sábado, 4 de abril de 2026

Día 5 abvril de 2026. Domingo de Resurrección.

 




        LECTURAS 

  • Hechos 10,34a.37-43
  • Salmo responsorial
  • Colosenses 3,1-4
  • Juan 20,1-9

En las lecturas de hoy podemos ver los esfuerzos de los primeros cristianos por compartir con todos su experiencia de la Resurrección de Cristo, de una manera sencilla y atractiva. El texto que Hechos (1ª lectura),  nos presenta al apóstol Pedro que anuncia lo esencial del mensaje del Reino de Dios anunciado por Jesús y que resume en una frase: “Pasó por el mundo haciendo el bien, curando a todos los oprimidos, porque Dios estaba con él”. Además, se subraya la tarea de la comunidad y su desarrollo posterior como prueba de su resurrección: “Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo había constituido juez de vivos y muertos… y todos los que creen en él reciben por su nombre el perdón de los pecados”

No se trata de una filosofía, ni de un código moral detallado. Se trata del anuncio de los acontecimientos que acabamos de celebrar en la Semana Santa: la vida de Jesús de Nazaret, desde Galilea, al norte del país de los judíos, hasta Jerusalén, la capital. Su predicación y sus milagros como signos de la misericordia de Dios. Su muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos, de la cual los apóstoles han sido constituidos testigos fidedignos.

A sus oyentes, y a nosotros hoy, Pedro exhorta a creer en Jesucristo para obtener la salvación. Este es el contenido fundamental de nuestra fe, que todos debemos testimoniar gozosamente con nuestra vida y con nuestras palabras. Porque son hechos salvadores, liberadores, por los cuales Dios se nos entrega como Padre, perdonando nuestros pecados y dándole sentido a nuestra vida, a veces tan extraviada y tan sufrida.

 Cristo, libre de la muerte y Señor de la Vida, como Dios y hombre que es,  viene a nuestro encuentro; a lo largo del camino de la vida y nos concede encontrarnos con él. Se deja encontrar en su Iglesia, enviada a llevar la buena noticia de la resurrección hasta los confines de la tierra. Por eso podemos buscar los bienes de arriba, como dice san Pablo.

Todo esto tiene su culmen y su manifestación más plena en la resurrección de Jesús. El sepulcro está vacío. Ahora toca dar testimonio de esa presencia viva de Dios entre nosotros. Ellos y nosotros somos testigos del sepulcro vacío, testigos del resucitado.


LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


sábado, 28 de marzo de 2026

Día 29 marzo de 2026. Domingo de Ramos.

 


LECTURAS

  • Isaías  50,4-7
  • Salmo responsorial 21,
  • Filipenses 2, 6-11
  • Mateo 27-11-54

   Todos los evangelistas dedican largo espacio al relato de la Pasión y Muerte de Jesús. Los hechos son fundamentalmente los mismos, aunque cada evangelista presenta detalles, episodios y llamadas de atención, resaltando lo que consideran más significativo para sus respectivas comunidades. 

  Mateo repite varias veces que “todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas”. Mateo escribe su evangelio para cristianos judíos, que han sido adoctrinados por los rabinos para esperar a un Mesías vencedor, grande y potente. El evangelista quiere ayudar a los lectores a ir más allá de la mera crónica de los acontecimientos y descubrir el significado profundo de lo que sucedía, para que vieran al Crucificado como al Mesías esperado. Dios no ha salvado milagrosamente a Cristo de una situación difícil, no ha impedido la injusticia y la muerte de su Hijo, pero ha trasformado su derrota en victoria, su muerte en nacimiento para que surja una vida sin fin.

  Comenzamos la Semana Santa, marcada por el drama de la muerte de Cristo, que celebraremos litúrgicamente en el Triduo Pascual: Jueves Santo-tarde con la Cena del Señor, Viernes Santo con la celebración de la Pasión y Muerte de Cristo, y la gran fiesta de la Resurrección del Señor que celebraremos en la Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección. Jesús ha vencido. El mal, la muerte, ya no tienen la última palabra.

  La marcha del Señor no ha terminado. Hoy sigue caminando hacia cada uno de nosotros, porque quiere estar cerca de todos. Él quiere estar cerca de los ancianos y de los jóvenes, de los enfermos y de los pobres. El Señor camina también hacia cada uno de nosotros. Quiere encontrarse con cada uno. y desea que sepamos reconocerlo porque quiere cenar conmigo, contigo; a él gusta siempre la cercanía y la intimidad. De cada uno depende dejarlo entrar en nuestra casa: “Señor,  no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 

CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA

HORARIOS


 29 de marzo. DOMINGO DE RAMOS.

 - 11,30h. Bendición de Ramos y Palmas en Plaza de

 petancas de calle Arboleda. Procesión por calles Arboleda y     Arado (tramo de la parroquia) hasta la iglesia, y Santa Misa.

 

31 marzo. MARTES SANTO.

-20,00h. Celebración comunitaria de la Penitencia. Habrá   varios sacerdotes para las confesiones.

 

2 de abril: JUEVES SANTO.

- 18,30h: Solemne Misa de la Cena del Señor.

- 22,30h: Hora Santa ante el Santísimo Sacramento.

 

3 de abril: VIERNES SANTO.

- 12,00h. Vía Crucis dentro del templo parroquial.

- 18,30h: Celebración de la Muerte del Señor.

 

 4 de abril. SÁBADO SANTO. VIGILIA PASCUAL.

-20,00h: Vigilia Pascual.

 

 5 de abril. DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN.

-11,30h Misa de Pascua.


 

 

domingo, 22 de marzo de 2026

Día 22 marzo de 2026. Domingo V de Cuaresma. Día del Seminario.




LECTURAS

Ezequiel 37,12-14
Salmo responsorial 129,1-8
Romanos 8,8-11
Juan 11,1-45





     El diálogo de Jesús con Marta nos sitúa ante una pregunta esencial: “Yo soy la resurrección y la vida”.  Esta misma afirmación nos la hace Jesús, hoy, a nosotros, y nos pregunta como preguntó a Marta: “¿Crees tú esto? Es decir, ¿creemos de veras que Jesús es nuestra vida y nuestra esperanza? La fe en la resurrección de Cristo, y en la nuestra, es el núcleo del Evangelio y está en el centro del Credo qué decimos cada domingo en la misa. Al final del Triduo Pascual, en la noche o día de resurrección renovaremos nuestras promesas bautismales, qué tenemos que preparar ya desde ahora, y que consiste fundamentalmente en confesar como Marta: “Sí, Señor, creo que eres el Hijo de Dios, que has venido al mundo para darnos la vida eterna”.

     Hoy celebramos el día del Seminario. Nos interesamos y oramos por los seminaristas que se preparan para ser los sacerdotes de nuestras parroquias en los años próximos. Como familia de Dios que somos, debemos pensar y querer el Seminario como algo propio.

     El sacerdote es el enviado por el obispo a una comunidad parroquial para servir a los fieles de la misma. Esto requiere una formación especial; no solo formación intelectual, sino formación humana y cristiana intensa. San Pablo nos ha dicho que el Espíritu habita en nosotros.  La vida ”según el Espíritu” se aprende en el Seminario, creciendo en libertad interior, discernimiento, madurez humana y espiritual. Solo con un corazón transformado por el Espíritu puede un sacerdote ser fecundo en su servicio a la parroquia. El sacerdote ha de ser pastor, según el modelo del Buen Pastor que es Jesucristo. Por ello lo mismo que Jesucristo acompañó a la familia de Betania por la muerte del hermano Lázaro, también el sacerdote debe acompañar y sostener la esperanza de los cristianos a él confiados, curar las heridas, por mediación de la palabra anunciada, los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el sacramento del Perdón.  Hemos escuchado en el Evangelio que Jesús resucita a Lázaro, pero confía a los allí presentes la tarea de desatarlo. Así también, la vocación de sacerdote nace y crece en una Iglesia que ora, apoya, acompaña y crea un clima donde la llamada pueda escucharse.

     El día del Seminario nos recuerda que todos somos responsables de ayudar a quienes el Señor llama, para que puedan ponerse en camino para servir a Dios y a los demás como sacerdotes. Además de nuestra oración, también manifestamos nuestro apoyo con nuestra ayuda económica para hacer frente a los gastos que supone la formación de los seminaristas.

 

LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

viernes, 13 de marzo de 2026

Día 15 marzo de 2026. Domingo iV de Cuaresma.

 LECTURAS

  • 1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a
  • Salmo responsorial 22,1-6
  • Efesios 5,8-14
  • Juan 9,1-41


    El Evangelio muestra un contraste: los fariseos se niegan a reconocer lo que es evidente: que el ciego de nacimiento ha sido curado. Aquellos que eran cumplidores escrupulosos de la ley y que creen que ven son los que están realmente ciegos: la fe es visión, la incredulidad es ceguera. La fe y la incredulidad dependen de la acogida o rechazo de la luz qué manifiesta Jesucristo.

   La luz que es Jesús ilumina lo bueno y lo malo del corazón de cada persona, manifestado en sus obras. Aquellos que obran el bien no tienen miedo de la luz de Cristo; pero quienes obran el mal viven en la oscuridad y rechazan esta luz. Una vez más se manifiesta lo que dice el Prólogo del evangelio de Juan sobre Jesús, el Verbo encarnado: “La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió”.

   Creer en Jesucristo y aceptarlo como la luz de Dios en nuestra vida tiene unas implicaciones en nuestro comportamiento, que verifican nuestro ser cristiano. Así lo indica san Pablo en la segunda lectura que hemos escuchado, dónde establece la oposición tinieblas-luz. Comienza el apóstol afirmando que el creyente en Cristo es luz porque la recibe de Cristo, luz para el mundo. Su nueva vida exige vivir como hijo de la luz, y esto se manifiesta en la coherencia de su conducta en la vida cotidiana: “Por los frutos se conocerá quién es mi discípulo”, dijo Jesús. Así, el apóstol enumera algunos frutos de dicha luz: bondad, justicia y verdad.

   Frente a lo anterior están las obras de las tinieblas, que son incapaces de producir vida, y que no deben solo evitarse, sino que también deben ser denunciadas y luchar contra ellas.  Las tinieblas simbolizan una existencia que no cuenta con Dios. En cambio, la luz simboliza la participación en la vida de Jesucristo resucitado.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 


sábado, 7 de marzo de 2026

Día 8 marzo de 2026. Domingo III de Cuaresma.

 

LECTURAS


  • Éxodo 17,3-7
  • Salmo responsorial  94, 1-2.6-7.8-9
  • Romanos 5,1-2 
  • Jn 4,5-42


      El Evangelio que hemos escuchado hoy, el encuentro de la samaritana con Jesús, nos abre a entender y celebrar con alegría lo que significa el encuentro con Jesús, hecho que ocurrió ya en nuestro bautismo, pero que, entonces no éramos conscientes, pero en la medida en que vamos creciendo y tomando conciencia del amor que Dios nos tiene, nos lleva a descubrir y creer en nuestra condición de hijos de Dios, y  vivir lo que somos, hijos de Dios y hermanos de los demás, todo lo cual se debe verificar en nuestra forma de ser y mirar la realidad en donde vivimos, el modo de tratar a los demás, y sobre todo,  caminar con esperanza,  porque el Señor nos ha llamado y cuenta con nosotros para que, ya desde ahora, viviendo como hijos de Dios, un día participemos de la gloria y vida de Jesucristo resucitado.

    Dios está siempre saliendo a nuestro encuentro. Lo hemos escuchado en el evangelio, cuando el encuentro de la samaritana con Jesús, junto al pozo de Jacob. La samaritana buscaba el agua material porque es una necesidad que tenemos todos; Jesús también fue al pozo a beber agua. Pero Jesús convirtió aquel encuentro en ocasión para tocar el corazón de aquella mujer, cuya vida parece que no tenía mucho sentido. Jesús inició un diálogo con la samaritana que la llevó a mirar su vida por dentro, y le ofreció el agua que saciar la sed: “El que bebe de esta agua del pozo, vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed”. Jesús ofrece un agua viva que conduce a la vida eterna. Esta agua de la que habla Jesús es el don del Espíritu Santo y la vida nueva que brota de la fe y el bautismo.

    Hoy Jesús vuelve a salir a nuestro encuentro. Él ve nuestro corazón insaciable y conoce nuestras inquietudes y proyectos, vuelve a salirnos al encuentro. Y Dios que se las sabe todas quiere entrar en nuestra vida y nos dice como a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber…” , “Yo soy”», el que acaso, sin saberlo, estás buscando”.

    La Cuaresma es un tiempo propicio para reavivar la gracia del bautismo y vivir la Vida nueva que un día, por el Espíritu, fue derramada en nuestros corazones. La Cuaresma se vive acudiendo a la fuente de la que brota la vida, que es Jesucristo, quien nos dice: practicar la oración en espíritu y verdad.

    La samaritana abandonó el cántaro de agua, tras encontrar a Cristo, y corrió a anunciar su felicidad a sus paisanos del pueblo, convirtiéndose así en la primera evangelizadora. Es la invitación a ser misioneros, apóstoles, catequistas, a proclamar a todas las gentes la alegría y la paz que llena a quien encuentra al Señor y bebe su agua, como dijo el papa Francisco: “Quien encuentra Cristo, en él nace y renace la alegría”.


LECTIO DIVINA PARROQUIA SAN ISIDRO DE ALAMNSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 

 

viernes, 27 de febrero de 2026

Día 1 marzo de 2026. Domingo II de Cuaresma.

 

LECTURAS

  • Génesis 12,1-4a
  • Salmo responsorial 32,4-5.18-20.22
  • 2 Timoteo 1,8b-10
  • Mateo 17,1-9

    El “hecho” de la transfiguración quiere mostrar que lo que descubrieron en Jesús tras su muerte, ya estaba presente en él cuando andaba por los caminos de Palestina predicando la Buena Noticia del Reino de Dios. En consecuencia, en la redacción de los evangelios, introducen ese dato de manera anticipada en la vida pública de Jesús anterior a su muerte, con el fin de mostrar que Jesús fue siempre un ser divino, cuya divinidad estaba oculta en su humanidad.

    En este sentido, como Dios encarnado que es Jesús, vivió constantemente transfigurado, pero no se manifestaba externamente con signos espectaculares. Ya vimos el domingo pasado, en el evangelio de las tentaciones, cómo Jesús rechaza el espectáculo y la exhibición. En cambio, su humanidad y divinidad se expresaban cada vez que se acercaba a los hombres y mujeres de su tiempo. Así,  cuando Jesús habla a la gente, es Dios quien habla a la gente, cuando se acerca a los pobres y marginados es Dios quien muestra su cercanía devolviéndoles su dignidad, cuando cura a los enfermos es Dios quien muestra su compasión dando salud y paz a los atormentados por la enfermedad, cuando perdona a los pecadores es Dios quien muestra su perdón y busca que vuelvan a la comunión con Él. La luz que transmite Jesús es la luz del amor, porque “Dios es amor”, que dirá san Juan; y por ello,  en la humanidad de Jesús se transparentaba Dios.

   El relato de la transfiguración del Señor, que leemos hoy, propicia una gran pregunta: ¿Quién era Jesús? O mejor: ¿Quién es Jesús para mí, hoy? El día del bautismo del Señor, que inició su vida pública, escuchamos la voz del cielo que mostraba la identidad de Jesús: “Este es mi Hijo amado, mi predilecto”. Y en el relato de hoy escuchamos algo parecido: “Este es mi Hijo, el amado, en quién me complazco. ¡Escuchadlo!”.

    Escuchar es lo propio del discípulo. Pero escuchar no es solo oír los sonidos, sino que implica obedecer, poner en práctica aquello que se nos dice. La escucha fiel de la palabra de Jesús debe conducirnos a una transformación interior. Por tanto, escuchar a Jesús es comprometerse con su proyecto del Reino de Dios para hacer un mundo más humano, más fraterno, más solidario, donde nadie quede en los márgenes de la vida.


LECTIO DIVINA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


domingo, 22 de febrero de 2026

Día 22 febrero de 2026. Domingo I de Cuaresma.

 LECTURAS

  • Génesis2,7-9;3,1-7

  • Salmo responsorial 50,3-6.12-14.17
  • Romanos 5,12-19
  • Mateo 4,1-11

Las tentaciones de Jesús en el desierto no fueron un episodio puntual en la vida de Jesús, sino que representa las muchas tentaciones vividas por Jesús, en diferentes momentos, durante el desarrollo de su misión, tal como se recoge en los evangelios.

 La tentación es lo propio de los seres humanos en el ejercicio de su libertad. Todos, en muchos momentos de la vida, nos preguntamos qué camino debemos tomar. Algunos caminos son muy seductores, pero algunos de eso caminos no nos convienen, porque nos hacen daño, aunque de entrada parezcan atractivos e interesantes. Eso es la tentación: sentirse atraído por lo malo con apariencia de bien.

 Como Jesús fue verdadero hombre, también estuvo expuesto a los peligros y amenazas de todo ser humano. Él no pasa de puntillas por nuestra historia, sino que entra hasta el fondo y camina por los barros que tantas veces nos enfangan. Así, Jesús puede comprender a los que somos tentados. 

Detrás de las tres tentaciones que sufrió Jesús (resumen de otras muchas), subyace una misma pregunta: ¿qué es lo verdaderamente importante para la vida humana? ¿El afán de riquezas para disfrutar a mi gusto, o el compartir?, ¿el poder, a disposición de mis intereses, o ayudar a los débiles y necesitados? ¿el prestigio y la ostentación para ser aplaudido y respetado, o la solidaridad?  La tentación que lleva al mal busca apartarnos de Dios, seduciéndonos con algo que parece más importante o atractivo. La tentación no invita directamente a hacer el mal, sino que finge mostrar algo mejor que la confianza en Dios, algo más concreto como: el pan o el dinero, la fama o el prestigio, y el poder, delicia entre todas las delicias.

  Lo hemos escuchado en el evangelio: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”. El tentador es hábil. No pone en duda que Jesús es Hijo de Dios. Lo que hace es señalar un camino, aparentemente muy eficaz, para mostrarse Hijo de Dios: Recordemos cómo, cuándo Jesús dio de comer a una gran multitud, quisieron elegirlo su líder, y Jesús se alejó y marchó a otra parte, evitando la tentación del populismo.  “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo (desde el alero del templo), porque los ángeles cuidarán de ti”. El tentador indica que el camino del prestigio y de la ostentación piadosa es un mejor camino para demostrar quién es. En alguna ocasión los fariseos pidieron a Jesús un milagro, que Jesús rehusó totalmente. Y estando en la cruz, los sumos sacerdotes se burlaban de él diciendo: “A otros ha salvado y él no es capaz de salvarse a sí mismo; baja de la cruz y creeremos en ti”. Sin embargo, el poder que seducía a Jesús era el poder del amor. Y el amor, de entrada, parece débil, aunque al final resulta ser lo único valioso.

LECTIO DIVINA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 

 

sábado, 14 de febrero de 2026

Día 15 febrero de 2026. Domingo VI del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Eclesiástico 15,15-20
  • Salmo responsorial  118, 1-2.4-5.17-18.33-34
  • 1 Corintios 2,6-10
  • Mateo 5,17-37


   Aplicándonos las palabras del evangelio de hoy, podemos decir que no somos cristianos por el hecho de cumplir mandamientos, sino que los mandamientos de Dios y de la Iglesia nos ayudan a vivir lo fundamental de nuestra fe; por tanto, no basta con limitarnos a cumplir las normas, sino vivirlas con el espíritu de Jesús,  es decir, fieles al Espíritu de Dios. Por eso, es un mal planteamiento decir: voy a misa el domingo porque así lo manda el primer mandamiento de la Iglesia. Si vamos a misa y no lo hacemos por amor a Dios y a los hermanos que participarán en la celebración, si no lo hacemos con el espíritu de dar gracias a Dios, pedir y recibir el perdón, orar por los demás, escuchar la Palabra de Dios con deseo de cumplirla; si no tenemos todas estas cosas en nuestra mente y corazón, entonces nos pareceremos a los fariseos que cumplían preceptos, pero les faltaba misericordia, perdón, y amor, en definitiva. Jesús nos dice de no ser como los escribas y fariseos, que pensaban que por cumplir muchas normas ya estaban justificados. En definitiva, Jesús nos invita a vivir con más profundidad y autenticidad. Un ejemplo: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: “no matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado”. Y añade poco más adelante: “Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces, cuando te hayas reconciliado, vuelve a presentar tu ofrenda”.

¿Cuál es el espíritu que nos inculca a Jesús? Nos dice que no basta con no matar, sino que este mandamiento implica cuidar al prójimo en los distintos aspectos de la vida, porque también podemos matar con el silencio, con la indiferencia,  con una crítica destructiva, con el chantaje, el acoso y otras vejaciones.

  Está a la vista que la mentira se ha vuelto demasiado habitual en la política, en los negocios, en los medios de comunicación, también en las familias y en las relaciones personales, en las noticias falsas que fácilmente difundimos por mensajes y WhatsApp.

 Jesús insiste que las relaciones serán auténticamente humanas si tienen por fundamento la verdad, y nos invita a decir: sí, cuando es sí, y no, cuando es no. Eso nos hace personas veraces y dignas de confianza. Y termina Jesús diciendo: “Lo que pasa de ahí viene del Maligno”.

 LECTIO DIVINA SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 

 

 

sábado, 7 de febrero de 2026

Día 8 febrero de 2026. Domingo V del Tiempo Ordinario. Jornada de Manos UNidas.

 



LECTURAS

  • Isaías   58,7-10
  • Salmo responsorial111,4-9
  • 1 Corintios 2,1-5
  • Mateo 5,13-16

    Después del sermón de la montaña, o Bienaventuranzas del domingo pasado, Jesús se dirige directamente a los discípulos y, valiéndose de dos metáforas les dice: “Vosotros sois la sal de la tierra…; vosotros sois la luz del mundo”. Con estas dos imágenes de la luz y la sal, los invita a que sus obras sean visibles para los demás, de manera que las personas puedan conocer a Dios a través del testimonio que dan.

   ¿Qué quiere decir ser sal? Todos sabemos que la sal sirve para conservar los alimentos y para dar sabor a la comida. Pues bien, en la vida de familia o en el trabajo diario, en nuestras relaciones con los demás, todos podemos contribuir a dar buen sabor a la existencia y a conservar los buenos valores. La vida de hoy tan sofisticada, tan llena de cosas, tal vez, está necesitada de más alegría y humor, ilusión de vivir,  valoración de las cosas pequeñas. Todo eso es la sal de la vida. Y esto no lo da la inteligencia artificial, ni los robots, ni las máquinas o inventos sofisticados. Somos las personas de carne y hueso quienes debemos poner sal a la vida. En esta forma de ser y hacer encontramos nuestra misión los cristianos. Además, la sal es símbolo de discreción; la sal no se ve, y aparentemente parece que no está, pero hace que los alimentos tengan un sabor más agradable cuando está presente en su justa medida. Así de discreta debería ser nuestra vida como cristianos.

   ¿Qué significa ser “luz del mundo” según la propuesta de Jesús? Significa que debemos vivir de acuerdo con lo que creemos, que no podemos escondernos ni hacernos los remolones ante las necesidades de las personas o en lo que afecta al bien de todos. Si somos conocidos porque vamos a misa, lo propio es que también seamos conocidos porque estamos dispuestos a ayudar, y que los demás estén a gusto estando a nuestro lado, es decir, que las personas, después de hablar o trabajar con nosotros se sientan mejor, más respetadas y valoradas. Eso es ser luz para el mundo. Y si damos luz, debemos tener claro que la fuente de la luz que damos procede de Jesucristo y de su Espíritu que habita en nosotros. Los discípulos de Cristo no tenemos luz propia, nos parecemos más bien a la luna que refleja la luz que recibe del sol. En un cristiano,  ser luz consiste sencillamente en dejar transparentar la acción de Dios en nuestra vida, y eso se debe notar.


LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


sábado, 31 de enero de 2026

Día 1 febrero de 2026. Domingo IV del Tiempo Ordinario.

 

LECTURAS

  • Sofonías 2,3; 3,12-13
  • Salmo responsorial  145, 7-10
  • 1 Corintios 1, 26-31
  • Mateo 5,1-12a

    Las bienaventuranzas que leemos hoy son un resumen condensado del Evangelio, es decir, de la predicación y vida de Jesús. Nos dan el perfil o el autorretrato de Jesús.

     Lo primero que debemos subrayar de las bienaventuranzas es que son un anuncio de felicidad, y una felicidad que no es solo es para la otra vida, sino una felicidad que comienza en esta vida, aquí y ahora. Esto quiere decir que la vida cristiana debe ser vivida con alegría, debe servir para hacernos felices y no para amargarnos. Ya lo dijo Jesús, el mandamiento primero y fundamental es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Por tanto, antes de amar a los demás, tenemos que amarnos a nosotros mismos, porque nunca podremos hacer felices a los otros si antes no lo somos nosotros.

    Mucha gente piensa que la vida cristiana consiste en sacrificarse o sufrir por los demás. Nuestro objetivo en la vida no es sufrir, sino buscar nuestra felicidad y la de todos. El sufrimiento, la incomprensión, la soledad, la marginación, la cruz son cosas que nos encontramos sin buscarlas. Las cruces van llegando cuando menos lo esperamos, pero no es nuestro objetivo, y por eso cuando nos llega una dificultad o cruz, buscamos los medios para vencerla y superarla. Jesús luchaba y se empleaba a fondo para vencer las cruces o sufrimientos de la gente de su tiempo: curando a los enfermos, alentando a los pobres y marginados, perdonando a los pecadores, dando de comer a los hambrientos, anunciando la Buena Nueva del reino de Dios a todos los que querían escuchar.

     Es bueno que nos preguntemos hasta qué punto el seguir a Jesús, nos hace felices, lo cual no quiere decir que el camino de la fe sea un camino de rosas, pero a pesar de todo, debe ser un camino que nos traiga más alegría y paz. Nos lo decía el papa Francisco en su primer gran escrito como Papa; escribía en la Evangelii Gaudium: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

DIA DE LA VIDA CONSAGARDA




viernes, 23 de enero de 2026

Día 25 enero de 2026. Domingo III del Tiempo Ordinario.

 


LECTURAS

  • Isaías 8,23b-9,3
  • Salmo responsorial
  • 1 Corintios 1,10-13
  • Mateo 4,12-23


    Jesús inicia su actividad pública o predicación haciendo suyas las mismas palabras de Juan Bautista: “convertíos porque está cerca el Reino de los cielos”. Esta llamada en boca de Jesús tiene una nueva dimensión porque es la llamada del Mesías, quien invita a la conversión y cuyo horizonte es el Reino de los cielos. El Reino de Dios no es un territorio sino la acción y presencia de Dios entre los hombres y mujeres, y la conversión no significa un cambio superficial en la persona, sino un cambio en la mentalidad y en el corazón. Por tanto, el primer mensaje de Jesús sería: “cambiad vuestra mentalidad porque está cerca el momento en que Dios reinará en el corazón de las personas”. Con Jesús se inaugura y se pone en marcha el reino de Dios.

    ¿Qué quiere decir convertirse? Por lo general, la palabra conversión no nos resulta agradable. Nos hace pensar en algo triste, algo que suena a penitencia. Y, sin embargo, cuando Jesús llama a la conversión, nos quiere hacer entender que Dios solo quiere que nuestra vida sea más humana y feliz.  Pero, si convertirse supone pasarlo mal, ¿a quién le va a interesar la conversión? A nadie. La conversión no debe ser un camino de tristeza, sino el proceso para descubrir y vivir la verdadera alegría, que es descubrir hacia dónde debemos orientar nuestra vida.

    El evangelio de hoy también nos habla de las primeras llamadas de Jesús a sus discípulos. En este caso son dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, pescadores en el lago de Galilea, quienes inmediatamente dejan las redes y le siguen y, a continuación, los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, quienes no solo dejan las redes sino también a su padre.

    Así vemos que Jesús no es un predicador solitario, sino que al mismo tiempo que inicia su misión publica, hace las primeras llamadas y comienza a formarse una comunidad de discípulos en torno a él. Dicha comunidad, que es la Iglesia,  recibirá del mismo Jesús el encargo de continuar la misión que Jesús realiza con sus discípulos. Seguir a Jesús es el objetivo de toda vida cristiana consciente. Su enseñanza y su modo de actuar es el camino para adquirir una nueva mentalidad, la mentalidad y mirada de Jesús, que es la mirada de Dios.

 


sábado, 17 de enero de 2026

18 enero de 2026. Domingo II del Tiempo Ordinario.


 SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNNIDAD DE LOS CRISTIANOS

18-25 ENERO DE 2026



LECTURAS

  • Isaías 49,3.5-6
  • Salmo responsorial
  • 1 Corintios 1,1-3
  • Juan 1,29-34

     La lectura de Isaías nos ayuda a entender la vida y el mensaje de Jesús. Se nos habla de un personaje que es el “siervo de Dios”, enviado no solo a Israel sino a todos los pueblos, como dice el profeta: ”Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Estas palabras evocan a Jesús que hizo de toda su vida servicio a los demás. Y el evangelio, un día más, nos acerca a la figura de Juan el Bautista, el precursor, quien señala la presencia del Cordero de Dios en medio de nosotros, que es Jesús.

     En todas las misas, poco antes de la comunión,  repetimos varias veces la expresión “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo”. Y lo mismo, el sacerdote elevando el pan consagrado y vino consagrados, proclama: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Tales palabras, escuchadas por alguien que no es cristiano, lo más probable es que le resulten extrañas. ¿Qué respuesta daríamos a quien nos lo preguntara?

     El “cordero” es una imagen simbólica muy presente en la Biblia. El mismo Isaías cuando habla del “siervo sufriente de Dios”, dice que es como un “cordero llevado al matadero”, palabras que proféticamente se refieren a Jesús, el Mesías. En la cena pascual de los judíos, el cordero es la base del rito. Los cristianos decimos que Jesús es nuestro Cordero Pascual: él muere en la Cruz al mismo tiempo que los judíos sacrificaban el “Cordero Pascual”; él ocupa el lugar del cordero, porque el mismo Jesús da a su muerte un sentido de perdón y salvación. y así se convierte en el nuevo Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

     El domingo pasado escuchamos,  durante el bautismo de Jesús, una voz procedente del cielo que indicaba quién era Jesús: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Hoy el evangelio nos presenta a Juan Bautista que señala a Jesús y da testimonio de él ante sus discípulos: “Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Con estas palabras Juan da a entender que su bautismo de agua ha pasado ya a un segundo plano, porque el primer plano lo ocupa quien bautiza con Espíritu Santo, y por eso dice. “Miradlo; este es el cordero que quita el pecado del mundo”. A lo largo de los evangelios escuchamos varios testimonios sobre Jesús: la gente decía de Jesús cuando escuchaba su palabra: ”Jamás ha hablado nadie como ese hombre”. Y el centurión romano, en el momento de la muerte de Jesús, proclama: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.

     En el momento presente, los cristianos estamos llamados a ser testigos de la fe en Jesucristo. Nuestro testimonio consiste en que nuestra vida sea coherente con el evangelio, como afirmó el papa san Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan” (EN 41). El testimonio que se nos pide actualmente es más exigente que el que se requería en un pasado no muy lejano, porque entonces toda nuestra cultura estaba impregnada de lo religioso, cosa que ahora no ocurre porque corren diversos vientos, y muchos contrarios al Evangelio y a la iglesia.


LECTIO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

 

 

 

 

sábado, 10 de enero de 2026

Día 11 enero de 2026. Domingo del Bautismo del Señor.

 

LECTURAS

  • Isaías 1,1-4.6-7
  • Salmo responsorial
  • Hechos de los Apóstoles 10, 34-38
  • Mateo 3,13-17

     El bautismo de Jesús señala el comienzo de su vida pública o vida de predicación por tierras de Palestina.  Hasta entonces, desde su infancia hasta los 30 años aproximadamente, Jesús pasó toda su vida con sus padres en Nazaret. Allí era uno más del pueblo: niño con los niños, joven con los jóvenes, adulto con los adultos, y dedicado a la vida de trabajo junto a José, y cuando este falleció, él con su trabajo se gana el sustento para sí y para su madre, María, viviendo como buen judío, cumpliendo según las prescripciones de la ley religiosa de Israel, asistiendo a la sinagoga todos los sábados, celebrando así el día sagrado. Este tiempo es conocido y llamado “vida oculta” de Jesús, porque hace su vida como uno más del pueblo. 

     El bautismo de Jesús no fue como nuestro bautismo cristiano. No era un sacramento. La palabra “bautizar” que procede del griego βαπτίζειν, significa “sumergir”, “hundir”, “mojar”  o “empapar".  Juan Bautista predicaba y llamaba a la conversión, y realizaba un gesto de purificación, consistente en “sumergir en el agua” del río Jordán a aquellas personas que manifestaban su arrepentimiento, indicando así que eran lavados sus pecados.

     El hecho del bautismo de Jesús nos obliga a hacernos dos preguntas: ¿Cómo Jesús  va a bautizarse por Juan, si él es mayor, puesto que es Dios? Y ¿de qué se va a convertir Jesús, si es Hijo de Dios y no tiene pecado?  A estas preguntas responde el texto evangélico, al presentar a Juan Bautista que se resiste a bautizar a Jesús, reconociendo que es él, Juan Bautista, quien debe ser bautizado por Jesús. Y Jesús se deja bautizar como signo de solidaridad con la humanidad pecadora, a la que viene a rescatar de sus pecados.

    El bautismo, marca el inicio de su vida pública que, no será fácil, pero es una vida pública respaldada por Dios, como indican las palabras que se escuchan cuando se abren los cielos: “Este es mi Hijo amado en quien me complazco”.


LECTO DIVINA DE LA PARROQUIA DE SAN IDIDRO DE ALAMANSA

HOJA DOMINCAL DIOCESANA

MISION DIOCESANA


VIGILIA DIOCESANA DE ORACIÓN
Inicio de la Misión Diocesana
Vísperas de la Solemnidad del Bautismo del Señor
21,00h.
S. I. Catedral de Albacete




 


domingo, 4 de enero de 2026

Día 4 enero de 2026. Domingo II de Navidad.

  •  Eclesiástico 24,1-2.8-12
  • Salmo responsorial 
  • Efesios 1,3-6.15-18
  • Juan 1, 1-18

     Vivimos una época en la que acumulamos datos y más datos, buscamos respuestas rápidas, y confundimos a menudo el saber con el ruido, enganchados a los móviles y redes sociales, ausentes para quienes nos rodean. No tenemos más que subir al autobús urbano, y vemos cuántas personas están pendientes del móvil, ausentes de la realidad que los envuelve.

   Pero la sabiduría no se mide por la cantidad de libros leídos, ni es solo un concepto, sino una experiencia. ¡Cuántas personas sencillas y sin estudios encontramos en la vida, que son realmente sabias! 

  Tenemos que preguntarnos qué espacio dejamos en nuestra vida para que la sabiduría de Dios la hagamos nuestra, porque a veces, escuchamos el evangelio, y cuando terminamos de proclamarlo, ya no nos acordamos de lo que hemos escuchado. Seguramente porque hay otras cosas que bullen en nuestra mente, que impiden que entre en nosotros la sabiduría de Dios. Cuando nos decía Juan Bautista en Adviento “preparad el camino al Señor, allanad sus senderos”, era una llamada a abrir nuestro corazón a la Sabiduría de Dios, que es Jesús, el Mesías y Señor, que viene para darnos la vida de Dios, como nos ha dicho san Pablo en la 2ª lectura.

    El Evangelio insiste en que, quien acoge la Palabra que es Jesucristo, está llamado a dejarse transformar por él; esto es ser discípulos de Cristo. Y esto nos debe ayudar a hacer una lectura creyente de la vida y descubrir cómo la Palabra de Dios está presente en medio de nosotros: en nuestras familias, en nuestras calles, en los lugares de encuentro. La Palabra de Dios se hace presente en gestos de cariño hacia el otro, que se muestra en el saludo, en una mirada misericordiosa, en la ayuda a un compañero de trabajo, en la atención a enfermos y ancianos, en el esfuerzo por conseguir un mundo más solidario, más comunitario.

   Los evangelios nos presentan a Jesús como peregrino que recorre pueblos y aldeas, donde encuentra rostros e historias de vida. Él es la Palabra, y con sus gestos da vida a las personas. Pero para reconocerlo hace falta silencio interior, dejar que entre en nuestra vida, y dejarnos acompañar por él, como declaró a sus discípulos la víspera de su muerte: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”.


LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA