cuaresma.

 


LECTURAS

  • Deuteronomio 26,4-10
  • Salmo responsorial  90, 1-2..10-15
  • Romanos 10,8-13
  • Lucas 4,1-13

         Las tentaciones que sufrió Jesús y relatan el evangelio son tentaciones que podemos sufrir también nosotros en nuestras circunstancias concretas de la vida,

 La tentación del “tener”: “Di a esta piedra que se convierta en pan”. En esta tentación se presentan los bienes materiales como la fuente de felicidad de la persona, quedando Dios en segundo lugar. Ya lo dijo Jesús: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. La Cuaresma nos invita a despegarnos de los bienes materiales que atan nuestro corazón y ser como Jesús “que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”.

 La tentación del “poder” como dominio sobre los demás: “Te daré el poder y la gloria, si me adoras”, dijo el diablo. Vencer esta tentación es sentirse “imagen de Dios”, que es amor y misericordia", y supone vivir la autoridad como Jesús nos la propone: nunca en provecho propio, sino para servir a los demás.

 La tentación de “utilizar a Dios” en beneficio propio: Satanás le pide a Jesús un poco de exhibición teatral: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí, y antes de que caigas, te recogerán los ángeles”. Esta es la tentación del éxito, del cuidar la imagen. Unos fariseos pidieron a Jesús un milagro. Y Jesús respondió: “¿Por qué buscáis fenómenos extraordinarios para creer”?  O también, cuando estaba en la cruz, le decían los sacerdotes: “Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz y creeremos en ti”.

La lectura y meditación frecuente de la Palabra de Dios nos dan luz para distinguir la voluntad de Dios de las propuestas o inclinaciones al mal, y nos dan fuerza para decidir llevar a la práctica aquello que Dios quiere para nosotros.

LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


NUEVO OBISPO DE ALBACETE

El papa Francisco ha nombrado obispo de Albacete al sacerdote Ángel Román Idígoras.

El obispo electo de Albacete nació en Madrid, el 30 de junio de 1968. Ingresó en el seminario conciliar de esta ciudad como seminarista menor en 1984. Es bachiller en Teología por el Centro de Estudios Teológicos “San Dámaso” de Madrid (1992). Fue ordenado sacerdote el 24 de abril de 1994.

Obtuvo la licenciatura en Magisterio por la Universidad Complutense de Madrid (1989) y en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología León XIII, de la Universidad Pontificia de Salamanca (2003).

Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Alcalá de Henares donde ha sido vicario parroquial en la parroquia de San Diego de Alcalá (1994-2002) y adscrito a la parroquia de Nuestra Señora del Templo de San Fernando de Henares (2002-2005). También ha sido arcipreste de Torrejón de Ardoz (2006-2014). Ha sido miembro del colegio de consultores (2007-2022).

En esta misma diócesis ha ocupado los cargos de director de la Oficina de Sociología, vicesecretario de la Visita Pastoral, director del secretariado diocesano para los Movimientos de Acción Católica y responsable adjunto sinodal para la fase diocesana del Sínodo sobre la Sinodalidad.

En la actualidad es párroco de Nuestra Señora del Rosario en Torrejón de Ardoz, desde 2005; capellán del centro penitenciario Madrid VII (Estremera), desde 2021, y vicario territorial de la Vicaría centro o de San Félix de Alcalá, desde 2024. Además, es miembro del Consejo Presbiteral Diocesano desde 2021.

La ordenación episcopal tendrá lugar el día 3 de mayo de 2025, a las 11,00h, en la Catedral de Albacete.

 


 

 

 

 

 

 

sábado, 1 de marzo de 2025

Día 2 Marzo de 2925. Domingo VIII del Tiempo Ordinario.

 



LECTURAS

  • Eclesiástico 27,4-7
  • Salmo responsorial 91, 2-3.13-14.15-16
  • 1 Corintios 15,54-58
  • Lucas 6,39-45

El Evangelio de este domingo es el final del llamado “sermón de la llanura” de Lc, que empezó con las bienaventuranzas, y termina manifestando cuáles son las actitudes del auténtico discípulo de Jesús. 

El autor de la primera lectura nos ha dejado escrito que “El hombre se prueba en su razonar”, porque en el corazón del ser humano radica su mentalidad, las ideas y proyectos, sean buenos o malos, y del corazón salen las palabras que los expresan. También, Jesús nos invita a estar atentos y apreciar a las personas que manifiestan un pensamiento coherente y sano. Pero la prueba final no son solo las palabras que parecen buenas, sino el modo de obrar; las palabras deben estar en coherencia con el actuar, porque las obras son el fruto que verifica la verdad de las palabras. Como dice el apóstol Santiago en una de sus cartas: “Muéstrame tus obras y yo te diré cuál es tu fe”.

La parábola de la “mota en el ojo ajeno” es una advertencia para quienes consideran insignificantes sus errores y, por el contrario, siempre están viendo y señalando los errores ajenos. Es una llamada a tomar conciencia de que toda persona tenemos nuestros errores y pecados y, en consecuencia, debemos renunciar a erigirnos en jueces de los demás, pues tenemos nuestras propias faltas en las que fijarse y curar; en definitiva, no juzgar el interior de las personas, porque como decía Jesús el domingo pasado: “La medida que uséis con los demás, se usará también con vosotros”.

 Las palabras de Jesús en el evangelio son una llamada a la coherencia, de modo que nuestra vida debe transparentar el evangelio, y no hay mejor predicación que el buen ejemplo. Por ello la Iglesia nos recuerda que la primera misión de los que escuchamos la Palabra de Dios y participamos en la Eucaristía es dar testimonio de ella con la propia vida, como tantas veces nos dice el papa Francisco: “ser Iglesia en salida”, es decir, “ser discípulos misioneros”.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


 

 



sábado, 22 de febrero de 2025

Día 23 febrero de 2025. Domingo VII del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • 1 Samuel 26,2.7-9, 12-13. 22-23
  • Salmo responsorial  102, 1-2.3-4.8.10.12-13
  • 1 Corintios 15, 45-49
  • Lucas 6, 27-38


 La idea de hacer el bien a quienes te hacen el bien, y el mal a quienes te hacen el mal, era una doctrina central en tiempos de Jesús, incluso siglos antes, así lo enseñaban los filósofos grecolatinos, como el mismo Platón, y defendían la ley del talión: “ojo por ojo y diente por diente”, que imponía un castigo consistente en hacer sufrir al delincuente un daño igual al que causó, y no tomarse la justicia por su mano.

Pero Jesús supera todo ese modo de actuar, y vas más allá, diciendo: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; y seréis hijos de Dios, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos”. La razón que da Jesús es la de ser misericordiosos como nuestro Padre Dios es misericordioso, y concede el perdón a quien se arrepiente. Y termina diciendo: “Perdonad y seréis perdonados, porque se os medirá con la medida que uséis con los demás”.

 En cada celebración de la Eucaristía, el tema del perdón y de la misericordia están muy presentes. Comenzamos reconociendo que somos pecadores y que hemos sido y somos perdonados continuamente. Esto no nos ha de humillar, sino sentirnos personas queridas y valoradas. Poco antes de la comunión, en la oración del Padrenuestro, y cuando decimos la invocación “Cordero de Dios”, volvemos a pedir Dios el pe4dón y la paz; al saludarnos unos a otros dándonos la paz, estamos indicando que queremos vivir reconciliados con Dios y con los demás. Y como fruto de la Palabra que hemos escuchado y del Cuerpo de Cristo que recibimos en la Comunión, nos comprometemos a trabajar para construir la paz y la reconciliación en nuestro entorno.


 LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


sábado, 15 de febrero de 2025

Día 16 febrero de 2025. Domingo VI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Jeremías 17,5-8
  • Salmo r4esponsoral 1,1-4.6
  • 1ª Corintios 15,16-20
  • Lucas 6, 17.20-26

Las bienaventuranzas reflejan las actitudes y el estilo de vida del mismo Jesús. Él decidió vivir pobremente, compadeciéndose del sufrimiento de los más pobres, lo que le valió ser odiado y condenado por los que estaban hartos.

En la primera lectura que leemos hoy, el profeta jeremías dice también que serán dichosos los que confían en el Señor. Y lo expresa con una imagen: “serán como árbol plantado junto al agua, que extiende las raíces y da fruto abundante”. A su alrededor todo será verdor y alegría. Y llama “malditos” a quienes confían solo en el hombre, apartando su corazón del Señor. Los que así proceden atraen toda clase de males para sí y para el mundo. Desde el evangelio nos preguntamos: ¿en quién confía nuestro corazón?  o ¿Qué nos atrae con tanta fuerza que nos resistimos a cambiar? ¿La comodidad, el placer, el dinero, nuestros intereses egoístas? 

Para hacer posible su proyecto, Dios cuenta con nosotros, y lo hacemos cuando aliviamos la pobreza de los pobres obrando justamente, cuando tendemos la mano y ayudamos a saciar el hambre y sed de los pueblos, cuando damos cariño a los tristes, atención y cercanía a los enfermos, cuando defendemos y somos solidarios de los maltratados.

La práctica de la solidaridad y de las obras de caridad nos conducen a vivir las bienaventuranzas de manera compartida. Dice el refrán que “amor con amor se paga”. Quien cree que Dios es amor y que le ama, necesariamente tiene que amar a los demás, cómo nos asegura el apóstol Juan: “El que ama, ese ha nacido de Dios”.

En los gestos de solidaridad y entrega se cumple lo que parecía imposible, pero son los caminos que solo Dios conoce. Pongo como ejemplo la solidaridad en el caso de la DANA, de hace poco más de 3 meses, donde tantos miles de voluntarios, vecinos, fuerzas del orden, militares, ayudas económicas de familias y empresas, han hecho y están dando vida a los damnificados. A tales personas Jesús les dice “Dichosos vosotros, porque lo que hacéis con los que sufren, lo hacéis conmigo”.


LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINCAL DIOCESANA